Salamanca registra cerca de 4.500 solicitudes para las ayudas al alquiler en una convocatoria de récord para la Junta
A nivel autonómico, se han producido más de 34.000 solicitudes
La provincia de Salamanca se ha situado como uno de los principales focos de demanda tras el cierre de la convocatoria de ayudas al alquiler de 2025, que ha alcanzado un volumen histórico de peticiones en toda la Comunidad.
Según los datos definitivos, Salamanca ha aportado un total de 4.479 expedientes a la montaña de solicitudes que ahora debe gestionar la administración autonómica. De estas peticiones salmantinas, 2.366 se realizaron de forma presencial y 2.143 se tramitaron por vía telemática, situando a la provincia solo por detrás de Valladolid y León en cuanto a número de ciudadanos que buscan acceder a este respaldo económico para sufragar su vivienda.
La Consejería de Medio Ambiente, Vivienda y Ordenación del Territorio se enfrenta ahora a la revisión de más de 34.000 solicitudes en todo el territorio regional, lo que supone un incremento de casi 3.000 expedientes respecto a la edición anterior. Para dar respuesta a esta demanda, la Junta dispone de un presupuesto máximo de 59,5 millones de euros. A pesar de los avances en la digitalización del sistema, el proceso de verificación y subsanación de errores se prolongará durante varios meses antes de que se proceda al pago de las ayudas. Estas subvenciones cubren generalmente el 50 por ciento del alquiler, aunque en el caso de los jóvenes de hasta 35 años la cuantía asciende al 60 por ciento, pudiendo alcanzar el 75 por ciento para personas en situación de especial vulnerabilidad.
Este año la convocatoria ha introducido mejoras significativas para adaptarse al encarecimiento de los alquileres, incrementando los límites de renta máxima subvencionable entre un 7 y un 33 por ciento según el municipio. En los últimos años, el esfuerzo inversor de la Junta ha permitido que miles de familias salmantinas se beneficien de una ayuda media que ronda los 2.500 euros anuales. El programa no solo facilita el acceso a la vivienda para la población con ingresos limitados, sino que mantiene un compromiso firme con la inclusión social al ofrecer soluciones habitacionales inmediatas para colectivos en riesgo extremo, como víctimas de violencia de género o personas sin hogar, consolidando así un modelo de apoyo que busca que ninguna solicitud que cumpla los requisitos se quede sin cobertura económica.
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