La sangría de autónomos amenaza la vida en los pueblos de Salamanca y Castilla y León

La provincia de Salamanca registra 126,9 autónomos por cada 1.000 habitantes, reflejo de su realidad rural

Manifestación de Autónomos por el 30N
Manifestación de Autónomos por el 30N | Mateo G.J.

Los pequeños negocios y los trabajadores por cuenta propia son un auténtico dique de contención contra la despoblación en el medio rural, pero la situación del colectivo es cada vez más crítica en Castilla y León. Solo el año pasado, la Comunidad perdió 1.404 autónomos, y en la última década el sector ha dejado de contar con alrededor de 20.000 efectivos, una sangría que amenaza con vaciar pueblos y reducir la vida en los núcleos rurales.

Castilla y León se sitúa a la cabeza de la pérdida de autónomos en España, aunque sigue siendo la segunda autonomía, por detrás de Galicia, con mayor número de trabajadores por cuenta ajena por población activa. Según los datos del Ministerio de Trabajo y Economía Social, la Comunidad cerró 2025 con 182.206 trabajadores por cuenta ajena, lo que representa 124,7 autónomos por cada 1.000 habitantes de 16 a 64 años, muy por encima de la media nacional (108,2). En Salamanca, esta cifra se sitúa en 126,9 autónomos por cada 1.000 habitantes, reflejo de la realidad rural y dispersa de la provincia.

La presidenta de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) en Castilla y León, Leticia Mingueza, advierte de que la falta de relevo generacional y el envejecimiento del colectivo, con más del 66% de autónomos mayores de 45 años y casi el 36% por encima de 55 años, ponen en riesgo la supervivencia de los negocios y, con ello, la continuidad de los servicios en los pueblos. “Cada día que se pierde un autónomo, la sangría avanza y con ella la despoblación”, afirma Mingueza, que reclama medidas urgentes para facilitar el emprendimiento, mejorar la conectividad rural y fomentar el autoempleo femenino, ya que cuando una mujer abre un negocio, “la familia se queda en el pueblo”.

La falta de jóvenes que quieran asumir negocios heredados y la percepción de que emprender es “una locura llena de dificultades” agravan la situación. Por ello, Mingueza insiste en la necesidad de educar desde edades tempranas, con autónomos que acudan a colegios, institutos, formación profesional y universidades para inspirar a la próxima generación.

En Salamanca, como en el resto de la Comunidad, la resiliencia de los negocios es notable: 30.771 empresas tienen entre cinco y diez años, 55.491 entre diez y 20 años, y 44.206 superan los 20 años de actividad. Sin embargo, muchos de estos negocios podrían desaparecer por jubilación de sus titulares si no hay relevo generacional.

Finalmente, Mingueza alerta de que los altos costes laborales, la presión fiscal y la inseguridad jurídica dificultan la contratación y frenan la expansión del tejido empresarial. En Salamanca y el medio rural de Castilla y León, el trabajo autónomo sigue siendo fundamental para mantener servicios, fijar población y frenar la despoblación, pero requiere atención urgente de las administraciones.

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