“Que esto siga aquí tirado es una vergüenza”

Muchos vecinos aún no entienden cómo un mes después de que la explosión llenara espacio en los medios de comunicación apenas nada ha cambiado. Los cascotes siguen llenando una calle cortada al tráfico e, incluso, a los viandantes les obligan a rodear los edificios para no atravesar este espacio, aunque ellos mismos han abierto un camino para no perder tanto tiempo
 

 “Que esto siga aquí tirado es una vergüenza”
“Que esto siga aquí tirado es una vergüenza”

Todos los vecinos de la zona de la plaza del Barrio Vidal vivieron con miedo aquel estruendo sobre las 17 horas del 21 de diciembre. Algunos pensaron que era un atentado, ante las noticias en Telediarios sobre las matanzas en Estambul y Berlín pocos días antes. Otros, más lejanos a la zona, no repararon en ello y sí en las fechas en las que nos encontrábamos. “Ya están estos jóvenes tirando petardos”, nos comentaba alguno de estos vecinos.

Los curiosos se agolparon entonces alrededor de un hecho inusual en Salamanca. Finalmente fueron unas bombonas de propano las causantes de una explosión que, con suerte, no dejó víctimas mortales. Un mes después, estos curiosos siguen asomándose a una zona en la que sigue respirándose parte de lo que pasó. 

El ruido de las sirenas de aquel día y aquel bullicio ha dado paso a la más absoluta tranquilidad. El edificio sigue en pie esperando una solución definitiva después de que los técnicos municipales ya lo declararan en ruina y ‘ordenaran’ su demolición. A través de las ventanas y orificios surgidos tras la explosión se pueden ver las grietas en las paredes y techos que quedan en pie. Desde el edificio de enfrente, incluso, se llegan a ver las escaleras de la comunidad, también en un deplorable estado. 

No cabe duda de que el edificio es inhabitable pero mientras llega esa solución ya dada, los vecinos de la zona se siguen quejando de lo que siguen viendo cada día que hacen sus recados. Los cascotes siguen siendo protagonistas en la calle Príncipe, justo a la puerta del mismo edificio. Los cristales también lo son en la zona de la plaza. Todo está más recogido pero la zona no es que sea inhabitable, también es intransitable. 

“Esto es una vergüenza”, repiten. “No se entiende que un mes después sigan todos los restos en la calle”. Algunos de ellos, incluso, aseguran que les han dicho que esta misma semana pasada se iba a derruir el edificio, causa probable de no haber retirado los cascotes. Sin embargo, esta ya ha pasado y todo sigue prácticamente igual. 

No es idéntico porque sí faltan algunas cosas y se han incluido otras. De lo primero, algo de chapa y metal, que probablemente se haya llevado alguien, y de lo segundo, unas nuevas contraventanas o un par de postes de madera por el que corren los cables de la luz. Lo que no cambia son las vallas y los precintos. 

Estos últimos, de hecho, han robado buena parte de la transitoriedad de la zona. Por de pronto, llama la atención la cantidad de aparcamientos que no se pueden aprovechar todavía pero, incluso, según una vecina de los edificios de enfrente, el propio paso de personas está prohibido. Eso sí, antes que rodear los edificios, estos sortean las vallas. “Si se cae el edificio cuando saco el coche del garaje me va a caer encima igual. No tiene sentido”.  

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