Tres peligros que tienes que evitar en la playa para conservar tu salud en verano

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Mujer en la playa con la mascarilla en la mano
Mujer en la playa con la mascarilla en la mano

Cerca del 40 por ciento de los españoles tiene previsto pasar unos días en la costa durante julio y agosto. Se trata de pasarlo bien, divertirse y disfrutar de unos días de relax. Por eso conviene adoptar ciertas precauciones ante costumbres muy extendidas entre la población, que entrañan riesgos.

Al respecto, el Colegio Profesional de Fisioterapeutas de la Comunidad de Madrid (CPFCM) ofrece tres recomendaciones básicas, con el objetivo de que la estancia en la playa sea saludable y placentera:

1.Evita las zambullidas imprudentes: Un accidente en el agua puede provocar una lesión medular o un traumatismo craneoencefálico. Hay que extremar las medidas de precaución, especialmente con los niños. Las zambullidas en playas, piscinas, ríos y pantanos son mucho más peligrosas de lo que pensamos. En España se producen entre 800 y 1.000 lesiones medulares al año. Cerca del 4 por ciento de ellas están producidas por esta imprudencia, una de las primeras causas, junto a las caídas y los accidentes de tráfico.

Por eso, jamás tienes que tirarte al agua en zonas en las que desconozcas su profundidad o donde haya podido variar, como ocurre muchas veces en ríos y pantanos. Hay que entrar con cuidado y de forma progresiva, caminando. En cualquier caso, los fisioterapeutas madrileños desaconsejan lanzarse desde trampolines o rocas si no se cuenta con una preparación previa adecuada. En segundo lugar, hay que saltar al agua con los brazos extendidos, para que protejan la cabeza y el cuello.

2. No corras descalzo. El CPFCM anima a toda la población a desarrollar actividad física o deporte durante sus vacaciones, en función de su estado, y a mantener ese hábito el resto del año.

Sin embargo, aunque es una práctica muy común, correr descalzo sobre la arena puede sobrecargar el tendón de Aquiles y disparar la probabilidad de sufrir fascitis plantar. Incluso, realizar caminatas durante varios kilómetros por la arena sin el calzado adecuado cada día también puede tener consecuencias desagradables.

"No es saludable romper hábitos de un día para otro. Hay que realizar una adaptación progresiva. Vamos calzados con zapatos cerca de diez meses al año y de repente pasamos a ir en chanclas gran parte del tiempo en verano. El pie se resiente; mucho más si lo sometes a rutinas exigentes a diario", explica Montserrat Ruiz-Olivares, fisioterapeuta y secretaria general del CPFCM.

Ese cambio no tiene las mismas consecuencias en los niños, con un pie flexible aún, que en adultos, con un pie rígido; estos últimos, padecen frecuentes problemas en verano. De hecho, en septiembre aumentan de forma exponencial las consultas de problemas relacionados con el pie como fascitis en las clínicas de fisioterapia y podología.

El correr descalzos a la orilla del mar tiene más impacto sobre el sistema musculoesquelético que si se hiciera por el campo, debido al bajo nivel de compactación de la arena de playa. Por otro lado, dado que es un terreno irregular, correr descalzo en la arena implica el riesgo de sufrir problemas lumbares, esguinces, periostitis tibial (dolor en la parte interna de la tibia) o fracturas por sobrecarga.

Añade que las playas, generalmente, tienen peralte, de manera que una de tus piernas tendrá que realizar más esfuerzo que la otra debido a esa inclinación del terreno. Y que muchas veces hay conchas o piedras en la orilla, lo que incrementa la posibilidad de que sufras heridas al correr descalzo.

Por eso debes mantener el principio de progresión y elegir un terreno adecuado si piensas dedicar al 'running' una parte de tus vacaciones, usando siempre un calzado adecuado. También, es aconsejable que no camines con chanclas todo el rato y alternes con otro tipo de calzado que te sujete el pie (zapatos o deportivas).

3. Masajes callejeros. Otra costumbre extendida durante las vacaciones es la de acudir a masajes callejeros en playas o en ciudades. Desde el CPFCM recuerdan que esta práctica tiene dos riesgos importantes:

- Patologías. Si tienes un problema de salud debes acudir a un profesional sanitario, que cuenta con la formación y con las instalaciones necesarias para tratarlo. Si sufres una patología y acudes a un masajista callejero, sin la preparación debida, corres el riesgo de empeorar tu dolencia.

- Higiene. Solo debes acudir a lugares que guarden las condiciones mínimas de higiene: que tengan lavamanos, que el masajista limpie los aparatos y superficies de su instalación entre clientes, etc. Si no, es probable que pueda contagiar hongos, herpes, etc. de una persona a la siguiente. Este problema se incrementa con la COVID-19.

Y cumple las recomendaciones sanitarias y mantén la distancia de seguridad en todo momento, para evitar el contagio y propagación del coronavirus, aunque tengas la pauta completa de vacunación.

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