La Unidad Canina de la Policía Local entra en las aulas de los colegios de Salamanca para educar sobre los peligros en la sociedad actual

Drogas, acoso escolar y redes sociales, entre otros contenidos, en una sesión adaptada a la edad de los alumnos presentes

'Semillas de Conciencia' en el Colegio Calasanz
'Semillas de Conciencia' en el Colegio Calasanz

Miguel y Aarón saben que, en la calle, el uniforme a veces genera una barrera que no siempre es fácil de romper. Por eso, cada martes, estos dos agentes de la Unidad Canina de la Policía Local de Salamanca cambian el patrullaje por las aulas. Su misión es clara, hablar de drogas, de acoso y de esos peligros invisibles que se esconden tras la pantalla de una tablet. Lo hacen sin rodeos, adaptando el discurso para que un niño de seis años entienda la importancia de cuidar a su perro, y uno de doce comprenda que el consumo de sustancias no es un juego.

Este proyecto, bautizado como 'Semillas de conciencia', ha dejado de ser una actividad esporádica para convertirse en una cita fija en el calendario escolar. Antes, Miguel y Aarón acudían a los centros solo cuando algún profesor se lo pedía por iniciativa propia. "Íbamos un poco a demanda", explica Miguel. Sin embargo, este año han dado el salto profesional de la mano de la Fundación Ciudad de Saberes, integrándose en su programa oficial. Ahora, cualquier colegio de Salamanca puede solicitar su visita, para una jornada que marca la mañana de los más pequeños.

Una mañana en el colegio Calasanz

Para entender el impacto de esta iniciativa, hemos compartido una jornada con ellos en el colegio Calasanz, viendo de cerca cómo se ganan la atención de un patio lleno de alumnos. La conexión es inmediata. Desde el primer minuto, los jóvenes observan todo al detalle mientras ven cómo Miguel y Aarón preparan el material y los perros esperan impacientes su turno para entrar en acción.

Los perros como los mejores aliados pedagógicos

La clave del éxito está en Byron, un pastor alemán de dos años y medio, y Rita, la veterana del equipo que a sus diez años sigue siendo el imán perfecto para los alumnos. Los agentes lo tienen claro y es que el perro es el que rompe el hielo. "Es lo que más visual resulta del trabajo policial y lo que más engancha a los niños", confiesan los policías.

A través de la interacción con la Unidad Canina, lo que podría ser una charla aburrida se convierte en una experiencia que se queda grabada. Los alumnos no solo ven cómo trabajan los perros en la detección de estupefacientes si no que aprenden también sobre el adiestramiento y, sobre todo, sobre la tenencia responsable de tener animales.

Desde las redes sociales pasando por las drogas hasta el respeto por el patrimonio

El temario de estas mañanas de martes es muy variado. Miguel y Aarón se enfrentan a las preguntas de niños de entre 6 y 12 años, un abanico de edades que les obliga a medir muy bien cada palabra. En estas charlas se abordan sin rodeos los peligros digitales, poniendo el foco en la adicción al móvil o a los videojuegos y en el riesgo real de encerrarse en una habitación a hablar con desconocidos, porque como bien advierten los agentes, “los chavales suelen creer que están interactuando con alguien de su edad cuando al otro lado puede haber un adulto con intenciones muy distintas”.

Sin duda, el punto más delicado llega con la prevención de drogas, donde los policías reconocen la dificultad de hablar de sustancias a niños tan pequeños sin resultar agresivos. Sin embargo, al comprobar que el consumo empieza cada vez antes, han decidido abordar el tema desde la salud y la legalidad para ayudar a romper esos tabúes que a veces, por miedo o desconocimiento, no se saben gestionar en casa.

Con el mismo tono directo hablan de civismo y vandalismo en una ciudad como Salamanca, haciendo hincapié en cómo las pintadas o los grafitis estropean un entorno que es de todos. Les explican que actos como romper el mobiliario, los vertidos ilegales o dejar escombros es, en el fondo, hacerse daño a ellos mismos, bajo la premisa de que, si se conciencia a alguien desde pequeño, de mayor no le costará nada respetar su ciudad. Además, aprovechan el encuentro para introducir nociones de seguridad vial, una competencia específica de la Policía Local que consideran vital para su día a día.

Para que el mensaje cale, Miguel y Aarón huyen del monólogo aburrido. Utilizan pequeños juegos para mantener a los alumnos enganchados y atentos, haciéndoles partícipes en todo momento. Les preguntan y escuchan sus ocurrencias con el objetivo de que se sientan cercanos a ellos.

En cuanto al alcance de la iniciativa, las cifras hablan por sí solas. Desde que arrancaron en octubre, el programa se ajusta al calendario escolar y termina a finales de mayo para evitar los periodos de reducción horaria de junio, Miguel y Aarón han mantenido un ritmo constante de visitas a tres o cuatro colegios cada mes. Con una media de entre 50 y 75 alumnos por sesión, calculan que al finalizar el curso habrán pasado por las aulas de casi un millar de niños salmantinos.

El broche de oro de estas mañanas lo pone siempre la Unidad Canina de la Policía Local de Salamanca, compuesta actualmente por tres pastores alemanes, dos de ellos especialistas en la detección de drogas.

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