La Unidad del Hospital de Salamanca que hace que los enfermos terminales “estén bien independientemente del lugar en el que se encuentren”

La Unidad de Cuidados Paliativos atiende a cerca de 1.000 pacientes al año, tanto ingresados como en sus domicilios, y es Centro de Referencia en Castilla y León. No sólo tratan a enfermos, sino también a sus familiares de una forma multidisciplinar

Hospital de Los Montalvos, donde se encuentra la Unidad de Paliativos
Hospital de Los Montalvos, donde se encuentra la Unidad de Paliativos

El Hospital de Los Montalvos es, desde hace más de 20 años, el centro de referencia del sistema sanitario de Castilla y León encargado de hacer más fácil los últimos días de los pacientes terminales. Y es que en 1998 nacía la Unidad de Cuidados Paliativos, si bien desde 1993 la Unidad del Dolor ya se encargaba de atender a enfermos paliativos.

Tal y como explica el jefe del Servicio, Francisco Vara, a SALAMANCA24HORAS, como el resto de las de Castilla y León, se creó “como respuesta a una necesidad”. Y es que de repente se dieron cuenta de que la población de la Comunidad estaba envejeciendo “y que tenían más posibilidades de padecer enfermedades crónicas evolutivas, en las que los tratamientos activos no aportan ya beneficios”.

Estas enfermedades crónicas tienen en común la aparición de múltiples síntomas “muy intensos y cambiantes, con un gran impacto emocional en el paciente y su familia”, lo que obliga a que acudan con mayor frecuencia al Hospital a pasar temporadas más largas pese a que sus necesidades no son cubiertas al completo.

Así nació la Unidad de Cuidados Paliativos, para proporcionar un tipo especial de cuidados “diseñados para facilitar, bienestar o confort y soporte a los pacientes -y a sus familias. que padecen una enfermedad potencialmente mortal, mediante la prevención y el alivio del sufrimiento, de tal manera que estén conscientes y libres de dolor, con los síntomas bajo control, en el lugar más adecuado en cada momento de su enfermedad”, como especifica Francisco Vara.

El ser centro de referencia no significa que atiendan a pacientes de toda Castilla y León -que también puede ocurrir-, sino que como matiza el doctor Vara, es el centro que se encarga de la formación, la asistencia y la investigación a los enfermos terminales de toda la Comunidad.

Además, desde 2008, gracias a la Obra Social de la Fundación La Caixa y después de que en el Servicio se dieran cuenta de lo poco que se cuidaba de los aspectos psicológicos, sociales y espirituales de los enfermos, se incorporó a profesionales que han permitido desarrollar un “programa de atención integral” a personas con enfermedades avanzadas que atiende al paciente y a sus familias no sólo en el Hospital, sino también en los domicilios. “La experiencia fue tan eficaz que replicamos el modelo en Valladolid, Zamora y Ávila, y el año pasado asumimos también el equipo de atención integral de Burgos”, detalla el jefe del Servicio, recordando que todos estos profesionales se forman en Salamanca, desde donde están coordinados.

Atención a 1.000 enfermos pero con casi una tercera parte de potenciales pacientes “a los que no les llegan los recursos”

Si en 1999 atendieron a 100 pacientes, en 2018 la Unidad de Paliativos trató a 1.000 personas. Desde entonces las cifras se han estabilizado, pero según cálculos del doctor Vara hay cerca de 500 potenciales pacientes “a los que no les llegan los recursos”. Cubrir ese 100% de la necesidad es la intención del jefe del Servicio y de todo su equipo.

Unos recursos multidisciplinares, puesto que la atención al paciente se ofrece desde los celadores hasta los médicos pasando por técnicos de enfermería, enfermeras, psicólogos… y hasta musicoterapeutas.

“Tratamos los síntomas de la enfermedad, pero sobre todo nos ocupamos del enfermo y de todo lo que le preocupa”, prosigue el doctor Vara, que recalca que “trabajamos como un equipo de verdad, con un objetivo común, y estamos muy unidos para conseguirlo”. Una unidad que era “muy difícil de conseguir” pero que, con el esfuerzo de todos, “lo hemos logrado”.

Todo este equipo hace más fácil la estancia del paciente en el Hospital, pero también en sus domicilios. Porque sólo los enfermos agudos con crisis “que desbordan la capacidad de atención de los equipos de Atención Primaria” ingresan -normalmente, durante unos siete u ocho días de media-. El resto del tiempo permanecen en sus domicilios, donde son atendidos en colaboración por la Unidad de Cuidados Paliativos y por profesionales de la Atención Primaria, “que son el pilar fundamental te la atención paliativa”, como destaca el doctor Vara.

No sólo se ayuda a los enfermos, además. También a los familiares, porque su impacto emocional “es tan importante como el del paciente”. Se antoja entonces fundamental atender a la familia, apoyarla y controlar el sufrimiento emocional -también en el duelo-, además de motivarles para que colaboren en el cuidado.

Porque, aunque el concepto de cuidados paliativos “ha ido evolucionando para adaptarse a los cambios sociosanitarios” -el 3,5% de la población padece una enfermedad crónica compleja con una esperanza de vida de entre 3 y 5 años y necesidades paliativas no cubiertas, y el 1,5% de la población padece condiciones crónicas avanzada y un pronóstico de vida menor de dos años, según enumera el doctor Vara-, la amplia mayoría de pacientes que terminan en la Unidad son terminales.

“Casi todos conocen el diagnóstico, pero no el pronóstico”, explica el jefe del Servicio, quien reconoce la dificultad de comunicar a los pacientes lo que les va a ocurrir. “Es importante transmitir la idea de que siempre hay algo que hacer, que siempre vamos a estar disponibles y mantener la esperanza”. Esto, en ocasiones, les provoca llevarse alguna herida (moral) para casa, ya que todos los trabajadores están en contacto "con el sufrimiento humano", aunque eso se logra superar "con la satisfacción de ver la evolución de los pacientes, y con el apoyo del resto del equipo".

De hecho, y pese a que la idea “generalmente extendida” es que los pacientes que van a Cuidados Paliativos no tienen ni esperanzas de curación ni apenas de vida, lo cierto es que la intervención precoz de los equipos permite mejorar el bienestar del paciente y de sus familiares durante todo el curso de la enfermedad “e incluso aumenta la supervivencia”.

Otra idea extendida es que solo se atiende a pacientes con cáncer, pero en la Unidad, progresivamente, se han ido adaptando a otro tipo de enfermedades crónicas con síntomas complejos como son la insuficiencia de órganos, las enfermedades neurológicas y las demencias, entre otras.

Además, desde julio, liderado por la Gerencia de Servicios Sociales, han puesto en marcha, como experiencia piloto en Salamanca, el proyecto INTECUM, que pretende agilizar las prestaciones sociales de los enfermos en programa de cuidados paliativos, proporcionándoles adaptaciones del hogar, apoyo de cuidadores con un tiempo de respuesta de 48 horas.

Más que afectados por el COVID-19 pero siendo uno de los servicios más valorados del Hospital

Pese a que el coronavirus afectó a todo el mundo, la Unidad de Cuidados Paliativos se vio golpeada ya que más de la mitad de la plantilla se puso enferma, según recuerda el doctor Vara. Además, tuvieron que ceder tanto espacios como profesionales para atender a enfermos de COVID-19 porque era “lo más urgente”.

El coronavirus nos afectó a todos. El primer mes con mucha incertidumbre no conocíamos a que nos enfrentábamos y además la mitad de la plantilla se puso enferma. El hospital se puso patas arriba y hubo que ceder espacios y profesionales para atender a lo más urgente, que era la pandemia.

“Todos teníamos miedo, porque la situación nos desbordaba… pero el trabajo en equipo fue fundamental para superarla, así como también el apoyo tan profesional que nos prestaban nuestros compañeros del EAPS (Equipo de Atención Psicosocial) de la Fundación La Caixa, hizo que nos mantuviéramos operativos”, explica con orgullo el jefe del Servicio.

Cierto es, eso sí, que la ocupación hospitalaria disminuyó porque los pacientes preferían quedarse en casa “por temor, no sólo al contagio sino a no poder estar con los suyos”, lo que provocó que se aumentara la atención domiciliaria tanto presencial como telemática. Y, además, se reforzó la atención a los pacientes que no tienen a nadie, “porque si algo ha puesto de manifiesto esta pandemia, a parte de nuestra fragilidad, es la epidemia de soledad a la que nos enfrentamos”.

Todo este trabajo provoca que la Unidad de Cuidados Paliativos sea una de las más valoradas del Hospital. El doctor Vara agradece todo esto pero al mismo tiempo le resta importancia porque “hacemos lo que tenemos que hacer”, señala que probablemente sea por la filosofía del trabajo, por “una manera de hacer las cosas que los pacientes perciben como distinta”. Igualmente, advierte que también reciben críticas “que nos hacen reflexionar y nos sirven para mejorar más que las alabanzas”.

Por último, el jefe del Servicio destaca que Salamanca “cuenta con una de las unidades más completas en el ámbito de los Cuidados Paliativos” puesto que disponen de atención domiciliaria tanto rural como urbana, todos los días del año y todas las horas del día. “Esto es lo que llamamos continuidad de la atención: que el enfermo se encuentre bien independientemente del lugar en que se encuentre”.

No obstante, sí que le gustaría disponer, por la dispersión de la población, de un tercer equipo de soporte domiciliario para así extender la cobertura. Esto permitiría alcanzar, quizá, al 100% de sus potenciales pacientes, para que así nadie tenga que sufrir lo insufrible.

“En la Unidad tenemos algunas peticiones de eutanasia; casi todas, al ingresar en el programa”

Recientemente se aprobó la Ley de la Eutanasia, y el doctor Francisco Vara fue propuesto para la Comisión de Garantía sobre las peticiones en Castilla y León. El jefe de la Unidad de Cuidados Paliativos reconoce que sí que tienen “algunas peticiones de eutanasia, casi todas al ingresar en el programa”, pero matiza pasado un tiempo con ellos “vuelven a valorar la importancia de la vida”, y cree que “si no existen los recursos suficientes para solucionar sus problemas, los pacientes no tienen todas las opciones necesarias para poder elegir libremente”.

El doctor Vara también admite que “su condición de cristiano” le dicta manifestarse en contra de la eutanasia, como siempre ha hecho, “y nunca lo voy a negar”. Entre su defensa de la vida, señala que la eutanasia no es un acto médico “pues no proviene de un diagnóstico ni de una indicación médica”, pero asegura que una vez aprobada la ley su deber es “respetarla”.

“Puede resultar paradójico, pero se puede estar en contra de la eutanasia y cumplir la ley”, afirma. Y sobre si hay personas que acuden a su Unidad a las que le pueda ayudar esta Ley, el doctor cree que “los cuidados paliativos no siempre pueden aliviar el sufrimiento, y en esos casos, legalmente, la eutanasia puede ser una alternativa”, aunque recalca que su postura personal es “que no se tenga que llegar a ese punto”.

Respecto a si pensó en renunciar a formar parte de ese Comité de Garantía -fue propuesto por el Consejo General del Colegio de Médicos de Castilla y León-, el doctor apunta que, aunque le costó aceptar, tiene “muy clara cuál es mi misión”, al igual que el resto de compañeros “sea cual sea su pensamiento”, que no es otra que “asegurar que toda prestación de ayuda a morir que se practique en nuestra región cumpla con todos los supuestos y requisitos que se recogen en la misma”.

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