"Venimos cada año porque siempre los protege": la bendición de San Antón reúne a decenas de mascotas en el campo de San Francisco
Este, se trata de uno de los actos más significativos de la religiosidad popular cristiana, una tradición que busca rendir homenaje a los animales que acompañan la vida de muchas personas
Como marca la tradición, la bendición de San Antón se ha celebrado este mediodía, a las 12:00 horas, ante la escultura de San Francisco de Asís en el Campo de San Francisco de Salamanca capital, en un acto que volvió a congregar a numerosos vecinos junto a sus animales de compañía.
La ceremonia fue oficiada por el padre Mario García, viceguardián del convento de los Capuchinos, quien asumió la celebración debido a la indisposición del padre Domingo Montero, encargado habitual de este rito.
Este, se trata de uno de los actos más significativos de la religiosidad popular cristiana, que busca rendir homenaje a los animales que acompañan la vida de muchas personas, especialmente de quienes viven en soledad. Año tras año, numerosos vecinos acuden con sus mascotas para pedir protección y bienestar para sus fieles compañeros.
Entre los asistentes se encontraba Sugus, un bichón maltés que está a punto de cumplir cinco años y que acudía por primera vez a la bendición. Su dueño ha explicado que en casa siempre han tenido animales, desde tortugas hasta hámsters, y que todos han pasado por este rito. “Somos muy amigos de los animales y muy devotos de San Francisco de Asís, y queremos también la bendición para ellos”, ha declarado a Salamanca24horas.
También repitieron experiencia los propietarios de Nobita y Lobito, una pareja de gatos que acudía por segundo año consecutivo. Aseguran que la bendición les ha traído tranquilidad tras un año complicado, lo que consideran una señal de la protección de San Antón.
Ambos animales fueron encontrados abandonados cuando eran muy pequeños y fueron alimentados con biberón hasta lograr salir adelante.
Historias como estas se han sucedido a lo largo de la mañana, entre correas, transportines y maullidos impacientes, en una jornada donde la fe, el cariño por los animales y la tradición volvieron a caminar de la mano.
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