La vida después de un trasplante; la vida con libertad

Tres trasplantados charros relatan a SALAMANCA24HORAS cómo es el día a día después de recibir un órgano de otra persona.

 Alcer
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El trasplante de riñón es el más habitual en España. En Salamanca ya se han realizado dos en lo que va de 2019. La vida antes y después de recibir un órgano de otra persona es muy diferente.

Lo cuenta Francisco Hernández, que en 1982 pasó por un trasplante renal: “Empecé el tratamiento con diálisis en 1973. Era muy distinto a la actualidad, ya que las sesiones duraban ocho horas y las máquinas no eran iguales que las de ahora. La ilusión, por aquel entonces, se basaaba en acceder a un trasplante algún día, por lo que padecer una enfermedad renal implicaba tener muchas posibilidades de morir. Yo era muy joven y decidí ser un poco temerario y vivir rápido por lo que pudiera pasar. Era el segundo de doce hermanos y no podía derrumbarme, sino ser un ejemplo para ellos. De hecho, el riñón me lo donó una hermana viva. Si entonces me hubieran dicho que me harían un trasplante, que podría trabajar y luego disfrutar de la jubilación, no me lo hubiera creído”.

Hernández lo explica llevando su mente al pasado, la que le recuerda que en 2001 tuvo que volver a recibir un riñón ajeno cinco años después de recaer. El empleo en una copistería le ayudó a pensar lo menos posible en ello. “El oficio me vino bien psicológicamente y me demostró que con diálisis se puede sobrevivir y, con un trasplante, vivir con libertad, pues no se necesita estar pegado a una máquina”, relata. ‘Paco’, como le llaman en la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (Alcer) de Salamanca, de la que es socio junto a 275 personas más, resume su vida anterior y posterior a los trasplantes con una frase de seis palabras: “La vida me dio otra oportunidad”.

“Lo bueno es que no te mueres”, añade Juan Carlos Sánchez, también asociado a Alcer y trasplantado de riñón dos veces. “En mi caso, lo pasé mal y la psicóloga de la asociación me ayudó porque es poco apetecible ir cada dos días a una sesión de diálisis de cuatro horas. Me mareaba y me encerraba en casa. Estuve año y medio con diálisis y el primer trasplante falló a las 48 horas”, detalla Sánchez. La enfermedad la heredó de su progenitora, como su hermano: “Con 30 años (ahora tiene 52) tuve un cólico y me enteré de que tenía un riñón poliquístico que estaba dispuesto a donar a mi madre. Es duro porque tengo tíos y primos que también padecen esta dolencia que me obligó a dejar mi trabajo en una oficina”.

Cuando hace cuatro años volvió a pasar por otro trasplante, se valió de la experiencia anterior para afrontar el proceso: “Me di cuenta de que no era para tanto y aprendí que viajar es gratificante porque cambias de aires y conoces más personal médico”. Ese pensamiento de que los viajes son buenos lo trasladó a Alcer, que todos los años organiza unas vacaciones conjuntas para sus asociados y allegados, ya que Juan Carlos tiene claro que “los familiares pueden sufrir más que el paciente, que es egocéntrico y se centra en su problema”. Por eso, intenta que todos los enfermos renales sepan que después de un trasplante “todo es positivo”.

“Empiezas mal, pero después de la primera diálisis vas mejorando. Y cuando llega el trasplante… ¡es como recibir energía en el cuerpo!”, exclama Miriam Sánchez, que con 21 años dejó de estudiar Filología para centrarse en su recuperación. Ella también ha pasado por dos trasplantes de riñón: en 1989 y en 2004. “Para mí, tener que ir a diálisis supuso un punto de inflexión, ya que pasé de estar sana a cambiar de vida, lo cual me volvió a suceder, para bien, con los trasplantes. Gracias a ellos, recuperé el 90% de la fuerza que tenía antes de enfermar”, sostiene.

Para normalizar la situación, Sánchez llamó 'Manolín' a su nuevo riñón durante un tiempo: “Me ayudaba a entender el proceso por el que estaba pasando. Que alguien done un órgano y que seas tú quien lo recibe es una experiencia asombrosa. Ahora aprecio detalles que previamente pasaban inadvertidos porque las posibilidades que te ofrece un trasplante son inmensas. Y más después de estar mal, ya que cuando tu cuerpo rechaza un riñón externo, como me ocurrió a mí, tener que reiniciar el proceso resulta complicado”. Como Francisco y Juan Carlos, Miriam pertenece a Alcer y encuentra respaldo en ella. “El órgano puede volver a fallar, pero sé que me puedo agarrar a la asociación, que me lleva en volandas”.

Miriam Sánchez terminó la carrera pendiente y empezó otra tras ser trasplantada. Su experiencia sirve de modelo a quienes están afrontando lo que a ella le tocó superar. Su recomendación para ellos es que compartan lo que les ocurra con quienes lo han vivido o lo están viviendo y que agradezcan siempre a los donantes su gesto generoso: “El trasplante es un regalo muy grande que te aporta amor a la vida”.

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