​VÍDEO-REPORTAJE | Las calles del Silencio: La estremecedora estampa de Salamanca en cuarentena



Un recorrido por algunas de las emblemáticas calles de la capital que debido al estado de cuarentena presentan una sonoridad y una imagen para la historia 

 Las calles del Silencio: La estremecedora estampa de Salamanca en cuarentena
Las calles del Silencio: La estremecedora estampa de Salamanca en cuarentena

‘Clin, clin, clin’, suenan a lo lejos botellas de vidrio rompiendo contra el contenido de un contenedor, perturbando el silencio de una Plaza Mayor ausente de vida. Sigue siendo preciosa, sí, con sus luces, su inmensidad y su historia; pero dentro falta algo, no es la misma, está carente de su magia, la de las personas que la hacen suya con la primera pisada, porque hoy la gobierna el silencio.

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A veces, ese silencio se rompe con las pisadas de alguien que vuelve del trabajo, afortunados que pueden seguir cruzando su plaza, nuestra plaza. Esa que ha presenciado tantas vidas, tantas historias, tantos años.

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En cualquier dirección y a pocos metros de ellas, bares ¡Qué lugares!, como diría Urrutia, tan gratos para conversar y ahora tan fríos con sus carteles colgados de “cerramos y no sabemos cuándo volveremos”. No hay calor del amor en un bar, ni en las calles; solo silencio interrumpido por la música que sale desde alguna ventana o una conversación de balcón ¡Ah! Y por el sonido de algún camión de la basura, de limpieza, de un coche de policía, un autobús, un taxi o un repartidor, en furgón o en moto, ¡Qué paradoja esta de la enfermedad! Que son aquellos trabajadores muchas veces más ninguneados los que están sacando de manera anónima este país adelante. Curioso, es el sonido de las motos de los repartidores, el estruendo que con mayor frecuencia rompe la armonía del silencio salmantino.

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De un monumento a otro, así caminamos en este vídeo. Al llegar a ellos no nos damos cuenta de lo afortunados que somos al poder contemplar su inmensidad sin nadie más. Quizá en otra ocasión lo hubiéramos disfrutado, pero es que el silencio que reina en ellos impone respeto y nos recuerda porque tenemos ese privilegio de verlos solos, y nos pone tristes, porque ojalá no hubiera la posibilidad de tenerlo y todo fuera como antes.

Pero ya no lo es, se escuchan grillos en el Patio de Escuelas de la Universidad y no un “ahí, ahí. Que no, que esa no es la rana ¿Perdona eres de aquí? ¿Nos puedes decir dónde está porque nos estamos volviendo locos?”

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Volveremos, lo haremos con más fuerza y nuestras calles se llenarán de turistas, de salmantinos orgullosos, de terrazas con su cervecita y su pincho, de fiestas, conciertos o teatros. Pero eso será después, ahora, escuchen como suena la estremecedora soledad de las calles de Salamanca.




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