“Vivir sin ingresos es muy duro, pero es aún más doloroso verte obligado a abandonar tu país porque peligra tu vida y la de tus hijos”

Armando es uno de los muchos inmigrantes que viven o malviven en situación irregular en Salamanca; sin trabajo, sin derecho a prestaciones ni subsidios por desempleo, ni IMV… no tiene nada, pero gracias a la ayuda solidaria, él y sus dos hijos pueden seguir adelante

Armando es un inmigrante en situación irregular que vive sin ingresos en Salamanca
Armando es un inmigrante en situación irregular que vive sin ingresos en Salamanca

El 27 de noviembre de 2019, Armando y sus dos hijos llegaron a Salamanca, dejando atrás su vida en un país en el que corrían peligro. Su mujer vino un poco antes para “abrir el camino”. Fue una decisión “muy dura”, pero “queríamos dar una oportunidad de vida a nuestros hijos”. La pandemia del COVID-19 frustró en parte sus esperanzas: “Vine con otras expectativas, porque no sabíamos lo que nos iba a venir con lo del COVID, nadie esperaba esta pandemia". 

Un año y siete meses después, su situación es todavía irregular, por lo que no cuenta con ningún tipo de ingresos. Sin embargo, considera que ha tenido más suerte que otros inmigrantes y se muestra muy agradecido a las entidades y personas que les han ayudado para poder tener un techo y comida; se siente casi un privilegiado, porque “hay situaciones mucho más horribles” que las suyas.

Los problemas de inseguridad y extorsión que vivían en su país, Honduras, les llevó a tomar esta decisión. Primero, vino la madre de sus hijos, de 4 y 15 años en la actualidad, y posteriormente, ellos tres. “Tenemos un niño 15 años y ya estaba siendo un peligro que me lo reclutaran para las maras” -pandillas que controlan un territorio y ejercen presión sobre sus comunidades que tienen que lidiar con su presencia para poder sobrevivir-.

Sus problemas con estas pandillas no eran nuevos: “Ya habíamos tenido problemas con ellos por cuestiones de negocios; nos extorsionaban y había peligro, por lo que tuvimos que irnos de un lugar a otro”. La mudanza no les sirvió de nada, porque “seguían con lo mismo”, y decidieron venirse para España, pensando que “las cosas iban a mejorar un poco, porque nos había comentado que aquí era mejor en cuestiones de seguridad” y sobre todo “para dar a los niños otro tipo de vida”, explica.

"Pierdes todo lo que tienes allí para venir aquí"

Fue “muy duro” dejar atrás su vida. “Nadie quiere salir de su país, de su tierra, de su hogar; es muy duro dejar a tu madre, a tus hermanos, tu tierra, una comodidad y venir acá; es muy duro, ser emigrante no es fácil”. Armando insiste en que “no queremos venir a quitar el trabajo a nadie, como me han dicho algunas personas, ni hacer sentir a la gente incómoda”. 

Además, añade, “tampoco es cuestión de dinero, perderlo todo, lo poco que tienes allí, para venir aquí, porque corre peligro la vida, la de tus hijos”. 

En Honduras “no hay seguridad para nadie; los chicos corren mucho peligro y queremos algo mejor para nuestros hijos. Mi madre no quiere que estemos fuera del país y no vernos, pero también está segura de que los niños están mejor aquí en España. En ese aspecto, el de la seguridad de mis hijos, estamos contentos, pero es duro, muy duro”.

No han vuelto a ver a su familia ni a visitar su país. “Tal y como están las cosas, no debemos ir. Hay muchas historias horribles que están pasando en nuestro país” de las que no son ajenas las personas de Honduras que están en España. De “las cosas horribles que pasan” cuenta, por ejemplo “una chica de Honduras que envío a su hijo a ver a su abuela y ha desaparecido; está pasando un infierno. Aquí hay muchos como ella, por eso, te piensas mucho en ir”.

Armando y su familia, como a muchos otros, no les ha quedamos más remedio, aunque sea duro, irse de su país en busca de una oportunidad y empezar de cero una nueva vida. Asegura que no solo en Europa, desde Honduras hay “caravanas inmensas de personas hacia EE.UU, que prefieren arriesgar su vida para ver si pueden cambiarla; eso, o quedarse a ver qué pasa en el país”. 

“No es fácil, nadie quiere hacerlo, pero tenemos que hacerlo, y sobre todo si se tienen hijos; más que nada es por eso, por darle a nuestros hijos una oportunidad de vida”, lamenta.

La pandemia "nos dejó en shock"

Pero al poco tiempo de llegar a España, concretamente a Salamanca, se inició la pandemia del COVID. “Nos quedamos un poco en shock y pensábamos cómo vamos a pagar la renta, dónde vamos a ir ir...”. Sin embargo, “las puertas se me abrieron en el aspecto de ayudas; he recibido mucha ayuda de Cáritas”.

“Es un poco difícil para nosotros, porque estamos irregulares y no tenemos un trabajo”, señala Armando. Sin embargo, asegura que no se puede quejar; “otras personas están peor”, porque “a nosotros se nos ha abierto la puerta y mis hijos no lo han pasado tan mal; hemos estado en este piso y nos han ayudado”. 

Armando es una persona muy social y se ha movido mucho, por lo que ha hablado con muchas personas y gracias a eso quizás haya tenido esas ayudas. “Hasta hoy no trabajo por la cuestión de irregularidad y sigo esperando que las cosas mejoren, porque a raíz del COVID, el trabajo está difícil para las personas que tienen papeles, no digamos para nosotros que no los tenemos”. 

Asegura haber encontrado “mucha sociabilidad y solidaridad”, pero “hay de todo” y muchos inmigrantes “lo pasan mal por el trato que reciben de otras personas”. Él mismo se ha topado con algún racista, pero comenta que le resta importancia, porque “sé que hay de todo; he recibido más que menos y sé que en todo el mundo hay de todo”. 

Él vive en Salamanca con sus dos hijos; su mujer, también irregular, está en Madrid, porque allí tiene trabajo ‘en negro’ como empleada de hogar. “Yo con mis dos hijos vamos luchando, igual que su madre, luchando y, cuando podamos regularizar nuestra situación, ojalá que las cosas puedan cambiar y mejoren las condiciones”.

Tirando con las ayudas hasta poder regularizarse

Vivir sin ingresos es “muy duro; lo que tienes es por las ayudas” con las que pueden pagar el alquiler y los suministros. Para la ropa, Amador acude a los centros que la regalan. Y para la comida, ha contado con un vale de ayuda de una asociación, que “me han quitado, porque he estado realizando un curso en Cáritas por el que me daban 200 euros, que me ayudaban para comprar comida”. Ahora, ya terminado el curso, y como sigue sin tener ningún tipo de ingreso, intentará recuperar esa ayuda.

Y así, Armando y sus hijos van tirando para adelante hasta que se regularice su situación y pueda encontrar trabajo. Su mujer, también en situación irregular, sí ha podido encontrar un empleo, porque es “más fácil que te den trabajo como empleada doméstica, aunque sea en negro”; y “aunque sea de esta manera y no pueda estar con nosotros”, porque aquí en Salamanca “cuesta aún más encontrar un trabajo y se ha tenido que movilizar para Madrid”.

“Esperemos que la situación mejore”. Así llevan un año y siete meses, confiando en que esto mejore en todos los aspectos, porque “tampoco nadie esperaba este virus y nos ha afectado a todos por igual”, asegura Amador, ya que considera que su situación sería diferente sin la pandemia. “Ayuda no nos ha faltado, han estado ahí siempre, igual que con la salud, estoy muy agradecido, porque en otros lugares, si uno no tiene papeles, tampoco tiene salud. Mis hijos han enfermado y les ha atendido muy bien, el médico de cabecera ha estado muy pendiente de los niños”.

“No puedo quejarme”, afirma, pese a que su situación “no es buena, pero tampoco es mala. Estamos para adelante y yo sé que las cosas van a mejorar, confió”, porque “hay gente que lo está pasando muy mal. Nosotros, sin ayuda, no hubiéramos podido tirar adelante”.

Aún tendrán que esperar para que cambie su situación. Lo primero es regularizarla. Armando afirma que “es un poco contradictorio en nuestra situación, porque si vienes a este país y necesitas regularízate o buscar una ayuda, las ayudas que ofrecen es que entres al asilo político y en asilo después de un tiempo te ofrecen un permiso de trabajo”. Lamentablemente, “no me pude meter en ese tiempo, porque cae lo del COVID y el confinamiento, que no podemos salir; entro un poco en pánico, porque mis hijos solamente me tienen a mí aquí, y no quise salir, no siendo que me contagiara y me pudiera morir y mis hijos se quedaran solos. Entro un poco en pánico y no quiero salir, la madre de mis hijos tampoco quiere, porque si me pasa algo, qué pasaría; por lo que pierdo las citas de ir a lo del asilo político y no lo saqué”.

Ahora para “poder obtener papeles, tendré que esperar tres años, radicar en España tres años, luego buscar un contrato de trabajo”, que “es contradictorio, porque las leyes dicen que mientras no tengas papeles nadie puede hacerte un contrato para tener papeles”. Por eso, buscará a alguien que le haga contrato para poder regularizarse. “En eso estamos casi la mayoría de las personas que estamos radicando aquí, que cómo lo hacemos”, porque algunos llevan “cinco años y no regularizan porque no tienen nadie que les haga un contrato”. Y la situación para muchos es peor: “Yo en Cáritas he socializado con muchas personas que lo pasan muy mal, no tienen un piso ni ayudas, viven en un cuarto compartido con otras personas y con niños”. 

Hay racismo, pero "es poco"

Sobre la acogida en Salamanca o si ha notado cierto racismo, Armando dice que ha encontrado "de todo". En el colegio, "con los niños y también con los padres", pero "es así, ya me lo esperaba". Sin embargo, asegura que "es poco, no es tanto", aunque "no me siento mal, porque también esto del virus ha afectado al acercamiento; yo creo que cuenta mucho, a todos nos ha afectado psicológicamente todo esto y no podemos achacar al racismo que la gente no quiera acercarse a nosotros. Algunos padres del colegio están distantes, pero yo lo achaco al virus".

Hay personas que aún llaman 'ilegales' a los inmigrantes en situación irregular. Armando ha tenido experiencias en este sentido. Cuenta que no hace mucho lo cogieron para ir a limpiar la piscina de una casa. "El dueño de la casa tiene un oficial construyendo parte de la piscina" y le dijo que porqué ‘contratarme a mí para hacer limpieza, que era ilegal y no español, que le quitaba la oportunidad a otro. Le respondió que no estaba dando trabajo a nadie, que no hay nadie que un domingo quiera trabajar y que yo sí, que me necesitaba". Armando se sitió "supermal", porque "yo no puedo quitar el trabajo a nadie; él me dijo que lo viniera ayudar". Fue "una mala experiencia, pero se calló "por respeto, por ser una persona mayor, o porque son personas que pecan de ignorancia".

En todos los lugares "hay de todo, pero yo me he encontrado a gente muy buena que me ha ayudado mucho. No puedo quejarme y le resto importancia a esas cosas, porque pasa en cualquier lugar".

La situación en la que se encuentra Armando es complicada de cambiar con la política actual con la inmigración. "Es bastante difícil, porque en la situación gubernamental se juegan intereses en muchos aspectos. En nuestro país es peor, pero pasa en todas partes. Hay muchos intereses que no van de acuerdo con el pobre, sino al interés del capitalismo, de ciertas personas o poderes económicos y políticos; a veces todo se mueve por esos intereses".

Es "difícil que cambien las cosas, pero, aún así, aquí se está mejor, porque, en cierta forma, sí apoyan y es muy diferente a nuestro país", asegura, aunque añade que "si quisieran, se podría mejorar; es muy complicado". Espera que "en ese poco que se ayuda, podamos alcanzar un poquito todos, porque hay mucha necesidad".

Armando entiende "a este país; venir alguien y sentirse un poco incómodo. Entiendo a las personas, que es su país, su tierra y venimos en cierta forma a incomodar, pero no venimos porque queramos", sino por obligación. Por eso, espera que algún día "tal vez cambiemos todos, en lo que es la cuestión emocional, porque el capitalismo nunca va a cambiar, y seamos más humanos".

Desde que llegó a Salamanca, asegura que "ha aprendido mucho; estar aquí me ha enseñado. A veces, decimos 'solo yo, porqué me está pasando esto a mí', pero no, si miramos otras cosas, no solo es a mí, otras personas también necesitan o están peor que yo. He cambiando en este aspecto y me he puesto más en la parte de que todos necesitamos". Por eso, tiene esperanza en que "todos cambiemos y seamos más humanos".

"Vamos luchando y tengo dos hijos, tengo que hacerlo y seguir adelante". Armando siente que "hemos rescatado a nuestros hijos de un gran peligro y este país nos ha acogido". Y, aunque "hay cosas precarias, peor es que pierdas la vida, que un hijo pierda la vida, eso sí es algo irreparable", por lo que "vamos pasando así" mientras espera tres año para regular su situación.

Más de 9.000 desempleados sin ingresos en Salamanca

Quizás la situación de los inmigrantes irregulares sea la más dura, no solo por la marcha de su país, sino por no contar con ingresos para iniciar una nueva vida lejos de su tierra. Pero la falta de ingresos y de medios para poder comer y pagar los suministros básicos y una vivienda no afecta solamente a los irregulares, sino también a muchos cuya situación ya está regulada, pero no disponen tampoco de ingresos. Tampoco hace falta ser inmigrante para no tener ningún tipo de ingresos: cerca de la mitad de los parados en Salamanca no tiene ningún apoyo económico de las administraciones.

Según los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, la protección por desempleo en Salamanca alcanzaba el pasado junio a 11.306 personas: 4.831 contaban con la prestación contributiva, 5.538 con subsidio por desempleo y 937 tenían renta activa inserción. El número de desempleados en ese mes era en la provincia salmantina de 23.499 (sin empleo anterior 2.792).

La ayuda para compensar la falta de ingresos, el IMV (Ingreso Mínimo Vital) alcanzaba entonces los 2.167 expedientes aprobados en Salamanca.

Con estos datos, se puede concluir que 9.139 personas en Salamanca no tienen trabajo ni ningún tipo de ingresos.

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