No era ni adulta ni ninguna asesina: Los padres se lo inventaron todo para abandonarla

La historia de Kristine y Michael Barret, de Indiana (Estados Unidos), que adoptaron a una niña pequeña ucraniana que era una adulta de 23 años con un tipo de enanismo que, además, trató de matar a la familia lleva esta semana copando las páginas de medios de todo el mundo

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El Confidencial se ha encargado de bucear un poco más en la historia y, según dice, "dar a conocer la verdad". Así lo ha hecho el periodista Carlos Barragán, que se ha puesto en contacto incluso con diversas instituciones del Estado de Indiana.

En 2010, Kristine y Michael Barnett declararon haber adoptado a Natalia en Florida cuando la niña tenía seis años. Antes había pasado por otras dos familias de acogida pero, por razones no especificadas, acabó en manos de los Barnett, que se la llevaron a vivir a Indiana en una adopción exprés.

El certificado de nacimiento de la niña, sigue El Confidencial, es una de las partes más controvertidas de esta historia. El documento indicaba que su nacimiento se produjo el 4 de septiembre de 2003, pero los padres rechazaban esta versión. Informes médicos de junio de 2010 recogidos por NBC confirmaron que Natalia Grace contaba entonces con casi ocho años, además de padecer displasia espondiloepifisaria congénita, un trastorno de los huesos que se traduce en baja estatura, anormalidades esqueléticas y, en ocasiones, miopía severa o pérdidas auditivas.

Durante los primeros meses, los Barnett trataron de hacer sentir a la niña como en casa, pero pronto algo les llamó la atención. Cuando vio a la niña desnuda por primera vez, la mujer se percató de que ya tenía vello púbico. "Me quedé en 'shock", declaró. Meses más tarde, descubrieron restos de sangre entre su ropa, evidenciando que su hija adoptiva estaba teniendo ya la menstruación y trataba de ocultarlo.

Para Kristine Barnett, todo esto era señal de que Natalia no era una niña de ocho años, sino una adolescente tardía o incluso una adulta haciéndose pasar por alguien mucho menor. Le practicaron tests de densidad ósea que arrojaron, según la madre, que la pequeña tenía al menos 14 años de edad.

En 2012, un nuevo informe médico (citado por News 18, un medio local de Indiana) cifró la edad de la niña en alrededor de 11 años. Sin duda los padres trataron en varias ocasiones de acreditar la edad de la niña, desconfiando de la partida de nacimiento ucraniana. Oficialmente, tenía que cumplir nueve en septiembre de ese año, pero en junio de 2012 los padres, convencidos de tener a una mujer adulta en su casa, lograron cambiar la edad legal de Natalia Grace a 22 años. Cómo lo lograron es otro de los grandes interrogantes de este caso.

En 2013, el Instituto Perimeter de Física Teórica, ubicado en la ciudad canadiense de Waterloo, se interesó por el hijo "genio" de los Barnett y la familia se dispuso a trasladarse allí para que el muchacho estudiara un grado en física teórica. Natalia Grace, la niña, sin embargo, nunca llegó a cruzar la frontera.

Según la declaración jurada de los padres, en septiembre, coincidiendo con el inicio del curso escolar, los Barnett alquilaron un apartamento en la ciudad de Lafayette y la dejaron allí con el alquiler pagado durante un año. El cambio de edad habría servido, según la investigación por abandono que se está llevando a cabo en la actualidad contra los progenitores, para garantizar a la joven Natalia cupones de comida y acceso a tratamiento psiquiátrico.

En 2014, Michael Barnett registró en el Tribunal Superior de Hamilton (Indiana) una petición de divorcio contra Kristine. En el momento de abrir el expediente, el marido tenía registrada su vivienda en la misma residencia familiar en la que los Barnett habían criado a sus tres hijos a las afueras de Indianápolis. La mujer vivía entonces en New Hamburg, Ontario (a 25 kilómetros de Waterloo) y la niña seguía alojada en el apartamento de Lafayette, a 90 y 600 kilómetros respectivamente de su padre y madre adoptivos.

¿Qué ocurrió?

"Cuando se acabó el plazo del alquiler, la joven fue expulsada de la vivienda. Una compañera de clase en la Lafayette Adult Resource Academy advirtió al medio local News 18 que un día Natalia dejó de ir a clase. El director del centro dio la voz de alarma y ahí fue cuando el 'sheriff' del condado de Tippecanoe intervino y abrió el proceso judicial que ha reavivado el caso en estos días de septiembre", indica El Confidencial.

"Rastreando en medios locales de Indiana, este periódico ha podido encontrar testimonios de algunos vecinos que declaraban sobre el caso: "Mi hija se encontró a esta pequeña chica sentada en un porche, sola, sucia, sin zapatos y hambrienta. Los vecinos le dijeron que sus padres la habían abandonado para salir del país, diciendo que tenía 22 años. Mi hija empezó a hacer viajes diarios para cuidarla hasta que decidió que ya era suficiente y se la llevó. Ninguno de nosotros sabemos cómo los padres adoptivos fueron capaces de cambiarle la edad. [...] Ella tiene ahora 16 años de verdad, pero por los cambios de edad legales, según la Justicia, tiene 30 años. Tras años y años de este lío legal, finalmente ahora se está empezando a resolver. Está feliz en una familia cristiana maravillosa. El padre adoptivo ha cooperado, pero la madre adoptiva no".

El Confidencial ha contactado con Terrance Kinnard, el abogado defensor del padre adoptivo, que ha reconocido que la chica no era adulta, pese a lo que afirma su exmujer en la reciente entrevista en el 'Daily Mail'. Esto coincide con las declaraciones juradas recogidas por medios como el 'Washington Post', en el que el padre ha afirmado este mismo mes que Natalia era una niña cuando le cambiaron la edad en 2012 y que la madre le advirtió de que dijera a todo el mundo que su edad era de 22 años si le preguntaban. Kristine Barnett, sin embargo, sigue difundiendo la misma versión.

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