¿Qué puedo comer para deshincharme?

Haciendo cambios graduales en la dieta y los hábitos alimenticios podremos reducir la sensación de inflamación en la tripa

 Coliflor
Coliflor

La constante inflamación en la tripa es una de las sensaciones más molestas que existen, sobre todo para aquellas personas que tienen que pasar mucho tiempo sentadas. ¿Cómo se produce el gas? Procede tanto del aire que ingerimos al tragar o deglutir de forma inconsciente, como el que generan las bacterias del intestino. Pero además pueden ser más frecuentes si se padece algún trastorno digestivo, si se hacen cambios bruscos en la alimentación, si se tienen malos hábitos alimenticios o se sufre obesidad, o incluso por causas emocionales, según explica Clara Muñoz, dietista-nutricionista del Centro Julia Farré, según informa el periódico ABC.

Otras causas pueden ser, según añade la dietista-nutricionista Sara Jiménez, padecer estreñimiento o incluso un virus o bacteria estomacal, si bien lo más frecuente es que una persona se sienta más hinchada porque la calidad de su dieta no sea buena. «El consumo de productos ultraprocesados, cargados de azúcar, harinas refinadas y grasas de mala calidad no ayudan al proceso de la digestión. Si a eso sumamos la cantidad de refrescos que se consumen a diario esto explica por qué la hinchazón es la gran protagonista», añade.

Aunque es cierto que el efecto sobre cada persona dependerá de si tolera o no todos los alimentos, de manera general Sara Jiménez explica que las crucíferas (col, coliflor, lombarda, repollo, brócoli, grelos, coles de Bruselas...) tienden a hinchar más y lo mismo sucede con las legumbres, que también propician la aparición de gases. "Para reducir esos gases es mejor que las cocinemos con verduras y sin piel", comenta.

Otros alimentos que propician la aparición de gases son los fritos, los rebozados, los guisos cocinados con mucha grasa y las comidas copiosas, según afirma Clara Muñoz, quien también incluye en la lista la bollería, las bebidas con gas, el alcohol, el café, el té, los chicles y los edulcorantes.

También las acelgas, el ajo, las alcachofas, la cebolla, los espárragos, las espinacas, la lechuga, el pepino, el puerro o los rábanos pueden ser especialmente flatulentos.

El estado de la microbiota intestinal y la tolerancia individual a cada uno de los alimentos juegan un papel importante en este tipo de molestias, pero también el estrés o la falta de descanso, según aclara Muñoz. «Se debe valorar individualmente qué es lo que puede estar originando esa cantidad excesiva de gases, pero también debemos recordar que la producción de gas es normal en el proceso de la digestión», comenta.

Si una persona es propensa a sufrir gases a menudo, debe tener en cuenta, según comenta la experta del Centro Julio Farré, que existen algunas acciones relacionadas con nuestro comportamiento con la comida que pueden favorecer su aparición. Algunos ejemplos que cita son: olvidar poner en remojo las legumbres y los cereales antes de cocinarlos, comer la pasta al dente, comer rápido, tragar aire al hablar o al comer, no masticar bien los alimentos, las bebidas gaseosas y/o alcohólicas, masticar chicles, comer raciones grandes y comer en un ambiente tenso.

Comparte esta opinión Sara Jiménez, quien incide en la necesidad de comer despacio y tranquilamente. «Puede parecer una tontería, pero comer rápido hae que tomemos una mayor cantidad de aire con la comida y ese aire puede quedar atrapado en el estómago o en el intestino, provocando síntomas muy desagradables», afirma.

Tener desajustes en el sueño o en los horarios de las comidas también puede afectar a la aparición de gases. Es más, según explica Jiménez, el modo en el que seamos capaces de gestionar tanto nuestro tiempo, como la ansiedad y el estrés influirá más o menos en la hinchazón.

Si la base de la alimentación no es la adecuada, debemos empezar, según propone Clara Muñoz, por hacer cambios graduales para mejorarla. Poco a poco iremos eliminando bollería, carnes grasas, embutidos y alimentos ultraprocesados para introducir vegetales, frutas, proteínas de alta calidad (aves, pescados y huevo), lentejas y cereales integrales. «Esta introducción debe ser lenta, ya que un incremento excesivo que no sea paulatino empeorará la situación», avisa.

Para reducir los gases Elena Aguilar, doctora del Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Madrid (Codinma) propone seguir una alimentación variada y equilibrada, evitar situaciones de estrés y malos hábitos como fumar, consumir chicle, tomar caramelos, beber líquidos con pajita o sorberlos, abusar de las bebidas carbonatadas, hablar mucho durante las comidas, comer a gran velocidad y masticar poco los alimentos.

Además de controlar estas prácticas que fomentan la presencia de gases, la experta de Codinma aconseja regular la ingesta de alimentos flatulentos, realizar actividad física de manera cotidiana y consumir alimentos con poder carminativo, que favorecen la expulsión de los gases del tubo digestivo y el bloqueo de los procesos de fermentación.

Ciertas hierbas como alcaravea, anís, cilantro, comino, eneldo, hinojo y perejil, así como salvia, hierbabuena y menta aportan ese efecto carminativo buscado, según revela la Dra. Aguilar. Así, afirma que usar estas hierbas o especias al cocinar o tras las comidas puede ayudar a controlar la acumulación de gases. Además, el consumo frecuente de leches fermentadas, como yogur y kéfir contribuye a equilibrar la microbiota.

Asimismo, la dietista-nutricionista del Centro Julia Farré propone hacer ejercicio físico a diario, pues eso ayuda a reducir la cantidad de gases, pues aumenta el peristaltismo intestinal.

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