Historia viva de Guijuelo escrita en femenino

Los testimonios de seis mujeres de la villa, broche de oro a las actividades organizadas para conmemorar el Día de la Mujer
 

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 Historia viva de Guijuelo escrita en femenino
Historia viva de Guijuelo escrita en femenino

El teatro del Centro Cultural fue escenario este viernes de una clase de historia viva de Guijuelo. Historia escrita en femenino y que puesta en las voces de seis mujeres servía para hacer un homenaje a todas aquellas que hace décadas trabajaron en profesiones al margen de la industria chacinera. 

Organizado por la Asociación de Mujeres Emprendedoras (Ameg) en colaboración con la Concejalía de la Mujer, la actividad ‘Mujeres de ayer’ servía esta tarde para poner el punto y final a una semana llena de actividades con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer.

En un ambiente íntimo, casi familiar, Toñi Díaz, María Tirado, Flori Sánchez, Manuela y María José Sánchez Mesonero y Carmen Fraile se convertían en testigos de la historia de la Villa. “Mis abuelos llegaron de Cespedosa y pusieron una casa de comidas. Una vez que murió mi abuelo, mi abuela Gregoria se encargó de sacar adelante la Taberna del tío José en la que estuvo al frente durante 40 años”, recordaba Toñi Díaz haciendo un pequeño homenaje a su abuela. Tambien María Tirado, a la que todos conocemos como ‘la señora María’ se encarga esta tarde de recordar cómo fueron sus años al frente de la cocina del comedor del Instituto. “A mi me llamó el alcalde, Emilio Alemany y me encargó hacerme cargo del comedor del internado. Por entonces solo había nueve chicos”, recodaba asegurando que durante todos sus años de trabajo acumuló innumerables anécdotas. “Recuerdo un día que los chicos cogieron las sábanas y se dedicaron a torear a los coches con ellas como capotes”, rememoraba.

Testigos de la historia se convertían esta tarde, también, las hermanas Sánchez Mesonero que narraban historias de ayer. Manuela explicó cómo en el supermercado de Abdón Rodilla las más jovencitas se encargaban de envasar aceite a mano o empaquetar bizcochos y galletas. “Cuando se partía alguno no solo no nos decían nada sino que nos dejaban que nos lo comiéramos”, explicaba reseñando con guasa que en alguna ocasión “se partía más de uno a conciencia”. Además de esta experiencia, su hermana Mª José explicaba cómo las mujeres trabajaban en la fábrica de galletas que en otros tiempos hubo en Brisa. “Allí trabajamos muchas mujeres y nos dedicábamos a, una vez hecha la masa, hacer las galletas con los moldes”, recordaba. Pero Brisa no solo fue protagonista de esta historia, sino también de la historia vital de Carmen Fraile, la que fuera bibliotecaria municipal durante 21 años, comenzó en su juventud a trabajar en la fábrica de patés. “En aquella época se hacía muchísimo paté de hígado de cerdo en Brisa”, relataba antes de contar su historia al frente de la Biblioteca Municipal. “Realmente era un trabajo que le asignaron a mi marido pero cuando no pudo tenderlo me preparé y recogí el testigo”, añadía apuntando que durante años generaciones enteras han pasado por la Biblioteca. “Tengo recuerdos maravillosos de muchos de aquellos chicos que hoy ya son padres”. Para finalizar el acto, Flori Sánchez ponía la nota más reivindicativa al contar cómo en su condición de ganadera se había tenido que enfrentar a una profesión considerada “de hombres”. “En un momento determinado mi padre enfermó y no nos quedó más remedio que hacernos cargo del negocio”, dijo asegurando que durante sus años de experiencia había tenido que enfrentarse a la discriminación que sufre una mujer en un trabajo considerado “de hombres”. 

 

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