(II) De ruta por la Senda del Duero occidental: El arroyo de los Cabrones, un viaje al ambiente Cantábrico entre Villarino y Pereña

El tramo inicial discurre por una carretera poco transitada, por zonas de huerta, olivos y viñedos, para dar paso, a mitad de recorrido, a un sendero que asciende junto al arroyo, bajo la sombra de rebollos y castaño

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(II) De ruta por la Senda del Duero occidental: El arroyo de los Cabrones, un viaje al ambiente Cantábrico entre Villarino y Pereña
(II) De ruta por la Senda del Duero occidental: El arroyo de los Cabrones, un viaje al ambiente Cantábrico entre Villarino y Pereña

El recorrido por el arroyo de los Cabrones, entre Villarino de los Aires y Pereña de la Ribera, es una de las 41 etapas que forman parte del Camino Natural Senda del Duero que comienza en la Sierra de Urbión, Soria, y finaliza en Vega Terrón, recorriendo más de 750 kilómetros.

Centrados en la Senda del Duero occidental, son 32 rutas -11 por tierras charras- que parten de Roa-Peñafiel hasta finalizar en la frontera con Portugal, ya en tierras charras.

Ruta de los cabrones, de Villarino a Pereña (1)

Segunda ruta de la Senda del Duero occidental en Salamanca: De Villarino de los Aires a Pereña de la Ribera

El tramo inicial discurre por una carretera poco transitada, por zonas de huerta, olivos y viñedos, para dar paso, a mitad de recorrido, a un sendero que asciende junto al arroyo de los Cabrones bajo la tupida sombra que ofrecen rebollos y castaños, en un entorno propio de cuentos y leyendas.

Antes de salir de Villarino conviene dar un paseo por la localidad y acercarse hasta algunos de los múltiples miradores que hay en sus alrededores, como son el mirador de Rachita, el del Duero, y especialmente el de La Faya y el de Teso de San Cristóbal, desde el cual se divisa la desembocadura del río Tormes en el Duero.

El inicio de la ruta se encuentra en el cruce de la carretera DSA-560 que conduce a Pereña de la Ribera con la carretera de acceso al poblado de la Rachita y del Soto y, posteriormente, al desagüe de la central hidroeléctrica de Villarin. El recorrido discurre por la carretera, a cuyos lados abundan las huertas, donde crecen en perfecta alineación acelgas, judías, coles y tomates, pero también los frutales, las viñas y olivos, algunos centenarios y otros recientemente plantados.

Después de una doble curva de la carretera se llega al poblado del Soto, donde hubo barracones de obreros en la época en la que se construyó la central hidroeléctrica de Villarino, el embalse de La Almendra y la galería que comunica ambas.

Para realizar estas obras se erigió también el poblado de la Rachita, destinado a los ingenieros y al personal cualificado. La central se encuentra a 500 metros de profundidad, excavada en la dura roca de granito y tiene su desagüe al final de la carretera que se está recorriendo, a 325 metros sobre el nivel del mar.

En esta zona abundan los rebollos, retamas negras o escobas y jaras pringosas. La ruta continúa por la misma carretera y sigue perdiendo altura hasta que llega un punto en el que se pueden contemplar unas magníficas vistas sobre el río Duero.


El recorrido se despide de este tramo asfaltado donde la carretera realiza un giro de casi 180 grados hacia la derecha, en un paraje en el que aparecen imponentes castaños que crean una notable sombra.

A partir de aquí, sigue una senda que remonta el arroyo de los Cabrones, recorriendo un tramo orientado al norte, en el que la vegetación existente hace sentir al visitante la sensación de encontrarse en un entorno propio de la cordillera Cantábrica.

Ruta de los cabrones, de Villarino a Pereña (2)

El sendero discurre entre rebollos y castaños, delimitado, en muchas ocasiones, por muros de piedra, siendo un recorrido antaño muy utilizado por los vecinos de la localidad de Pereña para acceder al río Duero y a las fincas situadas en la ladera.

El arroyo de los Cabrones suele llevar agua durante casi todo el año y el bosque de rebollos que hay que atravesar, cuyos troncos están llenos de líquenes, proporciona una zona umbría y húmeda que es aprovechada por el musgo y los helechos. Asimismo, el castaño puede medrar en este lugar gracias a la sombra y la humedad existente, creando al tiempo un microclima que favorece su regeneración, puesto que las grandes y anchas hojas que posee ayudan a crear un ambiente netamente nemoral.


Poco a poco el camino va ganando altura y abandona este paisaje, dando paso a un terreno aterrazado, que por abandono de la actividad agrícola está siendo colonizado por escobas y encinas. Las grandes paredes de piedra con que están hechas las terrazas permiten sujetar el terreno y mantenerlo llano, al mismo tiempo que retienen la humedad del suelo, evitando que el agua se filtre ladera abajo.

En algunos trechos el camino se estrecha y va siendo invadido por vegetación arbustiva y herbácea propia de zonas húmedas o encharcadas, dada la proximidad del arroyo de los Cabrones. A medida que se asciende la senda se vuelve más ancha, dando paso a tierras con viñas y olivos, y llega poco después hasta el núcleo urbano de Pereña, donde termina esta segunda etapa de la Senda del Duero Occidental a su paso por la provincia de Salamanca.

Fuente: Ministerio de Agricultura



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