La mina de uranio se ha instalado en la provincia casi sin darnos cuenta. Poco a poco se han venido dado los pasos necesarios para que, en un futuro más que próximo, la extracción de uranio Retortillo y Villavieja de Yeltes sea toda una realidad y una actividad más para Salamanca. En todo este tiempo, detractores y defensores del proyecto han mantenido diversos encuentros y cruces de declaraciones para dar razones suficientes que defiendan su postura. En definitiva, a un lado de la balanza la radiación, las emisiones de gas radón y sus efectos sobre el medio ambiente y la salud; al otro, la inyección económica para la provincia de Salamanca, creación de puestos de trabajo, plan de restauración,  respeto con el medio ambiente y datos sobre la no peligrosidad para la salud, flora y fauna de los gases emitidos y derivados de la extracción.
 
Esta misma semana la Junta de Castilla y León aprobó la Declaración de Impacto Ambiental dando, así, luz verde al proyecto para la extracción minera de uranio en la provincia de Salamanca. Berkeley Minera, empresa encargada de realizar esta acción, ha invertido hasta la fecha más de 43 millones de euros en estos proyectos y de aquí a final de año la inversión estará próxima a los 50 millones de euros. La inversión total de Berkeley en este proyecto superará los 364 millones de euros durante la vida de la explotación, entre inversión inicial, gastos operativos y cantidades destinadas a la restauración de la zona de explotación. La compañía, según fuentes de la misma, mantiene un fuerte compromiso con las comunidades en donde se ubican los yacimientos: Retortillo, Villavieja de Yeltes. La apuesta por el empleo, dicen, “es el signo más evidente de este compromiso”. En la oficina de la empresa en Retortillo trabajan ya más de 30 personas, y, una vez que los yacimientos entren en producción, el empleo directo y permanente ascenderá a 196 personas, a los que habrá que sumar los indirectos, que según recientes estudios de la Universidad de Salamanca, para este tipo de proyectos, suponen un ratio indirecto/directo de 5,2 a 1, lo que supone que algo más de 1.000 personas estarán empleadas en el proyecto.
 
Por otro lado, la actividad minera pretende aprovechar dentro de la comarca salmantina del Campo Charro una concesión de explotación de 2.517 hectáreas para la extracción y procesado de mineral de uranio por lixiviación estática, entre los términos municipales de Retortillo y Villavieja de Yeltes. El proyecto, denominado "Retortillo-Santidad", implicará un movimiento de tierras superior a los 200.000 metros cúbicos anuales, cinco megavoladuras a la semana y el procesado de 2.000.000 de toneladas/año de mineral de baja ley, del que se preveen la extracción 1,5 millones de libras de óxido de uranio al año (aproximadamente 675 toneladas). La explotación, prevista para 11 años (incluyendo las tareas de preparación, producción, restauración y clausura), estará dividida en dos zonas: la de Retortillo (2,7 kilómetros de longitud por 580 metros de anchura) y la de Santidad (de 1,6 kilómetros de longitud por 310 metros de anchura).
 
A favor y en contra de la mina
 
Los posicionados a favor de este proyecto sostienen, como razones de mayor peso, que la actividad minera en la provincia será una importante inyección económica para la misma. Por otro lado, se basan en el aprovechamiento de los distintos recursos que la naturaleza ofrece y que éste es un proyecto respetuoso con el medio ambiente, como así lo deja ver un exigente plan de recuperación de la zona. También, y al igual que en el informe favorable a la empresa por parte del Consejo de Seguridad Nuclear, reconocen la radiación ya patente en la zona pero mantienen que los índices de ésta, según el muestreo realizado en las áreas de futura explotación, no supondrá peligro alguno ni para la flora, fauna o la salud humana. Los niveles de radón, según los expertos, no supondría riesgo debido a su rápida disolución generada por el aire.
 
Quienes se posicionan en contra de la actividad para la extracción de uranio en la provincia de Salamanca, consideran el haber aprobado este proyecto como “una insensatez dados los grandes impactos ambientales y sobre la población, el retroceso de la energía nuclear y el bajo precio del uranio”. Además, añaden “que esta actividad aumentará la radioactividad en la zona debido a la emisión de radón y otros gases radiactivos”. A parte, advierten del peligro de contaminación de las aguas del río Yeltes, el que se generen enormes escombreras y diques estériles o la manipulación de sustancias contaminantes como ácido sulfúrico o sosa cáustica. Es decir que, en líneas generales, creen en la posibilidad de grandes perjuicios para la salud humana y el medio ambiente. La plataforma Stop Uranio argumenta que esta explotación minera “presenta una clara incompatibilidad con el Programa General de Medio Ambiente de la Unión Europea de horizonte 2020 (Vivir bien, respetando los límites de nuestro planeta, salvaguardando la salud y el bienestar de los ciudadanos)”.
 
Por otro lado aseguran los detractores de la mina de uranio “que todos estos daños al territorio no se verán compensados por la riqueza creada por la mina. Este tipo de  minería genera muchos menos puestos de trabajo que la minería subterránea en galería, dado que la mayor parte de las actividades están mecanizadas. La riqueza que hipotéticamente generaría la mina no repercutirá en la zona, sino que será Berkeley quien se beneficie”. 

Tienes que iniciar sesión para ver los comentarios

Destacados
Lo más leído