Las calles de Nava de Francia han vuelto a ser escenario un año más de una singular tradición en el última jornada del calendario, como antesala de la Nochevieja. Es la celebración de El Perrero, un personaje con túnica, un gran rosario al cuello y un látigo en la mano que recorre la localidad serrano solicitando el aguinaldo. Y a quien no lo conceda, un varazo. Una mañana de algarabía en uno de los momentos etnográficos con más tradición en la provincia charra.

El origen de la Nava de Francia hay que buscarlo durante la campaña repobladora de Alfonso VI de León y su yerno el conde Raimundo de Borgoña, nacido socialmente en la primera década del siglo XII. Poco después, el municipio fue puesto bajo la jurisdicción de la Villa de Miranda del Castañar por la autoridad del rey Alfonso IX, y este mismo rey, siguiendo la tradición de sus antecesores en el reino como benefactores de los monjes al monasterio cisterciense de San Pedro de la Espina, en tierras de Valladolid.

Bien porque hubiera problemas entre Miranda y la abadía de San Pedro, bien porque a Miranda le interesase tener dominio pleno sobre todo el término de Nava, como lo tenía desde 1215 sobre El Cabaco y El Casarito, o bien porque al monasterio vallisoletano no le interesase conservar esta lejana hacienda, el caso es que 43 años después existe un documento por el cual se deduce el cambio de propiedad. Se trata del acto de una reunión celebrada en Tordesillas el 13 de octubre de 1296, a la que asistieron, de una parte, don Abril, Abad de la Espina, y algunos monjes, y de la otra dos vecinos de Miranda, para buscar una solución a un contencioso que sobre la Nava se había planteado desde hacía algún tiempo.

De este documento se puede deducirse que Miranda se había apoderado de la Nava, que el abad había protestado y presentado la credencial de los derechos de propiedad, y para resolver este conflicto se acordó que el monasterio renunciase definitivamente a la propiedad de este lugar, previo pago, por parte de la villa mirandeña, de 200 maravedíes; pequeña cantidad que puede explicarse si anteriormente Miranda hubiera comprado parcela tras parcela, o que ya hubiera comprado el término entero y sólo restaran de pagar los 200 maravedíes, siendo la reunión el trámite formal de la venta ya negociada.

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