(V) De ruta por la Senda del Duero occidental: Aldeadávila-Mieza, por el camino de Unamuno

La quinta ruta de la senda por las Arribes del Duero, de poco más de 13 kilómetros, llega a Mieza, donde se encuentran los miradores del Colagón del Tío Paco y de La Code

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La carrera permite a los atletas disfrutar del impresionante paisaje de Las Arribes
La carrera permite a los atletas disfrutar del impresionante paisaje de Las Arribes

El recorrido entre Aldeadávila de la Ribera y Mieza es una de las 41 etapas que forman parte del Camino Natural Senda de Duero que comienza en la Sierra de Urbión, Soria, y finaliza en Vega Terrón, recorriendo más de 750 kilómetros.

Centrados en la Senda del Duero occidental, son 32 rutas -11 por tierras charras- que parten de Roa-Peñafiel hasta finalizar en la frontera con Portugal, ya en tierras charras.

Quinta ruta de la Senda del Duero occidental en Salamanca: Las Arribes del Duero por el camino de Unamuno

La quinta ruta de la senda por las Arribes del Duero recorre el camino de Unamuno en un trazado de poco más de 13 kilómetros. El camino natural desciende por el valle del arroyo Ropinal, desde Aldeadávila hasta el Río Duero, siguiendo el trazado de un sinuoso sendero que discurre por un bosque mediterráneo de gran biodiversidad. Después, la senda serpentea remontando de nuevo el arribe hasta la penillanura. El duro ascenso es una recompensa para los sentidos por la gran cantidad de miradores sobre el Duero que el sendero ofrece en cada uno de los recodos.

Comenzando en Aldeadávila, conocida como el Corazón de los Arribes desde las visitas que realizó Miguel de Unamuno, la localidad arribeña conserva atractivas construcciones de arquitectura popular y casas blasonadas. El Palacio de don Jerónimo Manuel Caballero, de estilo neoclásico, con su escudo de armas en la fachada es un magnífico ejemplo. También merece una visita la Torre de Aldeadávila. Levantada como alcázar militar en el siglo XIII, conserva de la construcción original una puerta románica en la cara norte, muros de más de dos metros de anchura y cuatro recios contrafuertes dobles. En el siglo XV fue ampliamente reformada y en el siglo XVI se unió con la iglesia parroquial de San Salvador, iniciada como convento de la fortaleza.

Aldeadavila Mieza


La etapa se inicia en la zona alta de Aldeadávila tomando un camino agrícola que discurre entre cortinas bien cuidadas. En el paraje de La Laguna el itinerario cruza la carretera, que da servicio a la subestación eléctrica del embalse de Aldeadávila y al Mirador del Fraile, y continúa por el Camino del Rao de los Pajeros. El paisaje abierto muestra amplios horizontes de rocas poblados por escobas y viejos pastizales cercados por paredes de piedra.

El sendero desciende la ladera por la Rivera de los Rosales y confluye con el antiguo Camino de los Molinos de Ropinal. Un trecho después enlaza con el Camino de la Verde, el antiguo sendero usado por los monjes del convento de Santa Marina de la Verde. Después de pasar un observatorio de aves, emplazado en las proximidades de la Fuente del Mendo, el Camino Natural inicia un pronunciado y serpenteante descenso hasta el Duero. Durante la bajada el planeo de los buitres leonados sobrevolando el arribe sorprenderá gratamente al viajero.

A tramos, la vereda, empedrada con lanchas de pizarra, se convierte en un mirador excepcional del valle del Arroyo Ropinal y su desembocadura en el Río Duero. El Arroyo Ropinal es uno de los muchos riachuelos anónimos que tienen gran importancia en el ecosistema. En sus siete kilómetros de longitud desciende desde la altiplanicie salmantina hasta la confluencia con el río Duero. En este corto recorrido salva un desnivel de más de 450 metros de altitud generando un paisaje único debido a su gran diversidad ecológica. El valle fluvial constituye una espectacular zona de tránsito entre la penillanura y el arribe. Las especiales condiciones de este enclave, como la disminución de la altitud, la temperatura más suave y la mayor disponibilidad de agua junto con la abrupta orografía, propician la existencia de comunidades vegetales muy ricas, capaces de albergar una extraordinaria riqueza faunística.

El descenso se realiza entre la solana y la frescura que baja de la Faya Gorda, un formidable picón situado a la derecha del sendero. Éste transita en continua compañía vegetal pues la vereda está permanentemente flanqueada por los olivos cultivados en bancales, las encinas, las escobas, las cornicabras y los madroños. También aparecen algunos ejemplares de almez, un árbol que se cría en las laderas rocosas, en los barrancos, ribazos y en las laderas secas y soleadas cercanas a los cursos de agua.

Senda del Duero Aldeadávila

Coincidiendo con el kilómetro ocho la Senda del Duero alcanza la carretera de acceso a la presa de Aldeadávila, en la entrada del poblado del Salto de Aldeadávila.

El proyecto de construcción de los Saltos del Duero desbordaba los aspectos estrictamente técnicos o empresariales. Su magnitud y complejidad requerían de una ingente cantidad de mano de obra. Esto, unido al hecho de que los trabajos se efectuaban lejos de los grandes núcleos de población, hizo necesario construir en el entorno de la obra lo que se conoció como poblados. A estos poblados se desplazaban los trabajadores de la presa con sus familiares y habitaban en ellos durante el desarrollo de las obras. Eran verdaderas localidades levantadas de la nada, donde se necesitaba instalar todo cuanto fuera imprescindible para el desarrollo de la vida cotidiana: escuelas, enfermerías, hospitales, instalaciones deportivas —generalmente frontones o campos de fútbol—, iglesias, comedores, cantinas, viviendas y muchos barracones.El poblado del Salto de Aldeadávila fue levantado en el lugar donde se situaba el Convento de Santa Marina de la Verde, un antiguo monasterio franciscano abandonado tras la desamortización de Mendizábal.

La subida a Mieza

El itinerario atraviesa el poblado y abandona la Península del Cuerno de Monte Mediano por un bonito puente de madera sobre el Arroyo Ropinal. El viajero inicia el ascenso a Mieza por la zona umbría del arribe entre los bancales poblados de naranjos, limoneros y frutales.

La subida es exigente pero, las vistas sobre los cantiles del Canada do Cozo, la gran faya que se alza en la orilla portuguesa, y el cañón del Duero compensan el esfuerzo. La vegetación crece abundantemente aprovechando la mayor humedad que le proporciona el angosto cañón en el que se encajona el Duero, y sorprende por su gran variedad: Encinas, quejigos, madroños, arces de Montpellier almeces, perales silvestres, sauces, escobas, jaras blancas, esparragueras e hiedras, distribuidos en rodales dependiendo de la altitud y de la disponibilidad de agua en el suelo.

MIRADOR LA CODE MIEZA


Después de recorrer los parajes de las Olivas del Señor y La Calderera, la Senda del Duero vadea el Arroyo de Santa Marina, un regato que mantiene un pequeño soto entre fresnos y quejigos, con lirios y helechos cerca del agua, y robustas nuezas que trepan por los árboles. El sotobosque está repleto de ombligos de venus, saxífragas, vezas, geranios, ranúnculos de flor amarilla y otras flores diminutas. Es un tramo para recorrer con calma disfrutando de la amenidad y del colorido que el paisaje ofrece. Una vez dejado atrás el último mirador sobre el Río Duero la pendiente se torna suave. Y, el sendero gana paulatinamente anchura hasta desembocar en un amplio camino agrícola.

El Camino Natural gira a la izquierda y entre cerezos, vides y almendros llega a Mieza. Si las fuerzas le acompañan, el viajero puede tomar en la intersección el camino de la derecha y llegar, tras un corto paseo, hasta los miradores del Colagón del Tío Paco y de La Code, uno de los espacios más valiosos del Parque Natural de los Arribes del Duero.

Fuente: La senda del Duero

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