Alba de Tormes vivió este jueves el día grande de las celebraciones del cuarto centenario de la beatificación de Santa Teresa de Jesús a las que puso el broche un original concierto de campanas a cargo de Llorenç Barber. El espectáculo implicó a ocho campanarios de la localidad y se desarrolló de forma simultánea en las 17 ciudades hermanadas por la figura de la Doctora de la Iglesia de la que el año próximo se conmemora el quinto centenario de su nacimiento.

 

Hasta llegar a ese instante, la villa había vivido la inauguración del concurso de dibujo ‘V Centenario STJ’ en el salón multiusos del Ayuntamiento y la ofrenda floral ante la estatua de Santa Teresa, que estuvo marcada por la lluvia. Pese a la climatología adversas, los actos siguieron el programa previsto y junto al busto de la homenajeada también tuvo lugar la entrega de premios  de los certámenes de dibujo y literatura.

 

Por suerte, la lluvia cesó para permitir la salida en procesión de la imagen de la Santa por las calles de la Villa ducal, uno de los momentos más esperados por los albenses que profesan auténtica veneración hacia la figura de esta mujer universal fallecida en la localidad. 
 
El proceso de beatificación
 
Después de todas las informaciones hechas en España (1591-1610) sobre la vida y milagros más la fama de santidad de Santa Teresa, la Sagrada Congregación de Ritos en el Vaticano encomendó a tres auditores de la Rota romana el estudio de todo el material llegado a Roma en marzo de 1613. Mediante dos relaciones se dio un dictamen favorable después del cual dicha Congregación de Ritos emanó un decreto positivo para proceder a la beatificación (14 de abril de 1614).

Mientras que el Papa Paulo V publicó el breve de beatificación (24 de abril de 1614) que comienza con la locución latina “Regis aeternae gloriae”, mediante la que se concedía el permiso para poder dar culto público a la nueva beata, es decir, celebrar la Misa y el Oficio divino en su honor el día de su fiesta (entonces el 5 de octubre de cada año) pero reservando tal facultad primero y sólo para la Orden de frailes y monjas carmelitas y, en especial, para algunos lugares teresianos como es el caso de Alba de Tormes, lugar de su sepulcro, donde cualquier sacerdote y fiel podía gozar de dicha facultad. La facultad litúrgica, posteriormente, sería extendida a toda la Iglesia. 

 
Así resumen las crónicas de la Orden las consecuencias del Breve de beatificación: 
 
“[el Papa Paulo V] despachó el Breve siguiente, en que beatificando a nuestra gloriosa Madre, da licencia para que en todos los conventos de la Religión, y en la villa de Alba, donde está su santo cuerpo, se diga Misa de la Santa, y se celebre su fiesta a los cinco de octubre, en cada un año; aunque después se mudó [1629] a quince, por haberse quitado diez días, que andaban más en la cuenta de los tiempos, que se enmendaron el año en que la Santa murió” (Reforma 4, p.13).   PAULO PAPA V, para perpetua memoria. 
 
 “Teniendo Nos en la tierra, aunque indignos, las veces del Rey de la gloria eterna, que corona con diadema de vida inmortal a sus fieles siervos, por el oficio pastoral que Nos está encomendado, pesa sobre nosotros la obligación de oír las peticiones de los fieles de Cristo, especialmente de los Reyes Católicos, de los príncipes y de las familias religiosas, cuando se ordenan al acrecentamiento del honor y de la veneración debidos a los siervos de Jesucristo, por lo cual de buena gana les hacemos gracia de acoger benignamente sus votos, según que vemos convenir saludablemente en el Señor. Ahora bien, en nombre de todos los amados hijos de la Orden de Carmelitas Descalzos de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo se nos ha hecho relación de que la Fundadora de dicha Orden de Carmelitas Descalzos, Teresa de Jesús, de gloriosa memoria, fue adornada por Dios con tantas y tan eximias virtudes, gracias y milagros, que la devoción a su nombre y su memoria florece en el pueblo cristiano; razón por la cual, no solamente la dicha Orden, sino también Nuestro querido hijo Felipe [III], rey católico de las Españas, y casi todos los Arzobispos, Obispos, Príncipes, Corporaciones, Universidades y súbditos de los reinos españoles, han elevado a nosotros repetidas veces humildes súplicas, pidiéndonos que, mientras la Iglesia concede a Teresa los honores de la canonización, los cuales, atendidos sus grandes merecimientos esperan no ha de tardar mucho en otorgárselos, todos y cada uno de los religiosos de la dicha Orden puedan celebrar el sacrosanto Sacrificio de la Misa y rezar el Oficio de dicha Teresa como de Virgen bienaventurada. 
 
Así pues, Nos, examinada con detención esta causa, por medio de nuestros venerables hermanos los Cardenales de la santa Iglesia Romana, deputados para los Sacros Ritos, a quienes encomendamos su estudio, y oído su consejo favorable a estas peticiones, concedemos que en adelante se pueda celebrar en todos los monasterios e iglesias de la dicha Orden de Carmelitas Descalzos y por todos los religiosos de ambos sexos el Oficio y la Misa de la Beata Teresa como de Virgen, el día de su glorioso tránsito, esto es, el día 5 del mes de Octubre, y que en la villa de Alba de Tormes, diócesis de Salamanca, en el monasterio y en la iglesia en que se guarda el cuerpo de la Beata Teresa, puedan todos los sacerdotes, tanto seculares como regulares, rezar y celebrar el Oficio y la Misa, respectivamente, en honor de la dicha Beata Teresa, según las rúbricas del Breviario y del Misal romanos. 
 
Gracias que, en virtud de Nuestra autoridad apostólica y por las presentes Letras, concedemos a perpetuidad, sin que obsten las Constituciones y Ordenaciones apostólicas, ni cosa alguna en contrario. 

Queremos también que a los traslados de las presentes Letras, aunque sean impresos, firmados por mano de algún notario público, y sellados con el sello de cualquier persona constituida en dignidad eclesiástica, o por el Procurador General de dicha Orden, se les dé la misma fe y el mismo valor, en juicio y fuera de él, que se daría a nuestras Letras, si se mostraran y exhibieran”
 
Dado en Roma, junto a San Pedro [del Vaticano], y con el sello del Pescador, el día 24 de Abril de 1614, año nono de nuestro Pontificado.
 
 

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