La Esperanza guía a una hermandad Dominicana herida por la ausencia de su Cristo de la Buena Muerte
La cruz desnuda del Cristo de la Buena Muerte marca la salida procesional de la Hermandad Dominicana en la madrugada del Viernes Santo
La Madrugada de 2026 quedará grabada en la memoria de los hermanos de la Hermandad Dominicana y de los miles de fieles que abarrotaron las calles de Salamanca. No ha sido una salida más, porque tras el desafortunado accidente fortuito que sufrió el Cristo de la Buena Muerte el pasado mes, la hermandad se enfrentaba al reto de procesionar con una herida abierta, y no solo en su patrimonio.
A las cinco de la mañana, como es tradición, la oscuridad ante las puertas de San Esteban se iluminó con la salida de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, ataviado con la túnica blanca y recibido con una sonora ovación en la plaza del Concilio de Trento, que volvió a congregar a un gran número de fieles.
Los aplausos volvieron a dar paso al silencio, pero no al que precede con devoción la salida del siguiente paso. Hubiera sido el turno para el Cristo de la Buena Muerte. Sin embargo, frente a San Esteban aparecía su cruz desnuda, ocupando el tramo donde habitualmente procesiona el imponente crucificado de talla renacentista.
Una cruz portada por los hermanos de carga, junto a la corona de espinas y los clavos de Cristo. Acompañados, como también era tradición con el conjunto del paso, por bomberos del Ayuntamiento de Salamanca y la banda del Cristo Yacente, sin música, pero siguiendo al improvisado conjunto a modo de apoyo para la hermandad.
Mismo protocolo que con el paso de Jesús de la Pasión para las dos imágenes de las vírgenes, pero la diferencia entre la salida por las puertas de Dominicos de la Piedad y del paso de la Virgen de la Esperanza con su predecesor, es que estas sumaron los aplausos de los salmantinos con el acompañamiento musical del himno de España.
Con las tres imágenes en la calle, la procesión siguió su recorrido habitual hacia la Catedral de Salamanca, con parada en la Rúa Mayor, donde no pudo faltar la visita de la Virgen de la Esperanza a las Siervas de María. Allí, un año más, le dedicaron una oración, aunque esta vez sin la posterior lluvia de pétalos.
A pesar de que el hueco del Cristo de la Buena Muerte ha sido evidente en el cortejo, la Hermandad Dominicana supo llenar ese vacío con una fe renovada y el respaldo incondicional de una ciudad que no la dejó sola en su madrugada más difícil.
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