El crimen del Puente de la Salud: unas joyas, una traición y dos apellidos famosos del hampa

El 1 de mayo de 1981, hace exactamente 38 años y cuatro días, el cuerpo sin vida de María José Miguel Curto, de 22 años, fue encontrado en las inmediaciones del Puente de la Salud, tal y como se denomina a las ruinas del viejo puente por el que hasta los años cincuenta del siglo pasado circulaba la vía férrea hacia Portugal

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El cadáver fue hallado por unos jóvenes que pasaban por allí haciendo ejercicio sobre las 10:00 horas, y dieron aviso a Policía y Guardia Civil. “El cuerpo de la joven cayó presumiblemente desde una altura de 15 0 20 metros. El cadáver, según nuestras informaciones, no presentaba signos de grandes lesiones externas, lo que hace pensar que la causa de la muerte la produjeran las lesiones internas que la caída y el impacto produjeran en la joven”, publicaba en una escueta noticia El Adelanto el 2 de mayo de 1981, que añadía que la Policía Nacional había comenzado las gestiones para el esclarecimiento del crimen.

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Durante los siguientes días y pese a que el suceso había causado honda impresión en la sociedad salmantina, la prensa de la ciudad guardó silencio sobre el caso. Mientras, la atención mediática se la llevaban otros temas, como la investigación del 23-F, el terrorismo de ETA y del GRAPO que arrojaba un muerto al día y la escalada de violencia en Irlanda del Norte, que había desembocado en una huelga de hambre de los presos del IRA y en un nombre, el del militante Bobby Sands, que fallecería de inanición el 5 de mayo de 1981 y cuyo entierro sería portada de los periódicos salmantinos.

El 5 de mayo de 1981, El Adelanto volvía a dar información sobre el ya denominado crimen del Puente de la Salud: “Las diligencias sumariales se desenvuelven en el más absoluto secreto. Tanto la Policía como la Guardia Civil se han negado a aportar datos cumpliendo órdenes del juez instructor del suceso”. Sin embargo, el diario comenzaba a detallar algunos datos relevantes sobre la investigación: “Por las gestiones practicadas se pudo determinar que María José Miguel Curto estuvo en compañía en la tarde del día 30 hasta primeras horas de la mañana del 1 de mayo de unos amigos, llamados Andrés Herrero, José Salvador Hernández, Josefa Romero, Ismenia da Conçeiçao, Manuel Sánchez Alfayate y José Cárdenas Ruiz (…) todos ellos han sido detenidos a excepción de Cárdenas Ruiz y Sánchez Alfayate, que se hallan en ignorado paradero”.

La vida de María José fue segada aquella madrugada de 1981 en los límites de Salamanca. Pero, ¿quiénes eran aquellos jóvenes? 

El origen: un robo de joyas en el paseo de la Estación

Para conocer la historia del crimen del Puente de la Salud hay que remontarse a dos meses antes del asesinato. “Al parecer, las tres jóvenes, Josefa, Ismenia y María José; y los otros cuatro individuos, Andrés, José Salvador, Manuel y José; pertenecían a una banda cuyo cabecilla era el tal José Cárdenas. Estos aprovechaban la impunidad de la noche para perpetrar robos de joyas y objetos diversos en algunos domicilios”, publicó la edición del 7 de mayo de 1981 del periódico ABC, debido a que el crimen de la joven había alcanzado la atención de toda España.

El robo de joyas ocurrió el 3 de marzo de 1981 en una vivienda del paseo de la Estación. A la casa acudieron tres de los cuatro integrantes varones de la banda, que sabiendo que en aquel momento estaba vacía, forzaron la puerta, registraron las habitaciones y se apoderaron de joyas valoradas en 586.500 pesetas de la época, así como de 90.000 pesetas más en metálico. Un suculento botín que el grupo, formado por jóvenes, no sabía cómo colocar.

Tras el robo, todos acordaron marcharse a Portugal para tratar de vender las joyas. Con este fin viajaron en tren a Oporto, donde gracias a familiares de Ismenia, que era portuguesa, pudieron vender parte del botín. “Allí vendieron parte de las joyas para comprar droga y adquirir los billetes de tren para regresar a España. No vendieron la parte que estaba reservada para Manuel Sánchez Alfayate”, recogió El Adelanto en enero de 1982, cuando tuvo lugar el juicio del crimen.

La traición: la desaparición de parte del botín

Las joyas que no se vendieron las guardó Josefa en la habitación del hostal salmantino en el que se hospedaba. La noche del 29 al 30 de abril de 1981 también durmió en aquella habitación María José, que aprovechó que su amiga dormía para hacerse con las joyas. En la tarde del día 30, la joven vendió algunas de las joyas en un negocio de compraventa, obteniendo casi 66.000 pesetas. Sin embargo, Josefa, al darse cuenta del robo, alertó al resto de componentes del grupo, indicándoles su sospecha de que hubiera sido María José.

Finalmente y al verse traicionados, Sánchez Alfayate y Cárdenas planearon la muerte de la mujer.

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La madrugada del crimen

El grupo, María José incluida, ya que no pensaba que Josefa le hubiera contado lo ocurrido al resto, se reunió en la noche del 30 de abril de 1981. “Pasaron algunas horas trasladándose de bar en bar hasta las tres de la madrugada, y es ahí cuando las tres chicas, Alfayate, Cárdenas, Andrés y Salvador se montan en un Seat 131 matrícula de Bilbao y se dirigen al Puente de la Salud”, recogió el mismo medio de comunicación.

En el lugar indicado, Cárdenas mandó que el coche se detuviera. Ordenó a María José que le siguiera a él y a Alfayate, y al resto del grupo les indicó que permanecieran al lado del automóvil “fumándose unos porros”. “La chica, tranquila y fiada de la amistad de sus compañeros, fue acometida estando desprevenida por los dos. Tapándole la boca para que no gritara, la arrastraron hasta arrojarla al precipicio de unos catorce metros que hay entre la plataforma del puente y el suelo rocoso, sobre el que cayó la joven y donde murió a consecuencia de las múltiples heridas momentos después”.

Cometido el crimen, Cárdenas y Alfayate regresaron al coche. Una de las chicas preguntó por María José, sabiendo que algo grave la había pasado, pero nadie acudió a prestarle auxilio. En el juicio se indicó que Alfayate y Cárdenas habían amenazado al resto del grupo con matarles si decían algo a la Policía.

El juicio

Pese a que tanto José Cárdenas como Manuel Sánchez Alfayate negaron haber empujado a María José, señalando que eran consumidores habituales de drogas y que esa noche estaban “inyectados”; su fuga a Portugal cuando tuvieron noticias de que alguno de sus amigos había sido detenido por el asesinato fue difícil de justificar.

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Aunque el juicio, celebrado el 15 de enero de 1982 en la Audiencia Provincial, comenzó con ocho acusados y con una solicitud de penas del fiscal que ascendía a los 125 años de prisión, finalmente fueron condenados a 30 años de cárcel por la muerte de María José Miguel Curto los procesados Manuel Sánchez Alfayate y José Cárdenas Ruiz. La sentencia absolvió del delito de asesinato y del delito de omisión del deber de auxilio al resto de amigos de los dos condenados. Todos ellos, eso sí, fueron condenados por el delito de robo consumado a penas que oscilaron entre los 11 años y 5 meses para Sánchez Alfayate y los ocho meses para una de las mujeres integrantes de la banda. Los dos autores del crimen tuvieron que indemnizar en 2 millones de pesetas a la hija de la fallecida.

Epílogo: el “regreso” de Sánchez Alfayate y Cárdenas

El 28 de mayo de 2001, un hombre asesinó a su mujer delante de sus hijas en un camino de chalés ubicado entre las localidades de Nuevo Naharros y Nuevo Amatos, a pocos kilómetros de Salamanca. El autor de los hechos se dio a la fuga pero fue detenido en Zamora el 30 de mayo. El detenido se llamaba Manuel Cárdenas y era el hermano de José Cárdenas, el condenado en 1982 por el crimen del Puente de la Salud.

En julio de 2003, agentes de la Policía Nacional de Salamanca arrestaron a un vecino de la ciudad acusado de acabar con la vida de dos inmigrantes colombianos en el año 2002 en Madrid. Le apodaban Charly El Viejo y los agentes dieron con él gracias a que utilizó el mismo revólver de los dos asesinatos para atracar una joyería en Salamanca. ¿Su nombre real? Se llamaba Juan Carlos Sánchez Alfayate.


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