Francisco Javier, Raúl y Quique, los tres policías salmantinos que salvaron y le tendieron la mano a un suicida en el Tormes

El pasado 20 de septiembre, estos tres policías se lanzaron al agua para socorrer a un paciente psiquiátrico que se había precipitado poco antes desde el puente de Enrique Estevan. Su rápida actuación permitió darle una segunda oportunidad a aquel hombre. SALAMANCA24HORAS ha hablado con estos agente para conocer otras intervenciones humanitarias que realiza la Policía Nacional en su día a día patrullando las calles de Salamanca

 Policías Comisaría
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Este viernes, la cuenta oficial de la Policía Nacional en la red social Twitter —que tiene más de tres millones de seguidores— felicitaba a los agentes que le salvaron la vida hace unos días a un hombre que pretendía suicidarse tras colgarse de un árbol en un parque público de León. El pasado 20 de septiembre, tres agentes de la Policía Nacional en Salamanca también le salvaron la vida a otro hombre, en este caso un paciente psiquiátrico que se lanzó al agua desde el puente de Enrique Estevan, dispuesto a ahogarse.

Francisco Javier, Raúl y Quique se zambulleron en el río sin dudar para rescatar al varón, en una acción que conllevó un riesgo importante también para su propia integridad, pero que finalmente se resolvió con éxito y sirvió para tenderle la mano a aquel hombre. Para que tuviera una segunda oportunidad. Y es que la Policía Nacional no sólo está en Salamanca para realizar detenciones. En su trabajo diario a pie de calle, los agentes se enfrentan a muy diversas situaciones, muchas de ellas, actuaciones denominadas "humanitarias" como la que tuvo lugar aquel día en el Tormes; son intervenciones que, lamentablemente, en algunas ocasiones no concluyen con final feliz.

Los tres agentes, héroes aquella tarde en el Tormes, comentan a SALAMANCA24HORAS cuáles son las situaciones que de forma habitual tienen que hacer frente. "Desde la colaboración y apoyo a los Bomberos en un incendio, a aplicar primeros auxilios a personas que lo precisen y, lamentablemente, situaciones con riesgo autolítico (conducta suicida) para la persona involucrada. También colaboramos para apaciguar a pacientes psiquiátricos en momentáneo estado agresivo y en la ayuda a personas mayores desorientadas, entre otras", afirman Francisco Javier, Raúl y Quique.

Para estas situaciones, dicen, no existe un protocolo de actuación específico. Como los agentes suelen estar patrullando, habitualmente son los primeros en llegar al lugar del suceso. "En esos casos debemos actuar con la máxima rapidez, porque vidas humanas pueden estar en juego", dicen. El pasado 20 de septiembre, Francisco Javier, que forma parte de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR), se encontraba con otros dos compañeros en la iglesia del Arrabal, a pocos metros del puente Enrique Estevan; mientras que Raúl y Quique conformaban una radiopatrulla —o vehículo Z— que circulaba por la plaza de España cuando entró por radio el aviso de una emergencia en el río. No tardaron mucho en llegar.

"En este tipo de intervenciones límite es el especialista el que marca la pauta. Es decir, en un incendio es el responsable de Bomberos que acuda el que dirige la actuación; y en un incidente sanitario, el médico del 112. Nosotros servimos de apoyo en lo que se nos requiera. Pero aquel día estában solos. Yo fui el primero en llegar junto a otros dos compañeros, que se quedaron en el puente haciéndole indicaciones al hombre que se había lanzado al agua, tratando de que no se hundiera voluntariamente", cuenta Francisco Javier. "Bajé por las escaleras hasta el Paseo Fluvial y allí me quité el cinturón e, instintivamente, me tiré al agua sin saber qué me iba a encontrar, porque pese a que en algunas zonas no cubre más que hasta la cintura, aunque hay lodo y maleza, justo bajo el centro del puente, donde se encontraba el hombre, sí que cubría mucho y había corriente", rememora. "Además, días antes había estado con los GEO mientras retomaban la búsqueda varios cientos de metros río arriba de un chico desaparecido, y ellos habían utilizado una zodiac y trajes de buzo", explica.

Al momento llegaron Quique y Raúl, que también se sumergieron para ayudar a Francisco Javier.  "Escuchábamos voces que desde arriba trataban de dirigirnos hacia el hombre, ya que a ras de agua no se le veía bien. En el puente estaban nuestros compañeros y una aglomeración de gente, por lo que recibimos indicaciones para podernos situar, aunque lo principal era tratar de no hundirnos, porque sólo con lo que pesaban las botas llenas de agua, nos íbamos hacia abajo", cuentan los dos. El hombre no se estaba quieto y trataba de hundirse, aunque se encontraba en aparente buen estado ya que había caído en una zona profunda. "Si llega a tirarse en otro arco del puente hubiera sufrido alguna fractura al no haber el espacio suficiente para amortiguar la caída, y seguramente se hubiera ahogado", explican los agentes.

 Finalmente, y pese a que hubo un forcejeo entre uno de los policías y el hombre, consiguieron sacarle del agua. "Llegué exhausto a la orilla tirando de él. De hecho, me tuvo que agarrar un bombero para poder salir del agua", explica Francisco Javier. "El hombre se encontraba ensimismado, con una nula capacidad de razonamiento en aquel momento. Luego supimos que llevaba puesta la pulsera de ingreso en el Clínico. Había salido de allí y había ido directo a lanzarse", comenta Quique.

"Me quedo con el abrazo que me dio mi hijo de 8 años al verme empapado"

"La máxima en nuestra profesión es no llevarnos el trabajo a casa, porque hay situaciones muy duras. Además, en una ciudad como Salamanca es difícil que, en alguna intervención, no conozcas a alguien involucrado o cercano a la víctima. Psicológicamente hablando, si luego le das muchas vueltas puedes acabar muy mal", indican. Los tres afirman que, en aquel momento de urgencia, no les dio a tiempo a valorar que también estaban poniendo en peligro su propia vida en el rescate. "La mayoría de las veces no se piensa. Vas, actúas y luego, quizás y cuando acabas la jornada, lo meditas".

En todo caso, los tres agentes se muestran satisfechos con la actuación que realizaron para salvarle la vida a aquel hombre. "Tras aquello te sientes bien, aunque siempre con la responsabilidad de saber que se trata de nuestor deber como policías. Además, el apoyo de nuestros compañeros fue muy importante. En Salamanca somos un equipo", afirman.

"Nada más concluir aquella intervención y como estaba totalmente empapado por lo ocurrido, tuve que volver a casa para cambiarme y regresar al trabajo. Me abrió la puerta mi hijo, que tiene 8 años y, a través de la cara de sorpresa que puso, me di cuenta de lo que había sucedido. Él sabe que soy policía, pero no que los policías, en ocasiones, nos lanzamos al río para ayudar a una persona. Sé que al día siguiente se lo contó a todos sus compañeros del colegio. Ese es mi mayor orgullo", finaliza Francisco Javier.

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