El Museo del Comercio obsequia un año más a sus visitantes con la tradicional Cuaresmera

El Museo del Comercio obsequia un año más a sus visitantes con la tradicional Cuaresmera

Andrés Alén es en esta ocasión el ilustrador del calendario, que desde hace tres años lo realizan distintos artistas locales. La Cuaresmera se solía colgar en una ventana de la casa el Miércoles de Ceniza y cada domingo de Cuaresma se le arrancaba una pierna

El Museo del Comercio regala a los visitantes que se acerquen hasta sus salas, desde el jueves día 9 y hasta el domingo 18 de febrero, el dibujo recortable de una Cuaresmera, representación simbólica que se colgaba en los comercios y en las casas para contabilizar el paso de las siete semanas del periodo cuaresmal.

Andrés Alén es en esta ocasión el ilustrador del calendario, que desde hace tres años lo realizan distintos artistas locales.

La Cuaresma, -período de cuarenta días, de ayuno y abstinencia de carne, que precede a la Pascua y que comienza el Miércoles de Ceniza- ya aparece documentada en la literatura francesa del siglo XIII y en Castilla en el siglo XIV por el Arcipreste de Hita en El Libro del Buen Amor.

En el siglo XVII la representación popular de la Cuaresma se generaliza en Centro Europa, en forma de calendario cuaresmal, que representa las siete semanas de Cuaresma.

En España ese calendario es conocido como La Cuaresmera, del que existen múltiples representaciones. Se personifica en la figura de una anciana, realizada en madera o cartón, que muestra los alimentos propios del tiempo de Cuaresma, verduras y pescado. Tiene siete piernas que representan las siete semanas cuaresmales, símbolo de los días de ayuno del Señor en el desierto. Existen multitud de representaciones de ella.

La Cuaresmera se solía colgar en una ventana de la casa el Miércoles de Ceniza y cada domingo de Cuaresma se le arrancaba una pierna. El Domingo de Pascua de Resurrección se serraba o quemaba con la última pierna que le quedaba y se celebraba ese día de júbilo con una suculenta comida en la que de nuevo hacía su presencia la carne en forma de cordero, embutidos u hornazo.

La Cuaresmera se exhibía además en los escaparates de los comercios y ultramarinos para anunciar la venta de bacalao en salazón, protagonista en el tiempo de vigilia cuaresmal, por ser el único que llegaba a Castilla -conservado en salazón- y que mostraba gran variedad en su preparación.

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