Irene Mateos/ SALAMANCA INTERCULTURAL

Alfonsina, una luchadora innata

Alfonsina
Alfonsina, una luchadora innata

Nació en Guinea Ecuatorial hace 36 años y lleva viviendo en Salamanca desde 2016. Su dura historia es una muestra de hasta dónde puede llegar una madre por su hija

Alfonsina nació hace 36 años en Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial. Allí creció junto a sus padres y sus hermanos, siendo ella la más pequeña de la familia. Desde su infancia, como cualquier niña, se formó acudiendo a la escuela. Posteriormente, quedó embarazada de su primera hija, por lo que cesó sus estudios para dedicarse a su cuidado y a la búsqueda de empleo.

Alfonsina trabajó en todo aquello que se le presentaba, mientras que, al mismo tiempo, continuaba formándose y cuidando de su familia. “Allí trabajaba haciendo de todo, especialmente en restaurantes. Después de esto, hice un curso de limpieza y empecé a trabajar en un hospital policlínico. Mientras tanto, salió un curso del mismo hospital para aprender a trabajar en el laboratorio, al que me apunté y aprobé también, pero, después, cuando ya tenía mi diploma y podía empezar a trabajar de eso, al no tener gente conocida que me enchufase, porque así iban las cosas, no tuve la oportunidad”, ha relatado.

Durante estos años, con el paso del tiempo, Alfonsina dio a luz a otra tres niñas, de las cuales la más pequeña, Sonia, nació con dificultades auditivas. Por ello,siguiendo el consejo de su médica, decidió venir a España. “Vine por ella, ya que, cuando Sonia tenía dos años, su doctora me dijo que tenía dos opciones si quería que operasen a mi hija y que por lo menos pudiese oír y hablar algo, con ayuda de la lengua de signos. Esas dos opciones eran irme a Cuba o venir a España. Me aconsejó venir a España, ya que, según ella, que era cubana, en Cuba la vida era muy dura, y más para ir sin nada, por un motivo como el mío”, ha declarado.

Así, en el año 2016, Alfonsina y su hija llegaron a España con la esperanza de poder realizar la intervención médica necesaria. “No pude venir hasta que Sonia tuvo siete años, porque para llegar aquí hace falta hacer mucho papeleo y tener mucho dinero, tienes que ir ahorrando mes a mes, todos los días”, ha explicado

- ¿Cómo fue el proceso de adaptación al llegar a España?

- “Es muy duro venir aquí. Cuando llegas todo está bien, si has traído un poco de dinero, como era mi caso, que estuve ahorrando durante mucho tiempo, pero, cuando se te acaba ese dinero que traes, ahí empieza todo, empiezan los problemas, porque debes comer, y encontrar trabajo es muy difícil.

Además, de mis hijas, aquí solo tengo a Sonia, y me gustaría tener a las cuatro, ya me gustaría... Tuve que dejar a mis otras tres hijas allí, con mi familia y, aunque sé que están bien, lo llevo muy mal, porque sólo las puedo llamar de vez en cuando. Ahora llevo ya casi un mes sin hablar con ellas y, en fin... A parte de que ellas son pequeñas y cada vez que hablamos me preguntan: ¿cuándo vas a volver?, ¿por qué no nos llevas contigo?, si no hay trabajo vuelve... Aún no entienden que aquí no es como Guinea, que es muy difícil el trabajo y tener dinero para que vengan, que hay que tener paciencia”.

- ¿Por qué Salamanca?

- “Vine directamente a Salamanca, porque es donde vive mi sobrina. Cuando llegué estuvimos viviendo juntas un tiempo, pero las cosas no salieron según lo previsto y al final cada una tuvo que atender a lo suyo”.

- ¿Qué opinas de la ciudad?

- “No sé, no conozco muy bien Salamanca, llevo poco aquí. Como ciudad es muy bonita, pero lo que veo es que no hay trabajo, es muy difícil vivir aquí. Llevo casi dos años viviendo y buscando trabajo y no lo consigo”.

Cuenta cómo echa en falta la amabilidad y la familiaridad de las personas, de los vecinos; el poder contar con una red de apoyo a la hora de realizar las tareas cotidianas sin que nadie espere nada a cambio. Percibe bastante individualismo en las personas. “Con la niña me cuesta mucho trabajar aquí también, porque si consigo trabajo tampoco puede ser a jornada completa, ya que tengo que dedicarle tiempo a ella para la logopedia. Hay días que tiene que mañana y tarde y claro, es muy complicado, tienes que tener a alguien ahí contigo que te ayude o que esté su padre contigo, tu madre, tus hermanos... En Guinea yo no tenía ese problema, mi vecina cuidaba de mis hijas cuando hacía falta, ni siquiera tenía que pedírselo, era algo normal. Ella sabía que trabajaba y que no podía cuidarlas y que, cuando lo necesitase, yo cuidaría de las suyas. Aquí todo el mundo va a lo suyo, no hay esa comprensión que tenemos en Guinea. Allí lo poco que tenemos todos, lo compartimos con los demás, y así nos mantenemos”, ha detallado.

Sobre si en el futuro le gustaría regresar a Guinea Ecuatorial, Alfonsina expresa que no descarta la idea de volver , pero de visita, para poder reagruparse con su familia y traer a sus tres hijas consigo de vuelta. Cuenta como, a pesar de que aquí la vida tampoco es fácil, allí ya no tiene nada seguro, por lo que desea probar suerte en España para trabajar, crecer como persona y que sus hijas crezcan junto a ella también.

“Aquí es difícil vivir sin trabajo, pero es que allí vives con lo que puedas, con lo que hagas. Al gobierno ni a nadie le importa como des de comer a tus hijas, como las matricules en el colegio... Yo tenía que empezar a guardar dinero desde que empezaba el año hasta que finalizaba para poder tener dinero cada año para matricular a mis hijas. Nunca te van a dar ningún tipo de ayuda, no hay facilidades. A parte la comida es muy difícil de comprar, es cara y tienes que ir cada día al mercado. Aquí tú tienes 5 euros y comes, pero allí no puedes comer con 5 euros. Aquí hacer la compra una vez a la semana o cada dos, cuando quieras», ha explicado.

“Además, si vuelvo, ya no podría trabajar donde estaba trabajando antes de venirme, porque la empresa ha cambiado de dueño y está despidiendo a los trabajadores para contratar a su gente, y yo no soy su gente... ¿Dónde voy a ir? Ya no tengo nada allí... Prefiero ver cómo se soluciona aquí, encontrar trabajo y trabajar. Para volver a Guinea tengo que tener algo en la mano, algo seguro... Ir a montar algún negocio, hacer algo, pero ir así, sin nada... No. Cuando pueda volver de visita sí. Ahora mismo no, porque si no tengo trabajo a ver de dónde saco el dinero, primero tengo que traer a mis hijas. Cuando ya estén aquí mis hijas ya podré estar tranquila y hacer lo que quiera, pero mientras que no estén...”, ha señalado.

Por último, en cuanto a si tiene algún mensaje o conclusión que desee transmitir, Alfonsina deja este importante mensaje y nos invita a todas las personas que así lo deseemos a conocer su tierra, Guinea Ecuatorial, para la que sólo tiene buenas palabras: “Decirle a la gente que ve a los inmigrantes con otros ojos que cada uno viene de una familia diferente, de una casa diferente, de un país diferente. Es muy triste ver cómo comentarios sobre noticias de ahora fomentan el odio hacia los inmigrantes. En cuanto alguien hace algo malo, a las personas no les importa nada, sólo ven el color de la piel. Hay de todo, malas personas y buenas las hay en todas las partes. No por una mala experiencia con una significa que vayamos a ser todas iguales.”

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