ESPONDILITIS ANQUILOSANTE

Las nuevas técnicas han permitido reducir el tiempo medio de diagnóstico de 8 a 2 años y medio

Las nuevas técnicas han permitido reducir el tiempo medio de diagnóstico de 8 a 2 años y medio

Para la presidenta de la Asociación Salmantina de Espondilitis Anquilosante se trata de un “éxito” para las personas que padecen esta enfermedad y ha insistido en la importancia de la detección precoz y de seguir un tratamiento adecuado

Hasta hace uso años, el tiempo medio de diagnóstico de la espondilitis anquilosante era de unos ocho años, pero gracias a las nuevas técnicas y criterios diagnósticos se ha conseguido reducir este tiempo hasta los dos años y medio, según se desprende del ‘Atlas de Espondiloartritis Axial en España 2017: radiografía de la enfermedad’ realizado por la Coordinadora Española de Asociaciones de Espondiloartritis (CEADE), la Universidad de Sevilla y el Instituto Max Weber, en colaboración con la Sociedad Española de Reumatología y Novartis. Se basa en los resultados de la mayor encuesta global realizada a pacientes con espondiloartritis axial, en su mayoría con espondilitis anquilosante (EA), a nivel nacional.

Para la presidenta de la Asociación Salmantina de Espondilitis Anquilosante (ASEA), Pilar Hierro, este avance en el diagnóstico de la enfermedad es un “éxito total” para las personas que padecen esta enfermedad. Y es que, según el Atlas de esta enfermedad, el retraso en el diagnóstico repercute en el daño estructural y en la pérdida de calidad de vida que produce la espondilitis anquilosante sobre los pacientes.

Del mismo modo, Pilar Hierro ha insistido en la importancia de la detección precoz y de seguir un tratamiento adecuado. “La enfermedad, en un principio, evoluciona muy lentamente y, si no se empieza a tratar de manera pronto y de manera adecuada, la gente se queda rígida”, ha explicado la presidenta de ASEA, quien ha recalcado que esto ya es menos frecuente debido a que, “al bajar el tiempo de diagnóstico, como la enfermedad tiene un curso lento, no se da tiempo a que genere ese la fusión de las vértebras”.

Del mismo modo, se ha referido a los avances farmacológicos, las terapias biológicas, que han contribuido a mejorar la calidad de vida de los pacientes de espondilitis anquilosante, junto con algunas pautas como hacer ejercicio.

La detección precoz, clave para frenar la espondilitis anquilosante

Uno de los factores clave para frenar la progresión de la enfermedad y el daño estructural es su detección precoz, según apunta el Atlas de Espondiloartritis Axial. “El retraso diagnóstico influye negativamente en la sintomatología que presentan los pacientes, que hace que se vean limitados en actividades cotidianas como hacer deporte, limpiar su casa o conducir y que les obliga a bajar la frecuencia con la que realizan viajes, acuden a bares o restaurantes o mantienen relaciones sexuales”, desvela el estudio.

Pilar Hierro ha explicado que “a medida que progresa la enfermedad, se produce una limitación de la movilidad severa y bastante grave” por ello, ha insistido en la necesidad de tratarlo a tiempo. En este sentido, ha destacado la importancia de diferenciar entre dolor mecánico e inflamatorio. “En el momento en el que se tiene un periodo de dolor de espalda mayor de tres meses que no te deja descansar, es el primer punto de alarma para acudir al médico de familia”, ha explicado que muchas personas lo confunden con una lumbalgia. Se distingue, según ha señalado, porque la espondilitis anquilosante hace que el dolor de espalda sea más intenso en momentos en los que la persona permanece inactiva. “El dolor nos despierta por las noches, no podemos descansar tranquilamente en la cama”, ha asegurado.

Según la presidenta de ASEA, “con unas sencillas pruebas se puede identificar si se trata de una enfermedad de tipo inflamatorio o mecánico”. “El diagnóstico es fácil”, ha subrayado Hierro y ha señalado que se puede saber mediante una exploración física en la que el médico valore la limitación del movimiento, sobre todo, en la flexión y rotación de la columna; mediante unas pruebas radiográficas; realizando una resonancia magnética de columna, donde se ve las zonas de actividad metabólica para identificar dónde está el proceso inflamatorio y mediante unas pruebas físicas de laboratorio.

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