Los 34 salmantinos del campo de concentración de Mauthausen

Los 34 salmantinos del campo de concentración de Mauthausen

Este 8 de agosto se cumplieron 80 años de la apertura del campo de concentración nazi de Mauthausen. En él fueron asesinadas 300.000 personas, entre ellas más de 4.000 españoles, 34 salmantinos incluidos. 

El final de la Guerra Civil Española, con el triunfo de los sublevados, supuso para muchas personas del bando derrotado el comienzo de un periodo de penurias. Al menos medio millón logró abandonar el país y marchar al exilio francés. Sin embargo, la ocupación del país galo por las tropas de Hitler a partir de junio de 1940 derivó en la persecución de los exiliados españoles por parte de las fuerzas alemanas.

Los republicanos españoles apresados por los nazis fueron, en primer lugar, recluidos en las cárceles de las ciudades ocupadas de la Francia de Vichy. Cuando los alemanes mostraron a las autoridades españolas la lista de los republicanos que habían detenido gracias al régimen colaboracionista francés, el ministro Serrano Suñer afirmó: «No hay españoles fuera de España».

Ante tal desamparo, en los años siguientes los españoles fueron deportados a los campos de concentración repartidos a lo largo y ancho del Tercer Reich. Allí, marcados en sus uniformes de presidiarios con un triángulo azul que agrupaba a los apátridas, fueron empleados como mano de obra esclava y con fines para la experi-mentación médica. Su condición de «súbditos de nadie» se cumplió a rajatabla, porque nadie se preocupó de ellos durante su reclusión en los campos, pero tampoco nadie acudió a rescatarlos cuando fueron liberados en 1945 y ningún país se presentó voluntario para acogerles, pese a que, evidentemente, ya no eran tantos. El número de españoles que estuvieron recluidos en los campos nazis —y de los que hay constancia documental— asciende a 9.328. De ellos murieron 5.185, sobrevivieron 3.809 y figuran como desaparecidos 334.

En la Alemania nazi eran conocidos como Rotspanienkämpfer o combatientes de la España roja y, de los primeros en llegar a los campos, murieron la gran mayoría debido a las durísimas condiciones de trabajo (Vernichtung durch Arbeit o «exterminio por trabajo» lo llamaban los nazis), pero a partir de 1943 y con tantas bajas alemanas en el frente oriental, esta mano de obra comenzó a ser más importante, por lo que la aniquilación de los prisioneros no judios dejó de ser un gran objetivo.

Según el informe del Ministerio de Cultura, en cuya elaboración participó el historiador nacido en Salamanca Benito Bermejo, 34 salmantinos fueron deportados a los campos durante la II Guerra Mundial. Un total de 16 fueron liberados por los aliados y el resto murió durante su horrible cautiverio. La mayoría permaneció re-cluida en Gusen, dependiente de la maquinaria asesina del terrible campo de concentración de Mauthausen, situado cerca de Linz (Austria). Inicialmente había un sólo campo en Mauthausen, pero con el tiempo y el transcurrir de la guerra el lugar se expandió hasta convertirse en uno de los complejos más grandes de Europa, con más de 50 subcampos localizados por toda Austria y el sur de Alemania.

Según la investigadora Susana Luengo, «más de la mitad de estos salmantinos morirían tras largas agonías, víctimas del hambre, las enfermedades, los trabajos forzados y las torturas sufridas, o directamente me-diante la eliminación en las cámaras de gas». De la mayoría de víctimas poco se sabe, meras estadísticas, en-tre ellas la juventud que atesoraban al morir —los más mayores tenían en torno a 45 años— su lugar de pro-cedencia y el campo al que fueron deportados, la mayoría a Gusen, pero algunos murieron en Hinzert (Re-nania), en Dachau (Baviera) en el trístemente célebre Bergen-Belsen (Baja Sajonia), campo en el que pereció Ana Frank; o fueron gaseados en el castillo de Hartheim (Austria).

Pablo Agraz, superviviente gracias a su complexión física y a su pasado como boxeador

Entre los salmantinos que sobrevivieron a los campos nazis, la historia de Pablo Agraz Alonso ha podido ser rescatada y preservada. Nacido el 17 de mayo de 1908 en Salamanca. Tras la muerte prematura de su padre, toda su familia se trasladó a Madrid, instalándose en el barrio de Atocha. Durante la II República formó parte del cuerpo de Carabineros y, con el estallido de la guerra, sus inquietudes políticas le llevaron a alistarse en el ejército popular. Al final de la contienda se exilió a Francia y en junio de 1940 fue hecho prisionero, siendo transferido en agosto a Mauthausen. Realizó diversos trabajos en la cantera de Wiener Graben, princi-palmente como adoquinero. Fue trasladado al subcampo de Gusen el 17 de febrero de 1941; un año después retornó al campo principal y fue liberado el 6 de mayo de 1945. Sobrevivió a los campos, probablemente, por su complexión física y por haber practicado boxeo en su juventud, pues en Mauthausen los boxeadores recibían alguna ración extra de comida, ya que los SS disfrutaban y apostaban en los combates que ellos mis-mos organizaban entre los deportados. En la primavera de 1963 falleció en París como consecuencia de las secuelas físicas que le dejaron los años de internamiento. 

Celestino Alfonso, el carpintero de Ituero, héroe de la Resistencia Francesa

La historia de Celestino Alfonso es sumamente curiosa, ya que es considerado un héroe de la Resistencia Francesa. Nacido en la localidad salmantina de Ituero de Azaba y carpintero de profesión, emigró a Francia a principios de los años treinta. Sirvió como voluntario en el Ejército Republicano en España y, de vuelta en francia, fue confinado al campo de concentración de Saint-Cyprien, del que logró fugarse. En mayo de 1942 entró en la Resistencia Francesa, concretamente en el movimiento de Francotiradores y Partisanos Franceses (FTPF). Conocido con el alias de Pierrot, Alfonso formó parte del Grupo Manouchian y participó en cerca de un centenar de acciones armadas y sabotajes contra las SS y el ejército alemán. Su grupo asesinó al general Ernst Von Schaumburg, comandante de la zona de París y, en septiembre de 1943, al coronel de las SS Julius Ritter. Celestino Alfonso sería detenido en octubre de 1943 y fusilado en el fuerte del Mont Valérien en París, el 21 de febrero de 1944, con los otros 22 miembros de su comando. En ese mismo emplazamiento, el 21 de febrero de 2014 el presidente francés, François Hollande, rindió a Celestino Alfonso un homenaje especial en el 70 aniversario de su muerte.

Celestino Alfonso

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