El crimen del hostelero: las dos muertes del señor Silguero

El crimen del hostelero: las dos muertes del señor Silguero
El crimen del hostelero: las dos muertes del señor Silguero

En marzo de 1979 un luctuoso crimen conmocionó a los salmantinos. Cuatro años después, la historia se repitió

En 1979 se celebraron, justo como ocurrirá cuarenta años después, elecciones generales y municipales en España. Las primeras tuvieron lugar el 1 de marzo y depararon que la UCD de Adolfo Suárez barriera a sus rivales, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta. Las segundas, celebradas el 3 de abril, auparon en Salamanca a un alcalde socialista. Entre votación y votación, un terrible suceso ocurrido el 17 de marzo en pleno centro de la ciudad conmocionó a los salmantinos y marcó aquellos días.

Poco después de la una de la madrugada de aquel sábado de marzo, una ambulancia de la Cruz Roja trasladó al Clínico a Jesús Silguero Honorato, propietario por aquel entonces de la cafetería restaurante La Posada, establecimiento con solera de la ciudad, situado en la calle del Aire, junto a la plaza de Santa Eulalia. El hombre había sido hallado gravemente herido en el portal de su casa, que se encontraba en la misma calle e ingresó cadáver en el Complejo Asistencial. 

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"El señor Silguero, que contaba 55 años de edad y estaba soltero, llegó a su casa, cuya puerta le abrió el sereno hacia la una y media de la madrugada. En el portal le esperaba, al parecer, un joven armado, que disparó sobre el empresario, produciéndole una herida en el vientre, a consecuencia de la cual falleció antes de ser ingresado en el hospital", publicó El País en su edición del 18 de marzo de 1979. "Jesús Silguero fue herido mortalmente por un solo disparo de escopeta de cañones recortados, en el número 1 de la calle del Aire. Uno de los vecinos salió inmediatamente a la escalera. Cuando llegó al descansillo, entre el portal y el primer piso, pudo darse cuenta de que en el portal había un individuo que, al advertir que alguien bajaba por la escalera, le amenazaba intimidándole a no aproximarse", contó por su parte El Adelanto.

Pese a que el agresor escapó con la recaudación del restaurante que llevaba la víctima, unas 140.000 pesetas; el vecino pudo ofrecer sus características físicas a la Policía Nacional: alto, más bien delgado, con abundante pelo rizado y oscuro. Gorro y cazadora. La investigación, por su parte, pudo comprobar que el asesino del señor Silguero estaba agazapado, oculto en la penumbra del portal, esperando a su víctima, que recibió un disparo mortal que le perforó la femoral. 

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Rápidamente, los agentes iniciaron los interrogatorios a las personas que profesionalmente convivían con Jesús Silguero, que era soltero y residía con su madre. "Como todo el mundo sabe en Salamanca, La Posada es un establecimiento frecuentado por muchísimas personas, unas habituales y otras, clientes ocasionales. Esto hace difícil fijar la atención en alguien que últimamente hubiera frecuentado el local en horas del día o de la noche", relataba El Adelanto, mientras se celebraba un multitudinario entierro en la iglesia de San Juan de Sahagún, que "no pudo acoger a los millares de salmantinos que acudieron a testimoniar su condolencia a la familia, como su repulsa por un hecho tan criminal". 

Y seguía el desaparecido diario: "Jesús vivía prácticamente las veinticuatro horas del día tras el mostrador desde los años cuarenta, en los últimos años del hambre (...) Así, día a día, siempre en el tajo, dispuesto para atender a todos, cruzando conversaciones con todos, ya fueran asiduos o novatos". La pérdida fue dura para todos los que le conocían.

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La segunda muerte del señor Silguero

El caso de la muerte de Jesús Silguero nunca se cerró y a día de hoy sigue constituyendo un misterio, pero cuando Salamanca pasaba página cuatro años después, la muerte volvió a tomarse algo en La Posada

El 5 de septiembre de 1983, la historia se repitió de nuevo. Si en el 79 el entonces propietario del negocio fue acribillado en el portal de su casa; aquel año fue su sobrino y también regente del establecimiento el que falleció de la misma manera. José Alonso Silguero, de 42 años, regresaba a su domicilio a las doce y media de la noche después de su jornada de trabajo cuando un individuo se acercó a él en la avenida de Federico Anaya y, sin mediar palabra, le disparó dos veces con una escopeta que, al igual que en el asesinato de su tío, también tenía los cañones recortados.

Los disparos también alcanzaron a otra persona que circulaba en coche por la citada avenida de la ciudad, produciéndole la pérdida de un ojo. El autor del suceso, eso sí, se entregó posteriormente en la Comisaría de la Policía nacional. El homicida era Isidro Álvarez Limón, de 54 años y, curiosamente, antiguo picador que había trabajado para diversos matadores de toros, entre ellos Curro Romero. 

A la Policía le dijo que lo había hecho por celos, ya que, según él, estaba muy claro que el fallecido y la mujer de Isidro, con quien tenía cinco hijos, habían mantenido una relación sentimental que había derivado en el fin del matrimonio. Ella se había marchado a Sevilla y él había decidido vengarse.

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"Sabía que estaban liados y eso me provocó un trauma"

En el juicio, celebrado el 19 de octubre de 1984 en la Audiencia Provincial de Salamanca, el antiguo picador aseguró haber visto a ambos cogidos del brazo y besándose. "Sabía que estaban liados y eso me provocó un trauma enorme", dijo. Sin embargo, conocidos de Silguero negaron tajantemente la existencia de aquella relación. La hipótesis de los celos fue rechazada por aquellos que conocían al hombre juzgado, y fueron muchos, según los periódicos de la época, los que pensaron que "detrás de aquella explicación había algo más". 

A lo largo de la vista oral, la defensa de Isidro alegó que el hombre sufría un trastorno mental transitorio y embriaguez en el momento de cometer los hechos. "Esa noche estuve en el Kelly, en el Monza, volví de nuevo al Kelly y después al Lareira y a otros muchos bares. Bebí whisky, anís y otros tipos de alcohol", le dijo al tribunal que le juzgaba. 

Finalmente, el Alto Tribunal condenó al acusado a la pena de 30 años de reclusión por un delito de asesinato e imprudencia temeraria, y a otra de 3 años por tenencia ilícita de armas. Los trabajadores de La Posada conformaron entonces una cooperativa para poder continuar en sus puestos de trabajo.

Otros crímenes publicados: El crimen de Fuentes de OñoroEl crimen del pianista, El crimen del cura de Galisancho, El crimen de la sindicalista, El crimen de la Catedral Nueva, El crimen de Cespedosa, El crimen de la doctora Ginel, Crimen y Castigo en Salamanca, El crimen de Arapiles, El crimen de Castellanos de Villiquera, El crimen de Tardáguila, El crimen de La Hoya

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