Competición y formación, de la mano del tenis de mesa

Competición y formación, de la mano del tenis de mesa

Que los deportes minoritarios tienen más problemas para salir adelante es algo evidente y dentro de ellos, quizás, ni siquiera se recuerde el que aquí nos atañe. Su nombre, incluso, se conoce más por su versión inicial, la que proviene de China. El ping pong para la mayoría de la sociedad, tenis de mesa para sus aficionados, es algo muy sacrificado que poco tiene que ver con el resto de deportes de raqueta, aunque se emparente en muchas ocasiones.

Como todos los juegos, la técnica es lo primero, pero quien opine que el tenis de mesa no es algo físico se equivoca. De hecho, baste ver que un partido de tenis es fácilmente aguantable durante las horas que dure, algo que parece imposible en el de mesa, donde una hora es extenuante. La zona de juego es mucho más pequeña, es cierto, pero eso no implica menor movimiento. Desplazamientos cortos y muy explosivos. Ejercicio anaeróbico contra aeróbico. Prueben el que más les cansa.

La técnica, comentada antes, también es muy diferente. La importancia radica en el tenis de mesa en golpear antes la pelota con movimientos de brazo muy cortos, todo lo contrario que el tenis donde el recorrido del brazo es muy amplio. Esta primera pauta sencilla se convierte en complicada cuando hablamos de los tipos de golpes. Derecha, revés, smash… ¿Se les ocurre alguno más? Puede que sí pero seguro que no todos. Hasta ocho golpes básicos tienen que aprender los jóvenes que ven en el tenis de mesa su entretenimiento y deporte favorito. Solo básicos.

Esto es lo primero que los alumnos de Gossima aprenden en un periplo que si lo tomas, ya no lo dejas. El tenis de mesa engancha desde que aprendes a coger la pala pese a las limitaciones con las que cuenta el Club, uno de los cuatro con los que cuenta Salamanca. Su lugar de entrenamiento es el pasillo del pabellón de La Alamedilla y solo pueden hacerlo cuando les dejan. Esto, a pesar de contar con 30 jugadores en competición y unos 50 en escolares.

Pese a este pequeño lugar de entrenamiento, con mesas que ellos mismos tienen que montar, y el bajo presupuesto, poco a poco el tenis de mesa crece en Salamanca. Solo Burgos, a nivel regional, con un equipo profesional es claramente superior a los charros, que compiten a nivel estatal. De hecho, infantiles del Club están jugando en División de Honor. Imagínense a un chaval de 14 años jugando al fútbol con gente de 19. Inconcebible.

El esfuerzo de los propios deportistas y sus familias es encomiable. Los desplazamientos a los diferentes campeonatos, que tienen lugar durante todo el año deportivo, desde septiembre a junio, corren de su cuenta. Son muchas horas perdidas, o ganadas mejor dicho, para divertimento y formación de sus hijos.

Y es que el tenis de mesa “forma como ningún otro deporte”, como afirma Miguel Beltrán, entrenador del Club Gossima Luis Beltrán, que recibe el nombre en honor a su hermano. La parte más destacada es el punto de vista psicológico ya que se deben tomar decisiones en décimas de segundo. Se piensa mucho y se actúa rápido. “Es una reacción mental y física que no existe en otros deportes”. Desde el prisma de la diversión, además, es muy participativo y también enseña a esforzarse y competir. “No hay más factores que tú, el rival y la pelota. Si pierdo, lo hago por mi culpa y no por la del otro. Es un deporte individual que hace aprender de tus propios errores”, concluye.

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