Una vida más difícil, con menos oportunidades

Una vida más difícil, con menos oportunidades

La Fundación Encuentro explica en su ‘Informe España 2014’ que el descenso de la capacidad económica de las familias ha producido un cambio en las condiciones de vida en varios sentidos: un mayor esfuerzo para cubrir las necesidades básicas, sobre todo las de vivienda; un menor acceso a servicios y actividades relacionados con el ocio y la cultura; menor cobertura de derechos básicos por parte de los servicios públicos en educación, sanidad y vivienda, que se puede observar en el aumento de los gastos asociados a la enseñanza, los medicamentos y el piso o residencia. 

Ha crecido el porcentaje de renta que debe dedicarse a gastos relacionados con necesidades básicas, por el aumento de su coste y por el descenso de renta, que, en general, ha supuesto una disminución continuada en la capacidad de gasto de los hogares (un 3,7% en 2013, un 14,3% desde el comienzo de la crisis). Los únicos gastos que suben son los alquileres, otros servicios relacionados con la vivienda y los medicamentos y productos farmacéuticos (9,2%). El mayor porcentaje de gasto está dedicado a “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles”, que se ha mantenido constante en este período y que supone más del 33% del presupuesto familiar, cuando en 2007 era del 25%.

El gasto medio por hogar, en valor absoluto y sin tener en cuenta el efecto de la inflación, ha descendido entre 2007 y 2013 en todos los grupos, excepto en “Vivienda” y “Enseñanza”. Los mayores descensos puntuales se han producido en “Mobiliario, equipamiento del hogar y gastos corrientes de conservación” y en “Artículos de vestir y calzado”. Junto a estos grupos, han sufrido descensos de más del 30% “Transportes”, “Hoteles, cafés y restaurantes” y “Ocio, espectáculos y cultura”. 

El descenso del gasto ha sido menor (-8%) en los productos alimenticios y bebidas no alcohólicas, pero hay que tener en cuenta que se ha producido un importante descenso en el consumo en unidades físicas de algunos productos básicos. También se han producido importantes descensos en los consumos energéticos de las viviendas en unidades físicas. Ante la disminución de la renta y el aumento de los precios, los españoles han optado por reducir en la medida de lo posible el consumo energético de sus hogares.

La pobreza energética es uno de los fenómenos más importantes a los que se enfrentan los hogares. Un hogar está en situación de pobreza energética cuando es incapaz de pagar una cantidad de servicios de energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas o cuando se ve obligado a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar la factura energética de su vivienda. Las consecuencias de esta situación son variadas, incluyendo efectos sobre la salud física y mental, que pueden llegar a la mortalidad prematura de personas mayores. Además, habitualmente se observan temperaturas inadecuadas de la vivienda, degradación de los edificios, emisiones incorrectas, etcétera. 

En España, se ha calculado que el 10% de los hogares era incapaz de mantener su vivienda con una temperatura adecuada durante los meses fríos o estaba dedicando un alto porcentaje de sus ingresos para satisfacer sus necesidades básicas (calefacción, refrigeración, cocina, iluminación o agua caliente sanitaria). Esto supone alrededor de cuatro millones de personas, con un sesgo importante hacia las personas desempleadas.

“Los recortes gubernamentales en sanidad y educación se ven acompañados de una mayor dependencia de los servicios públicos. La disminución de la renta ha provocado que los servicios médicos extrahospitalarios desciendan y que los gastos de enseñanza se incrementen. Las subidas de tasas universitarias dificultan el acceso a la educación superior de familias de clases medias y trabajadoras, cuando supone la forma de adquisición del capital cultural, las oportunidades vitales y la mejora de condiciones de vida”, concluye el informe.

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