“En Estados Unidos hay más medios para investigar pero en formación no tenemos nada que envidiar”

“En Estados Unidos hay más medios para investigar pero en formación no tenemos nada que envidiar”

El físico salmantino Carlos Hernández encara la recta final de su estancia en el Joint Institute for Laboratory (JILA) de la Universidad de Colorado en Boulder. Gracias a una beca europea Marie Curie tiene la oportunidad de desarrollar su investigación sobre generación de rayos X mediante láseres intensos en uno de los centros de investigación más prestigiosos de Estados Unidos, donde trabajan varios premios Nobel, y a partir del mes de junio regresará para continuar su trabajo en la Universidad de Salamanca.

Hace pocos días pasó por su ciudad y en una entrevista concedida a DiCYT repasó su experiencia personal y profesional, comparando diferentes aspectos de la ciencia española y estadounidense. “La principal diferencia a la hora de investigar son los medios, allí tienen más, pero hay que tener en cuenta que estoy trabajando en el JILA, un centro de referencia”, comenta.

El Grupo de Óptica Extrema de la Universidad de Salamanca, al que pertenece, colabora habitualmente con los físicos americanos y en los últimos años ha firmado junto a ellos destacados trabajos sobre radiación X obtenida mediante pulsos de láser tan cortos que se miden en attosegundos. Un attosegundo es la trillonésima parte de un segundo (10-18 segundos o 0.000 000 000 000 000 001 segundos).

Mientras que los rayos X que se emplean en medicina son incoherentes, lo que significa que fluyen de forma desordenada, “la principal propiedad de estos rayos es la coherencia, es decir, sabemos que esas ondas de rayos X van perfectamente ordenadas y sabemos cómo, somos capaces de controlarlas y eso amplía el rango de aplicaciones, sobre todo para las medidas temporales”, explica.

Imágenes de lo más pequeño

Al ser capaces de controlar estos procesos, los científicos pueden medir procesos de la naturaleza que ocurren en esos tiempos tan cortos. Por ejemplo, un electrón tarda en dar una vuelta a un átomo 100 attosegundos y los rayos X coherentes pueden actuar “como una cámara fotográfica” que capture estas acciones y obtenga imágenes de elementos extremadamente pequeños, a escala de nanómetros, es decir, la mil millonésima parte de un metro (10?9 metros). Hasta ahora, el microscopio electrónico es la herramienta que tiene mayor resolución, pero esta técnica la superaría.

Para investigar en este campo, los científicos manejan experimentos en los que juegan continuamente con distintos parámetros, modificando características como la intensidad del láser. Carlos Hernández se encarga de realizar simulaciones teóricas que resultan fundamentales para este trabajo. A su vez, los experimentos reales sirven para comprobar sus predicciones o para darle nuevas ideas. Uno de los últimos logros de su equipo de investigadores ha sido generar un pulso de attosegundo aislado. “Generalmente, se obtienen varios, lo que se conoce como un tren de pulsos de attosegundos, pero para controlar muchos procesos es necesario generar uno solo”, señala.

Desde Salamanca, el investigador Luis Plaja, que dirigió su tesis doctoral, mantiene un contacto estrecho con el JILA y con Carlos Hernández, que después de dos años en Boulder volverá para completar en casa el último año de la beca Marie Curie. Será la forma de trasladar su experiencia al Grupo de Óptica Extrema, aunque cambiar de aires también sirve para valorar los aspectos positivos que dejó atrás.

El máster que marca la diferencia

“La formación que he recibido aquí no tiene nada que envidiar, incluso en la licenciatura yo diría que es superior aunque en el doctorado se pueda igualar. En cualquier caso, tuve la suerte de cursar el Máster en Física y Tecnología de los Láseres de la Universidad de Salamanca, que me colocó en un nivel muy alto, de manera que llegué con conocimientos que en Boulder no suelen tener”, asegura.

A la hora de ponerse a investigar, Estados Unidos ofrece más ventajas, pero no es sólo una cuestión de recursos técnicos. “Allí la burocracia es muy sencilla, tratan de facilitarte las cosas para que te dediques el máximo tiempo posible a la investigación y eso se nota”, afirma.

La divulgación, “un componente básico de la ciencia”

Otro aspecto que le ha llamado especialmente la atención es la importancia que se concede a la divulgación científica. “Para ellos es un componente básico de la ciencia, sobre todo a nivel escolar. Existe un programa nacional en el que he participado que tiene una gran financiación, son actividades extraescolares para niños de entre 8 y 13 años y la experiencia es muy gratificante, porque les interesa mucho la ciencia y los ves muy ilusionados”, comenta. La parte final de esas actividades es una visita al JILA y charlar con los científicos, incluidos los más reconocidos. “Un premio Nobel también habla de tú a tú con los niños, se le da mucha importancia”, agrega.

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