La ciudad festeja a su patrón, San Juan de Sahagún

La ciudad festeja a su patrón, San Juan de Sahagún
Salamanca festeja este miércoles a su patrón, San Juan de Sahagún. Desde el Ayuntamiento partía a las 11:30 horas el alcalde, Alfonso Fernández Mañueco, junto al resto de la Corporación municipal en el tradicional desfile para celebrar la eucaristía en la Catedral Nueva con motivo de las fiestas patronales en honor a el fraile agustino conocido por su predicación y su intervención en la vida de la ciudad, así como por su labor como promotor de la paz y de ayuda humanitaria.

Acompañada por la música de la Banda Municipal y bailes charros, la comitiva llegó al mediodía al templo, donde dio comienzo la eucaristía presidida por el obispo de Salamanca, Carlos López, junto al resto de sacerdotes y arciprestazgo de San Juan de Sahagún. Cientos de salmantinos han participado con gran fervor en la solemne eucaristía en honor a su patrón ante los restos sagrados del santo.

Juan de Sahagún (1430-1479) fue un religioso nacido en la villa de Sahagún, provincia de León. Tras ser colegial del Colegio Mayor de San Bartolomé, se ordenó fraile agustino en el famoso convento que esta Orden tenía en Salamanca. Fue conocido por su intervención en la vida de la ciudad y su mayor logro fue conseguir apaciguar la querella que enfrentaba a dos bandos de familias nobles que durante cuarenta años disputaron en Salamanca, con muchas muertes por ambas partes.
 
De él se recuerdan en Salamanca dos milagros: cuentan las crónicas que un niño se cayó a un pozo profundo, pero Juan echó su cíngulo, que llegó hasta donde el niño pudo tomarlo. Entonces el santo hizo subir el nivel del agua hasta que el niño llegó a la superficie. El milagro se recuerda en la calle donde ocurrió: Pozo Amarillo. El otro milagro dice que un toro bravo se había escapado por las calles de Salamanca sembrando el terror. Juan le detuvo y amansó diciéndole: “Tente, necio". La calle donde esto ocurrió tiene ahora el nombre de Tentenecio. Se dice de él que con sus oraciones libró a Salamanca de la peste del tifo negro, pero, ironías del destino, murió envenenado.

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