La historia de superación del recortador David Sánchez: “Dos años después voy a reaparecer porque necesito estar vivo”

Tras dos años en la sombra, el nombre de David Sánchez resuena más fuerte que nunca en el terreno taurino. Vuelve a estar vivo, se nota en su mirada y en su voz. Lo dice alto y claro “voy a ir a coger sensaciones de nuevo, y a darlo todo”

La historia de superación del recortador David Sánchez: “Dos años después voy a reaparecer porque necesito estar vivo”
La historia de superación del recortador David Sánchez: “Dos años después voy a reaparecer porque necesito estar vivo”

Nació en los regazos de una familia taurina, y su sueño siempre lo tuvo claro. Ser torero. Desde entonces ha vivido por y para un animal, el toro. Sus pensamientos y sus desvelos giran en torno a él. Ese paso firme cuando camina, esa mirada fija, concentrada como cuando espera al toro, y esa energía de pureza, verdad y mucho valor se presenta rápida cuando entabla conversación. El destino es caprichoso, y David Sánchez lo sabe de sobra. Recortador de profesión, pero torero, muy torero de corazón.

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Su piel es testigo de la gloria y del sufrimiento. Dura es su historia. Una historia de SUPERACIÓN en mayúsculas. Su carta de presentación dice todo sobre su persona: 'Merece la pena jugarse la vida, porque merece la pena vivir', una gran lección de vida que David lleva muy a rajatabla. “Mi sueño desde bien pequeñito fue ser matador de toros porque en mi casa se vive y se vivía por y para el toro, fue donde a mí me educaron. Quise ser torero, de hecho fui a apuntarme a la Escuela de Tauromaquia y justo ese año uno de mis hermanos tuvo un accidente con un caballo y falleció. Él era el que más me empujaba a ser torero, el que me iba a pagar la escuela, el que me iba a llevar y a traer, y ahí fue donde se truncó mi sueño. Ahí se destrozó también mi familia. Al fin y al cabo han pasado 21 años y no hemos levantado cabeza aun, porque aunque la levantes, siempre vas a estar a la sombra de aquel percance”.

Un percance que marcó y dirigió el rumbo de su vida, y que a pesar de la dureza, no lo hizo desprenderse de su sueño, sino aferrarse más a él. Su destino parece que estaba escrito, había nacido para jugarse la vida delante de un toro, a un soplo de la muerte en muchas ocasiones. Y David lo tiene claro, la voz no le titubea, no se quebranta cuando dice “a mí no me da miedo perder la vida delante de un toro, que un toro me quite la vida no me da miedo porque moriría feliz”. Y ser recortador le ha permitido lograr su meta, alcanzar desde otra perspectiva su gran anhelo, sin desviarse mucho del camino: “vivo el sueño de ser torero gracias a los recortes, porque yo cuando estoy delante de un toro aunque no tenga muleta muchas veces voy pensando que la llevo en los dedos. Es verdad que no consigo, ni conseguiré nunca alcanzar el sueño de ser matador de toros, pero sí que he sido capaz de considerarme torero delante de un toro, de llegar a pegar muletazos sin muleta, y conseguir grandes triunfos en plazas muy importantes que al final también es el objetivo”.

Para lograr ese objetivo, para triunfar, para que te reconozcan es necesario ‘vivir en torero’. David lo explica: “vivir en torero, es pensar las 24 horas del día en tu faena perfecta. 24 horas del día pensando en el toro. Es llevarte a otro terreno lo de torear porque la vida también pega cornadas y hay que saber torear y lidiar, por eso yo considero que vivo en torero porque siempre estoy levantándome de muchos golpes de la vida, no solo físicos. Para mí eso también es torear, me gusta torear la vida, igual que me gusta torear al toro”. Por ello continúa “digo que merece la pena jugarse la vida, porque merece la pena vivir. Porque a mí los toros fueron los que me impulsaron a sentirme vivo, sobre todo tras la pérdida de mi hermano y de mis padres, yo encontré ahí la motivación de querer seguir vivo gracias a los toros. Sé que un toro te puede quitar la vida, yo me la he jugado y he visto la muerte muy de cerca, por los toros y las cornadas, pero aun así eso es lo que me ha hecho sentirme vivo. Y a día de hoy sigo pensando lo mismo, porque dos años después voy a reaparecer simplemente porque creo que estos dos años no he estado vivo, y necesito estar vivo”.

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David Sánchez reaparece 2 años después con una motivación clara “callar bocas”. El de Tamames reconoce que “se me ha juzgado, se me ha criticado muchas veces por la presencia y el físico”. Por eso regresa a los ruedos para hablar en la plaza, lugar donde afirma que ha hablado muchas veces, y que cuando lo ha hecho “los demás han tenido que callar”. Los toros lo han castigado mucho, ha sufrido importantes cornadas. Cornadas que no le han dado solo los toros, también muchas personas que quizá no creían que iba a ser capaz de llegar donde ha llegado, y que ha sido uno de los motivos que lo ha mantenido al margen de los ruedos. Vivencias que ha logrado afrontar al quedarse a solas con el toro, cara a cara, desafiando su furia, su fuerza, sus embestidas. Así desvela que “soltar esa adrenalina te hace también despejar todas tus dudas, te hace sentirte bien contigo mismo, y al fin y al cabo así se solucionan los problemas, confiando en ti y sobrepasándolos de esa manera, soltando la adrenalina y superando esos miedos. Cuando viene un toro por delante es como cuando tienes un problema. A veces al toro no eres capaz de superarlo, pero ahí está el volver a levantarse después de cada caída”.

Y David Sánchez, una vez más se ha vuelto a levantar. Regresa a los ruedos en Ledesma, este sábado 22 de mayo, en un concurso Goyesco con 12 nombres más que van a luchar por el triunfo y que componen un cartel variado alternando juventud y veteranía, en una plaza donde reconoce que me voy a sentir muy arropado porque es una plaza en la que he cuajado grandes actuaciones. Además tengo la suerte de ser el último campeón de Ledesma, en el último concurso”. Para él volver es algo necesario, y al mismo tiempo su vuelta se hace necesaria, la gente lo espera porque sus méritos lo avalan. Afirma que “psicológicamente llego muy dañado porque son muchas cogidas cuando decidí cortar la temporada”, por ese motivo anuncia que ese día quiero competir contra mi cabeza y luchar contra esos demonios que me están apareciendo cada vez que me estoy poniendo delante de un toro”. No sabe si vuelve más fuerte que nunca pero no duda en decir que “me estoy preparando físicamente más que nunca. Nunca me había preparado tanto, ni para una temporada ni para un concurso porque nunca me había hecho falta hasta que sufrí tantas cogidas, a lo mejor por no tener recursos cuando no tienes un toro para tu quiebro. Tener recursos para lidiar a ese toro, es lo que más estoy preparando”.

En relación a su concepto David recorta toreando, algo complicado, no todos lo consiguen. “Lo más semejante a torear que encuentro es el quiebro. Con el quiebro eres capaz de citar, de templar y mandar. Con el quiebro soy capaz muchas veces de llegar a pegar verdaderos muletazos porque a mí me gusta mucho el toreo despacio, por eso intento siempre templar, aunque no todos los toros te dejan. Templar no es quebrar despacio, a mí me gusta templar la embestida del toro, reducir su embestida. Eso solo lo consigues quebrando, porque el recorte es diferente, algo que también me gusta hacer, algo para lo que me he estado preparando para tener un recurso cuando el toro no vale para el quiebro, pero donde mejor me siento es con el quiebro, mandando al toro donde yo quiero, no donde él quiere. Ese es el concepto del torero que a mí me gusta y que solo llego a conseguir con el quiebro”.

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Los toros elegidos para el concurso Goyesco de este sábado, 22 de mayo, son de Ignacio López-Chaves, una ganadería de la que David se aventura a decir que para mi tipo de quiebro prefiero otro encaste”. Un toro que le permita templar, torear ‘al ralentí’ porque donde de verdad soy feliz es cuando templo un toro de verdad, cuando sale y yo le mando, cuando lo desplazo hasta donde yo quiero. Y si soy capaz de dejarlo en la mano o acompañar un poco la cintura, ahí es donde me voy para casa contento de verdad”.

David Sánchez remata la conversación como se remata una faena, saliendo por la puerta grande, recordando el quiebro con el que sueña cada noche: “fue en la final de Salamanca en 2018, un toro manso que regaló cuatro arrancadas y una de ellas se la aproveché, supe hacerle las cosas bien y fue un quiebro semejante a ese con el que sueñas, el perfecto, porque me rozó el pantalón y me hizo campeón de Salamanca, una plaza que amo como si fuera mi familia. Me hizo salir por la puerta grande, algo que no me esperaba jamás en la vida. Fue un día en que me sentí torero porque esa puerta está reservada para los toreros. Ese es el quiebro que sigo pegando todas las noches, es el que más me ha emocionado”.

Tras este largo paseo por su vida, generoso, nos ha permitido adentrarnos en sus sentimientos, queda claro que vivir sin torear no es vida para el recortador David Sánchez, quien tiene la mente y el corazón siempre puesto entre esas dos astas. Aquel niño con sueño de ser torero ya ha crecido, y después de años y años actuando, haciendo el paseillo en importantes plazas, puede decir con la cabeza bien alta que su sueño de ser torero se ha cumplido.

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