Desembarcó el G- 10 en Valencia. Con una corrida con G de garantía de otra G -Garcigrande- Manzanares y Talavante, dieron la medida y defendieron su estatus. Con el bueno y con el malo, con el encastado y con el reservón, sus actuaciones fueron una prolongación de su pasada campaña y su exitoso invierno. Con G también se escribió la actuación de Padilla. Con G de gusto, pues el ejemplar que descorchó la tarde le permitió relajarse y expresar su concepto mientras que en el cuarto, que no se prestó, resolvió con facilidad, informa mundotoro.com

La faena más redonda con el toro más completo llevó la firma de Manzanares en el segundo, toro estrecho de sienes, de preciosas hechuras, que permitió un toreo ligado y sugerente del alicantino. El toro humilló y transmitió y Manzanares cosió su embestida a los vuelos con expresión y ritmo en dos series con la mano derecha cumbres. Como la rúbrica. Un estoconazo en la suerte de recibir cobrada en los mismos medios. Al quinto le faltó raza. Manzanares le dio tiempo y dejándole la muleta puesta, sin obligarlo, y consiguió dar consistencia a la faena. El público agradeció el esfuerzo del alicantino.

 

Talavante también brilló a gran altura con sus dos toros. Su primero alto y estrecho resultó molesto y nada fácil porque, sobre todo por el pitón izquierdo, hizo hilo y se vino con el torero. Muy firme Talavante en el inicio de faena, se lo dejó llegar con aguante y aplomo, improvisó además delante de la cara del incómodo animal. La oreja no la corta cualquiera. El sexto, de Parladé, era una pintura, pero se partió un pitón por la cepa en el primer derrote. El sobrero, del mismo hierro, tuvo buena condición y permitió al extremeño ligar con intensidad e improvisar en los inicios y remates de cada serie.

Con un poco más de fuerza, el animal que abrió plaza hubiera sido de escándalo. Tuvo hechuras, clase y ritmo -dulzura- pero su medida fortaleza quedó además mermada por un volatín en el saludo de Juan José Padilla, que después deletreó muletazos con expresión y compostura en una faena vivida con interés. Más alto y más basto, de menos remate, el cuarto adoleció de clase y entrega. Padilla se puso por los dos pitones, enseñó al público la descastada condición del ejemplar y lo despachó con suma facilidad.   

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