Julio Robles, una figura del toreo que sigue ganándose el respeto de todos: “Fue un ejemplo de la hombría que hay que tener para afrontar lo que venga en la vida”
XXV ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO
Este 14 de enero se cumplen 25 años de la muerte del torero nacido en Fontiveros, pero criado en La Fuente de San Esteban. Su hermana Maribel, su íntimo amigo Félix Rodríguez “Amayuelas” y su compañero 'El Niño de la Capea' recuerdan y honran su memoria
Este 14 de enero se cumplen 25 años de la muerte de Julio Robles, un hombre que marcó la historia de la tauromaquia y que más de medio siglo después de su alternativa sigue ganándose el respeto de la afición y de los profesionales taurinos, sobre todo en su querida Salamanca.
Nació en Fontiveros, un pueblo de Ávila, pero a los cuatro años sus padres lo trajeron a Salamanca, a La Fuente de San Esteban, cuna de la bravura, donde pronto empezó a interesarse por la profesión que se convirtió en su sueño y que le arrebató la vida a una temprana edad, convirtiendo a hombre y torero en una figura querida y admirada. Una leyenda del toreo recordada y honrada en el XXV Aniversario de su muerte por personas muy cercanas al diestro: su hermana Maribel, su íntimo amigo Félix Rodríguez, también conocido como Félix Amayuelas, y su compañero Pedro Gutiérrez Moya ‘El Niño de la Capea’.
Maribel, hermana de Julio Robles: “Como hermana estoy muy orgullosa de él. Siempre fue un niño muy cariñoso y travieso”
Maribel es la cuarta de cinco hermanos donde Julio Robles ocupaba el tercer lugar de una familia que describe como “la típica de clase media de los años 50, 60 y 70. Éramos una familia normal cuando Julio empezó en el mundo del toro”.
Han pasado 25 años desde que Julio Robles dejó un gran vacío en el corazón de sus familiares y de los aficionados, dejando un poco más huérfana a la tauromaquia, aunque no sin antes regalar un bonito legado de amor por el toro bravo. Fue una peritonitis la causa de su fallecimiento a los 49 años, once después de aquel grave percance, ocurrido en la plaza de toros de Bézier, que lo dejó postrado en una silla de ruedas. Un percance que lo retiró de forma inmediata de los ruedos y le privó de seguir luchando por esa profesión por la que decidió dar su vida.
Nunca culpó al toro ni se lamentó de la mala suerte que tuvo. Todas las noches se dormía viendo toros
“Aquel percance sucedió cuando él se encontraba en el mejor momento de su carrera. Pasó unos meses muy malos y cuando se vio que no había una recuperación total lo mandaron a casa. A nivel personal nunca se quejó de su accidente, nunca se lamentó; es más todas las noches se dormía viendo toros. Nunca culpó al toro ni se lamentó de la mala suerte que tuvo, al menos no lo exteriorizó nunca con la familia”.
Después de ese accidente que cambió la vida a toda la familia, Maribel asegura que: “mi hermano se volvió más entrañable con la familia y los amigos, tenía más tiempo para dedicarnos, aunque él siempre ha sido muy cercano y ha ayudado desinteresadamente a mucha gente. Como hermana, estoy muy orgullosa de él y tengo mucho que agradecerle porque, poco antes de su fallecimiento, yo vivía en Andalucía, me divorcié y volví a Salamanca con mis hijas, y Julio se portó como un verdadero padre”.
Maribel y Julio se criaron prácticamente a la par por la poca diferencia de edad y ella lo recuerda como un hermano “muy cercano, muy cariñoso y buen compañero de juegos”, aunque también puntualiza, entre risas, que era “muy travieso”.
El padre de Julio y Maribel Robles era secretario del juzgado y un cambio de destino fue lo que les hizo construir una nueva vida en tierras charras, esas que descubrieron un torero sinigual. En ese descubrimiento, Paco Pallarés, matador de toros de La Fuente de San Esteban, tuvo mucho que ver.
Había dos o tres chavales que tenían la ocurrencia de escaparse de la escuela para ir a los tentaderos, entre ellos mi hermano con 10-12 años
“Los padres de Paco tenían un hostal y en el invierno, como había muchos tentaderos en el Campo Charro, los toreros más famosos se hospedaban allí y a los niños de entre 10 y 14 años, a los que les gustaba mucho el fútbol, pero le tiraban más los toros, les llamaban mucho la atención. Entre esos niños estaba Julio. Recuerdo que había dos o tres chavales que tenían la ocurrencia de escaparse de la escuela para ir a los tentaderos, entre ellos mi hermano que tendría unos 10-12 años. Por aquello tuvo muchas broncas con mi padre, que le reñía porque era un mundo muy difícil y no sabía el alcance que podía tener, pero a la vez que iba pasando el tiempo, era cada vez más la gente que le decía que Julio valía para la profesión, y pronto empezó a ganarse la simpatía de los aficionados, siempre con la ayuda de Pallarés”.
Ese buen hacer con los trastos de torear y su entereza para ponerse delante de un animal, animó a su padre, que también era muy aficionado a los toros, a comprarle todo lo necesario para su primera becerrada, que como indica Maribel, tuvo lugar en Villavieja de Yeltes. Fue ahí donde el niño empezó a hacer realidad su sueño de convertirse en torero, sin todavía saber la gran figura en la que se convertiría después y el importante legado que todavía suscita interés, a la par que genera respeto y admiración, 63 años después de su fuga del colegio para torear.
La afición de Robles por el mundo del toro siempre fue desmedida. De hecho, entre los muchos recuerdos de su hermana, aflora el de una habitación llena de objetos relacionados con la tauromaquia: “Mis padres tenían una habitación en el patio trasero de la casa donde Julio tenía montado un museo taurino cuando era un niño”.
Félix "Amayuelas", íntimo amigo de Julio Robles: “Era de los pocos toreros que antes de torear sabía lo que ganaba”
Félix Rodríguez, también conocido como Félix "Amayuelas" en Ciudad Rodrigo, ha sido uno de los íntimos amigos de Julio Robles con una amistad que se fraguó desde que eran niños en La Fuente de San Esteban. “Conozco a Julio desde cuando lo llamaban ‘Minuto’ cuando trabajaba de camarero. Los clientes le pusieron ese mote porque cuando le pedían una consumición les decía “un minuto”, y ese minuto era eterno. De hecho, en el primer cartel llegó a anunciase como ‘Minuto’, un apodo que después aborreció”.
Félix, además de ser uno de los hombres de confianza de Julio, al que todavía hoy le guarda un gran cariño, cuenta con orgullo que en una entrevista de la revista Tauridia le preguntaron por un amigo y él respondió: Félix Rodríguez. “Hay que tener mucho corazón y mucho cariño para decir eso públicamente cuando por aquella época tenía muchos amigos y muchos seguidores, y me eligió a mí”. Otra de las preguntas fue que dijera una divisa, a lo que Robles contestó: “La ganadería de José Matías Bernardo ‘El Raboso’”.
Hay un cartel que pasará a la historia porque tardarán 200 años más en volver a hacerse con una terna como El Viti, El Niño de la Capea y Julio Robles
En referencia a esta divisa charra, explica: “Fue una ganadería que le dio mucho, la Puerta Grande del 85, con los toros del Raboso otra gran tarde de “no hay billetes” con Curro Romero y Pepe Luis Vázquez”.
A la vez que se fraguó la amistad entre ambos, también se fue consolidando su admiración hacia el torero: “Robles ha sido uno de los mejores toreros que ha dado la historia. De la Fuente de San Esteban a Vitigudino ha habido dos de las mejores figuras del toreo que ha dado la tauromaquia. Hay un cartel que pasará a la historia porque tardarán 200 años más en volver a hacerse con una terna como El Viti, El Niño de la Capea y Julio Robles”.
Era de los pocos toreros que antes de torear sabía lo que ganaba. Iba si había dinero
Haciendo hincapié en la carrera del matador, lamenta: "A Julio lo parte un toro de Cayetano Muñóz en Béziers, en la corrida número 41 de una temporada en la que había firmado 90 tardes. Ese día de la cogida toreaba con Fernando Lozano y Joselito. Ese toro le partió la vida taurina porque, si Robles dura otros cuatro o cinco años, se habría mantenido como gran figura porque Madrid lo quería mucho. Además, esto fue justo en la última temporada en la que iba a firmar 90 tardes, siendo de los pocos toreros que, antes de torear, sabía lo que ganaba. Iba si había dinero”.
Robles fue un torero de Madrid, los números lo abalan como bien dice su amigo: “Todavía hoy Madrid le debe dos Puertas Grandes. Tiene tres, pero le deben dos; le quitaron la segunda oreja en un cartel con Manzanares y Antoñete, un toro de banderillas negras de Ramón Sánchez, y otra Puerta Grande que le quitaron con la corrida de Atanasio un 9 de julio”.
Hablando de la bondad de su amigo, Félix rememora también la primera Puerta Grande de Robles en Madrid, el 10 de julio de 1983, con un toro de El Puerto de San Lorenzo. Un día después era su cumpleaños: “Fíjate el corazón que tenía que un día después de salir en volandas de Las Ventas se vino a comer conmigo”.
‘El Niño de la Capea’: “Lo recuerdo con mucho cariño porque formó parte de mi carrera y de mi competencia para que yo pudiera crecer como torero”
Pedro Gutiérrez Moya ‘El Niño de la Capea’ y Julio Robles se hicieron matadores de toros con a penas 15 días de diferencia. Ambas carreras fueron seguidas con lupa por una afición dividida entre los partidarios de Robles y los de Capea, dos de los toreros más mentados en las crónicas taurinas por su rivalidad en los ruedos.
Una rivalidad, que el maestro Pedro Gutiérrez Moya recuerda con nostalgia: “A mí me hubiera gustado que esa competencia tan real en Salamanca se hubiera trasladado al resto de las plazas de toros del país. El primer año con Robles sí coincidimos mucho, pero a partir del primer año cogimos caminos separados, carreras diferentes, y quizás la competencia se mantuvo siempre alrededor de La Glorieta. A mí me hubiera encantado que esa competencia hubiera sido en todas las plazas, porque creo que hubiera sido muy beneficioso para los dos y para la fiesta en general”.
Me hubiera encantado que esa competencia hubiera sido en todas las plazas, porque hubiera sido muy beneficioso
Esa competencia en la arena no impidió una amistad que llegó años más tarde. “Julio y yo terminamos siendo muy amigos porque, al fin y al cabo, cuando uno persigue el mismo sueño, por mucha competencia que haya, hay un grado de admiración superior a eso que probablemente no aflore en los años tempranos de lucha, pero que termina aflorando después.
Lo recuerdo con mucho cariño, se le extraña mucho porque formó parte de mi carrera, de mi competencia, para que yo pudiera crecer como torero. Y luego, fue un ejemplo de lo que es una hombría, sobreponerse a todo, y ser una misma persona en el triunfo, en el fracaso y en la adversidad, dando un ejemplo a todos de la hombría que hay que tener para afrontar lo que venga en la vida. Eso ha sido un ejemplo que debe servir para los chavales nuevos de las escuelas taurinas, de saber que ese ejemplo es lo que demuestra que el toreo es una profesión siempre de ir a más, de orgullo y de estar dispuesto a cualquier sacrificio”.
Quedamos pocos toreros de aquella generación y eso produce mucha nostalgia
Esta temporada de 2026 se cumplen 54 años de la alternativa de ambos, más de medio siglo de dos de las figuras del toreo más importantes de Salamanca, junto con El Viti, y de la historia del toreo.
Hubiera sido una celebración envidiable, todo un acontecimiento histórico. “Me hubiera gustado muchísimo poder celebrar estos 54 años con Julio. Al fin y al cabo, soy de esa generación que se va quedando sola, entonces lo extraño mucho, y más cuando ha perseguido el mismo sueño que perseguí yo. Quedamos pocos toreros de aquella generación y eso produce una nostalgia tremenda que a veces nos invade, por lo menos a mí. Julio fue un gran torero, de los que fue de menos a más como las grandes faenas, y que terminó consiguiendo el respeto y la admiración de todos los aficionados y, sobre todo, de todos los profesionales”, concluye 'El Niño de la Capea'.
Ofrenda floral a los pies de la estatua de Robles
El respeto y la devoción que muchos aficionados siguen teniendo al maestro Julio Robles siguen siendo tan grande como su amor por el toro bravo. Una gratitud a su memoria que se consagra cada año, en lo que ya se ha convertido en una peregrinación hasta la plaza de toros ‘La Glorieta’, para acudir a la ofrenda floral a los pies de su estatua. Allí se seguirá honrando la memoria de aquel torero que contribuyó a hacer grande esta tierra, en una cita que este año tendrá lugar el próximo sábado 17 de enero a las 13:30 horas.
También te puede interesar
Lo último