Cuando los toros tienen nobleza, bondad, calidad y encima la presencia justa se dice que la corrida fue “de dulce”. Ayer en Cañaveralejo el hierro de Fuentelapeña presentó un encierro de puro almíbar. Con la fuerza justa y las embestidas para lucir los toreros. Nada de sambombos trotones tirando cornadas a las nubes. Y con ese almíbar los tres toreros hicieron bizcochuelos a gusto de cada uno, informa mundotoro.com

 

Miguel Abellán dio inicio al festín con un toro donde la nobleza se regó en cada muletazo, faena llena de temple, gusto y calidad, rematada de gran espadazo y por lógica, el merecido premio de una oreja. Su segundo, un “chorreado” de fina estampa le permitió otra faena muy interesante que al final descompuso por los inciertos derrotes. Eso sí, la muerte fue efectiva tras la magnífica estocada, y por ello, muchas palmas, ratificando el cariño que por Abellán siente esta afición que cada año lo exige en los carteles.

 

La madurez en un torero no llega de la noche a la mañana, hay que esperarlo y saber esperar. Es el caso del colombiano Paco Perlaza quien a los doce años de su doctorado domina esa técnica que solo los años y las corridas propician. No encontramos explicación alguna para que el Usía no le concediera la oreja en su primer toro al que le endilgó una faena perfecta, sin faltar ni sobrar nada. Y rematada de estocada aún más perfecta. Afortunadamente la madurez del torero está por encima de esas minucias orejeras.

 

La otra oreja de la tarde se la llevó a ley, un torero en franca vía de recuperación. Ramiro Cadena el artista caleño que hace unos años hizo cifrar muchas esperanzas y que ahora, revitalizado, quiere volver por sus fueros. Sabe torear con gusto, así lo mostró en tres series redondas de mano muy baja, con temple lento. En el sexto, otro “chorreado” algo escaso de fuerza, el caleño se fajó hasta donde le permitió el Fuentelapeña.

 

 

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