Hay una trilogía aceptada de las cosas que no regresan nunca: las palabras dichas, el tiempo y las oportunidades. Esa trilogía de lo que nunca vuelve hizo aguas. El hijo de un panadero de Jerez les dio hoy jaque mate. Dio su palabra de regresar al toreo y ahí está. Le dijo no al tiempo cuando lo trató de expulsar de forma cruel del toreo y el tiempo se le detuvo. La vida se le quiso escurrir de entre los dedos grandes que huelen al perfume que huelen las telas y las maderas de las banderillas y sólo el le dio se dio una nueva oportunidad. La de vivir toreando. Esa trilogía en jaque mate, Padilla, salió en hombros de los toreros: Juli, Barrera, Serafín, Talavante… lo sacaron en hombros desde el ruedo de Olivenza. En hombros las cosas que para cualquier ser humano jamás se regresan: la palabra, el tiempo, la vida, informa mundotoro.com

 

Con las cosas que si regresan, volvió el héroe. Vestido de verde esperanza, el color de lo que nunca se derrota. En el bordado, hojas de laurel de oro, símbolo de la victoria coronada de los atletas griegos, y de los generales victoriosos de Roma. Y del toreo desde hoy, que en fue Olivenza fue todo cariño y sensibilidad. Tremenda carga de emoción desde que irrumpió en la plaza Padilla. En pie el cónclave, el paseíllo largo y cadencioso, con música de fondo pero sobre todo acompañado con gritos de torero, torero. Fue invitado a saludar desde el tercio y al saludar la carga emotiva se acrecentó. Se fundió en un abrazo con sus compañeros y después volvió el Padilla de siempre. La corrida de Cuvillo no acabó de romper, pero al menos permitió la salida en triunfo del protagonista y algunos chispazos de sus compañeros de terna.

Vistoso con el capote, el mismo con los palos, brindó a los doctores Valcarreres y García Perla, el toro del regreso, pero el único que no se enteró que hoy era día de homenaje fue el animal, que poco ayudó. Sin embargo, Padilla recetó algunos muletazos con mucho gusto. Volvió el espectáculo con el cuarto, el mejor del envío, con el que Padilla volvió a ser el vendaval. Lo saludó con una larga cambiada y compartió banderillas con Morante y Manzanares.

Los tres la armaron en el segundo tercio. Excelente par de Morante, muy bueno el de José María y espectacular el del jerezano, que brindó a su padre para portagonizar una faena vibrante, amenizada con varios cantes flamencos espontáneos, en la que se abandonó en algunos muletazos.

También Morante cortó una oreja del segundo. El sevillano brindó a Padilla la lidia del animal, toro con calidad al que el de La Puebla fue desgranando muletazos muy 'morantistas' que llegaron mucho a los tendidos. Los mejores momentos llegaron con la zurda. El quinto en cambio no colaboró y el sevillano optó por abreviar.

Manzanares cortó otra oreja al tercero bis, toro rebrincado al que el alicantino consiguió empujar sobre todo por el lado derecho. Sin embargo lo más destacado de su labor, que también brindó a Padilla, fue una gran estocada en la suerte de recibir, por sí sola merecedora de premio. Con el sexto no pudo redondear.

En hombros de sus compañeros

Fue uno de los momentos más emotivos de la tarde. La salida por la Puerta Grande del héroe en hombros de sus compañeros. Todos los profesionales que se encontraban en los tendidos y el callejón de La Maestranza oliventina saltaron al ruedo una vez concluido el espectáculo para izar en volandas al protagonista.

Julián López El Juli, Alejandro Talavante, Antonio Barrera, Serafín Marín, El Mangui... incluso su íntimo amigo Adolfo Suarez Illana hicieron acto de presencia para acompañar al torero, que bajo los gritos de ¡Fuerza Padilla! abandonó el coso entre vítores de todos los asistentes.

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