Crónica de C. R. V. para mundotoro.com

El Fundi se enfadó con los Niños del Coro. Andaba el hombre lidiado a un toro-novillo agarrado el piso y metiéndose por dentro y lo jaleaba la gente. El director del coro mandó arrancar la música con esa forma que tiene de hacerlo que parece que le va a hacer un favor a un gnomo y el torero dijo Alto. Pero el coro siguió porque el que manda, manda. El amo de las siete notas estaba allí sentadito en su balcón, brazos apoyados y el de Madrid se resintió a la ¿guasa? Y se fue para el coro y dijo, que ni música ni na. Fue una guasa amistosa, la del señor director, que manda tocar cuando le sale. La de Fundi no fue tan amistosa, llevaba su pedrada. Como la corrida de toros, deslucida, mentirosilla, sin hechuras casi y con un par de toros que pasaron rozando el palo. Entraron para adentro por esas cosas que pasan cuando pasan. Que es lo mismo que decir que la música aquí suena cuando al señor director le sale.

Tuvo la tarde su momento. Ese. Y su faena. Esa. Más guapo que un San Luis se despidió Fundi de Sevilla, de azul cielo y oro, en la cumbre de su carrera, revestida de un poso final que da gusto verlo. Así dijo adiós tras una faena de sobar, sobar, paciente, en los medios y terminada en el sol, frente al toro más chico que haya lidiado en esta y muchas plazas. Un castaño de movilidad a peor, que le dejó pegar unos lances de recibo y plantearle una faena que consistió en alargar las embestidas frenadas del toro. Con una mano y con otra, muleta retrasada, toque suave para enganchar y prolongar. Andaba El Coro sin trabajo porque la tarde era para todo menos para música, cuando sucedió el suceso. Se le vino con todo Fundi, brazo en alto dibujando el no, El señor director se puso de pie y les dijo no a dos manos. Pum. Se ha terminao, ea. Y sentó como uno se siente después de echarle una guasa a un gnomo. Perdió oreja Fundi por pinchar pero dio una bonita vuelta al ruedo. Ya Sevilla le había recibido con una ovación rotunda.

Tuvo plaza el primero, estrecho de cuerpo, falto de remate y endeble, que, además, se vino por dentro y midió mucho entre pase y pase y pase. La corrida tuvo más teclas y notas que tocar que un minué. Cambiante, siempre sin clase y a peor. De triunfo, ninguno, de romper y romperse, ninguno. Ya es casualidad en tan buena ganadería, pero se vinieron todos para acá. El primero de Morante le desarmó al lancearlo por el pitón izquierdo, Toro escaso de presencia, de raza y aplomado que le duró menos que la música le duró a Fundi. Un burraco de pitones acucharados y manso a veces se tragó  dos o tres pases con la mano derecha del de la Puebla, pero fue toro bruto, desagradable en las telas, de escaso viaje y nada de bravura. Un quite al cuarto, mejor dicho, dos lances y la media, vimos de Morante.

Castella estuvo muy firme con los dos de su lote, Que se movieron, que no quiere decir que embistieron. A los dos los toreó bien con el capote. El primero siempre quiso embestir al palillo o por encima de él y luego de una tanda buena con la derecha, siempre miró entre pase y pase, se embrocó sin coger los vuelos, por arriba. Puso fe el torero, como con el sexto, un castaño basto de mano corta que se movió con todo y siempre sin deslizarse por abajo. Estuvo Castella mucho tiempo delante para justificar, pero la tarde estaba despeñada. Y sin música, Y sin Coro. Sin banda. Sin nada. El maestro se fue a su casa. Mañana leerá la prensa y saldrá en ella. Sesión cines. Los Niños del Coro.

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