El equipo de José Antonio Tercero, científico del Centro de Biología Molecular (CBM, centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid), colabora habitualmente con el Instituto de Biología Funcional y Genómica (IBFG, centro mixto del CSIC y de la Universidad de Salamanca) porque las dos partes están interesadas en el estudio de las claves fundamentales que permiten mantener la integridad del genoma durante la división celular. Si algo sale mal en este proceso, el problema puede acabar en el desarrollo de un tumor, pero generalmente las células tienen mecanismo para evitarlo.
 
El investigador del CBM ha explicado hoy su trabajo en el IBFG. “Estamos interesados en entender cómo se mantiene la integridad del genoma cuando las células se dividen”, señala el experto en declaraciones a DiCYT. “Al duplicarse, la célula necesita transmitir con fidelidad toda la información genética a su descendencia y los fallos en este proceso pueden dar lugar a enfermedades de organismos superiores, como el cáncer”.
 
Por lo tanto, la estabilidad del genoma es importantísima para prevenir situaciones patológicas que pueden dar lugar a enfermedades, pero las células tienen mecanismos para impedirlo. “Nosotros estamos interesados en aportar datos que ayuden a comprender cómo se mantiene la estabilidad del genoma durante la replicación cromosómica”, comenta el investigador del CBM, “así que estudiamos diversos mecanismos que están conservados evolutivamente para mantener el ADN intacto”.
 
La existencia de problemas en la división de las células se explica porque estos procesos son muy complejos y a veces también porque “el ADN puede estar dañado por la luz del sol, por el tabaco o por otros elementos carcinógenos”. Sin embargo, los mecanismos de reparación hacen que las células puedan mantener su integridad y perpetuarse.
 
El equipo de José Antonio Tercero los estudia a través de dos proyectos de investigación que mantiene activos en la actualidad. Uno de ellos se basa en el estudio de una endonucleasa que participa en procesos de reparación del ADN para mantener la estabilidad del genoma. “Cuando hay errores y daños, se inician procesos de reparación y en algunos de ellos intervienen endonucleasas, que son las enzimas que cortan el ADN para finalizar el proceso de reparación”, indica.
 
Tolerar el daño en el ADN
 
Su segundo proyecto tiene que ver con los mecanismos de tolerancia al daño en el genoma. “Cuando las células no pueden reparar el daño en el ADN, intentan al menos tolerarlo, porque su objetivo es hacer todo lo posible por sobrevivir”. Por eso, hay rutas que, sin reparar el ADN, permiten a las células tolerarlo aún a riesgo de sufrir mutaciones.
 
Todas estas investigaciones se llevan a cabo en el CBM con la levadura Saccharomyces cerevisiae, un modelo de células eucariotas ampliamente utilizado en investigación porque sus rasgos fundamentales están conservados evolutivamente, es decir, son los mismos desde las células de las levaduras hasta las células humanas. “Es un sistema complejo que podemos manipular y analizar, tenemos herramientas para investigar proteínas y genes que son iguales en humanos pero que podemos manejar en el laboratorio de manera sencilla, fácil y económica”, agrega el especialista.

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