Investigadores salmantinos advierten de que "una sola noche de consumo intenso de alcohol es suficiente para provocar cambios moleculares profundos"
Han descubierto que altera la expresión de genes de la glucólisis, la principal vía para que las células obtengan energía a partir de la glucosa
El alcohol altera la expresión de genes fundamentales para el metabolismo energético, incluso cuando se consume de manera esporádica. Así lo determina un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Salamanca, el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y el Complejo Asistencial Universitario de Salamanca (CAUSA).
Concretamente, altera la expresión de genes de la glucólisis, la principal vía para que las células obtengan energía a partir de la glucosa y órganos como el hígado, el cerebro o el sistema inmunitario funcionen con normalidad. "Y lo hace no solo en las formas más habituales de estas enzimas, sino también en isoformas menos comunes, algunas de ellas relacionadas con enfermedades metabólicas, neurodegenerativas e incluso con el cáncer", mantiene Maura Lina Rojas Pirela, investigadora de la IBSAL.
El hallazgo abre nuevas vías para la detección temprana del daño, el tratamiento personalizado y el diseño de políticas de salud pública más eficacaces frente al trastorno por consumo excesivo de alcohol. Tambien cuestiona la idea de que los efectos del alcohol son transitorios. "Existe la percepción social de que una borrachera puntual ‘se pasa’ con la resaca, pero nuestros datos muestran que una sola noche de consumo intenso es suficiente para provocar cambios moleculares profundos, muy similares a los que observamos en el consumo crónico", añade Miguel Marcos Martín (IBSAL).
Repercusión en la salud pública
La investigación puede tener implicaciones directas para las políticas de salud pública, ya que refuerza el mensaje de que el único consumo de alcohol beneficioso para la salud es cero. "Debería entenderse como un producto de consumo ocasional y con riesgos reales. Este estudio permite, por primera vez, medir ese daño de forma objetiva incluso tras consumos esporádicos", afirma Miguel Marcos.
El consumo de alcohol es la principal causa de mortalidad prematura y discapacidad prevenible entre los 15 y los 49 años. Aún así, está tan normalizado que casi el 90% de la población ingiere bebidas alcohólicas. La investigación podría revertir esta situación y utilizarse en programas de prevención o campañas educativas.
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