Carles Maixé-Altés, experto de la Universidad de A Coruña, ha inaugurado hoy el Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Salamanca con una conferencia acerca de innovación tecnológica que impulsaron hace décadas las cajas de ahorros españolas. En su opinión, el carácter pionero de este proceso no pudo ser aprovechado por la falta de una base industrial y de redes de I+D en España y esta lección se puede trasladar a la actualidad.
 
Al analizar los desarrollos informáticos ligados a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en el sistema bancario, se pueden estudiar muchos otros elementos, por ejemplo, “cómo se difunden las tecnologías en un país de industrialización tardía y atrasado tecnológicamente, como España, teniendo en cuenta que el proceso arranca en los años 60”, explica el especialista a DiCYT (www.dicyt.com), que ha realizado un estudio basado en el caso de La Caixa.
 
En este sector, por su carácter mutualista, el desarrollo tecnológico ha estado ligado a la colaboración, así que la informatización no ha afectado sólo a procesos internos, como la contabilidad, sino también a aspectos cruciales para la banca, como las redes de conexión mediante ordenadores para transmitir información. “Todo el sistema de oficinas y sucursales aparece ligado por una red informática que permite que los procesos de información fluyan de manera ágil”, indica Carles Maixé-Altés. Y todo ello ha repercutido en la productividad y la gestión.
 
Las cajas de ahorro españolas fueron entidades “pioneras incluso a nivel europeo en los procesos de introducción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, probablemente porque España llegaba tarde y, cuando se incorpora a las nuevas tendencias, se puede apuntar a las últimas, lo cual le da una ventaja comparativa con respecto a países que tenían que amortizar los equipos de fases anteriores”, indica el experto.
 
Falta de I+D e internacionalización
 
Sin embargo, esa ventaja se fue difuminando con el tiempo como consecuencia del entorno industrial español, marcado por la poca inversión en I+D y la escasa comercialización exterior de los productos que aquí se innovaban. “Había unas bases mínimas para que se diera un proceso de desarrollo tecnológico. Sin embargo, cuando tienes la posibilidad de competir a nivel mundial empiezan a fallar estructuras básicas como la tradición de innovación y desarrollo, la inexistencia de redes de I+D consolidadas y la poca conexión de estas incipientes redes con el exterior”, comenta en referencia a los años 70 y 80.
 
El diagnóstico es similar en otros sectores e “incluso empresas con gran potencial, como Telefónica, tenían capacidades que no supieron vender al exterior porque para eso necesitas redes de comercialización, políticas más agresivas y creerte como país y como empresa que tienes posibilidades en el mercado internacional”. El caso de Telefónica, asegura, es paradigmático, porque “tira la toalla” y decide reconvertirse en una empresa de prestación de servicios de telecomunicaciones comprando tecnología de fuera.
 
En su opinión, el análisis de este proceso ofrece lecciones valiosas para el presente: “Si no desarrollamos la base industrial del país, estamos perdidos”, comenta. Las mejoras que España logró en los años 70 y 80 no alteraron la base sustancial del sistema productivo del país y ahora, en plena crisis económica será difícil reestructurarla, cuando se debió hacer en los años 80 y 90.
 
Con esta conferencia se ha inaugurado la parte presencial del Máster en Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología, que en meses anteriores se ha desarrollado on line. Los alumnos inscritos en este máster que organiza el Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología (eCyT) se forman en cuestiones de gestión, comunicación y política científicas con el objetivo de convertirse en profesionales capaces de llevar la innovación a empresas e instituciones.

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