La educación afectivo-sexual de los jóvenes, un tema pendiente: uno de cada cinco universitarios de primer año reconoce mantener conductas sexuales “de riesgo” tras emborracharse

​Así lo desvela un estudio en el que han participado 9.862 estudiantes de 11 universidades españolas, incluida Salamanca, de los cursos académicos de 2011-2012 a 2017-2018

Botellones durante el fin del estado de alarma en Puente Romano y Plaza Mayor
Botellones durante el fin del estado de alarma en Puente Romano y Plaza Mayor

Los alumnos de primer curso de la universidad generalmente son jóvenes de en torno a 18 años -en ocasiones son más- que están en plena juventud y que, al pasar a la vida universitaria, comienzan a gozar de una libertad que el instituto o ciclo formativo del que venían generalmente no les permitía.

Además, al coincidir normalmente con el año en el que se cumple la mayoría de edad, en este primer curso universitario suele generalizarse un consumo de alcohol que realmente empieza unos años antes, habitualmente a la edad de 15. Pero lo cierto es que es en la universidad cuando se empieza a acudir a fiestas y a salir más asiduamente y, por lo tanto, se consume más regularmente alcohol, también como forma de socialización.

A su vez, es en la universidad cuando muchos de los jóvenes empiezan a tener más encuentros sexuales. La mayor socialización de la que anteriormente se hablaba unido a un ambiente más ‘adulto’ -por la calificarlo de algún modo- facilita que muchos estudiantes aumenten sus prácticas sexuales, especialmente en comparación con la época del instituto.

Ahora, el estudio ‘Experiencias declaradas de conductas sexuales de riesgo en relación con el consumo de alcohol en el primer año de universidad’, financiado por el Ministerio de Sanidad a través del Plan Nacional Sobre Drogas y el Instituto de Salud Carlos III y en el que participaron casi 10.000 estudiantes -un total de 9.862- de varias universidades, entre ellas la de Salamanca, ha revelado varias de las conductas relacionadas con el alcohol y las relaciones sexuales de estos jóvenes de primer curso y de primera matrícula.

Y lo cierto, es que del total de los encuestados, el 60,9% reconoció haberse emborrachado en los últimos 12 meses, y más del 18% admitió haber tenido conductas sexuales “de riesgo” -como mantener relaciones sin protección, aprovecharse sexualmente de alguien o haber recibido abuso- en el mismo período de tiempo.

Este estudio, que se realizó entre 2011 y 2018 en las universidades de Alicante, Cantabria, Castilla-La Mancha, Granada, Huelva, Jaén, León, Valencia, Valladolid y Vigo, además de la de Salamanca, tenía como objetivo estudiar si las conductas sexuales de riesgo al consumir alcohol se asocian a los consumos de mayor riesgo.

La principal conducta de riesgo es tener relaciones sin protección; las mujeres sufren más abusos sexuales y los hombres se aprovechan más sexualmente

Basado en el Proyecto uniHcos (Universitarios, hábitos de vida, cohorte de seguimiento) y realizado a partir de un cuestionario con más de 400 items, este estudio desveló el 90,3% de los encuestados consumió alcohol y el 60,9% tuvo borracheras en el último año. Por su parte, el 78,2% consumió alcohol en el último mes, mientras que el 49% tuvo consumo de atracón en dicho periodo.

El consumo en el último mes y las borracheras en el último año fueron mayores en hombres y las conductas sexuales de riesgo fueron superiores entre los que se emborracharon (15,7% practicaron sexo sin protección, un 1,9% abuso sexual y 0,7% se aprovecharon sexualmente de otra persona) y entre los que consumieron en atracón (17,1 1,9 y 0,7%, respectivamente).

Las mujeres con ambos consumos de riesgo presentaron más abusos sexuales (2,2%), y los hombres fueron quienes más se aprovecharon sexualmente de otros (tras borracheras, un 1,2% y tras consumo de atracón, un 1,3%).

De entre los consumidores durante el último año, el 11,5% refirió sexo sin protección, el 1,4% abusos sexuales y el 0,5% aprovecharse sexualmente de alguien.

Universitarios de botellón. Foto Ical
Universitarios de botellón. Foto Ical

La educación afectivo-sexual de los jóvenes puede ser “una asignatura pendiente” y “trabajarlo en la universidad es llegar tarde”

En el estudio participó la Universidad de Salamanca gracias a la doctora Ramona Mateos Campos, profesora titular del Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina. Pero la encargada de aglutinar todos los datos y redactar los resultados finales fue la como profesora asociada del Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de Valladolid, Susana Redondo Martín, que atendió vía mail a este medio respondiendo a una serie de cuestiones sobre el trabajo.

Lo primero de todo es matizar que no se ha hecho un análisis evolutivo por años sobre las conductas de riesgo tras el consumo de alcohol entre los estudiantes de primer año y primera matrícula, si bien indica que es un tema que “puede ser interesante”, y añade que cree que el consumo de alcohol entre estos jóvenes no ha aumentado con los años, ya que las encuestas nacionales del Plan Nacional Sobre Drogas (PNsD) no siguen esa tendencia (ESTUDES y EDADES).

Respecto a por qué el consumo de alcohol está más extendido entre los hombres que entre las mujeres, la profesora recalca que si bien en la población adulta es así (también para tabaco y otras drogas ilegales), lo cierto es que en la población juvenil (14-18 años), el consumo entre las chicas de menor edad (14-15 años) es superior al de los chicos, “pero a los 16 los consumos se igualan y a partir de los 17 empiezan a subir entre los chicos”.

Las razones pueden ser múltiples, prosigue la profesora Redondo Martín, recordando que el consumo de alcohol “está aceptado culturalmente y que todavía una gran parte de la población tiene muy baja percepción de los riesgos”, ya sea directamente en la propia persona (salud física, psicológica y social) o por comportamientos frente a otras personas (actos violentos, accidentes u otros).

Susana Redondo también matiza que puede haber, además, otros factores de riesgo, que van desde los biológicos hasta los que tienen que ver con el género y los valores asociados “a lo masculino y a lo femenino”, siendo los primeros más valorados que los segundos socialmente hablando.

“El consumo de alcohol en los chicos refuerza esos valores; mientras que si lo hace una chica el consumo se suele cuestionar. La clave es trasmitir que tan malo es que consuma alcohol un chico como una chica, que en ambos casos existen riesgos importantes asociados y que el autocuidado o la prudencia deberían potenciarse para evitar conductas de riesgo y problemáticas”, apunta, aunque cree que se debe seguir estudiando estos factores así como los de protección porque “los patrones en los jóvenes han cambiado”.

La Policía Local multa a unos jóvenes por hacer botellón en Salamanca
La Policía Local multa a unos jóvenes por hacer botellón en Salamanca

Por otra parte, el estudio refleja que la principal conducta de riesgo que asumen todos los jóvenes, tanto hombres como mujeres, es la de practicar sexo sin protección. Sobre si puede ser por falta de educación afectivo-sexual, la profesora señala que es un tema “no exento de polémica” pero sí cree que esa educación es “una de las asignaturas pendientes” y que sería necesario un consenso entre la comunidad sanitaria, la educativa y las familias.

Pero lo que también valora es que trabajarlo en la universidad “es llegar tarde”, sobre todo teniendo en cuenta a qué edad se inician las relaciones sexuales en España de media, aunque apunta que “es mejor hacerlo tarde que nunca” y recuerda que el estudio plantea abordar ese tema desde la Red de Universidades Saludables (REUS).

Eso sí, en su opinión, un buen abordaje de promoción de la salud trataría estos temas desde la preadolescencia con “programas de calidad” que trabajen mediante metodología interactiva, “que aborden las falsas creencias sobre las relaciones sexuales y sobre las diferentes formas de protección”, señalando además que la abstinencia es uno de esos métodos de protección.

De igual manera, la profesora Susana Redondo apuesta porque haya programas que potencien el uso de métodos anticonceptivos actuando sobre su contexto, facilitando la accesibilidad a su uso (como que sean de fácil disponibilidad, tengan bajo coste y su uso vaya acompañado de una imagen social positiva.

Porque, como ha podido comprobar, “los jóvenes tienen mucha información y a un toque de pulgar, pero la información sola no cambia comportamientos”. Por eso, esta información ha de ser “adecuada” y promulgarse los modelos que inviten a usar protección para evitar tanto embarazos no deseados como enfermedades de transmisión sexual, y no al contrario. Es decir, no vender modelos que consideran que es “positivo tener otro tipo de comportamientos”.

Sea como fuere, el objetivo de todas estas actuaciones debe ser que si una persona adolescente, joven o adulta las actuaciones en este campo es conseguir que si una persona adolescente, joven o adulta considera que está preparada para mantener relaciones sexuales esporádicas y decide tenerlas, “cuente con las habilidades y conocimientos para hacerlo porque realmente quiera, cuando quiera, con quien quiera y con protección”, sentencia.

Es decir, que con el alcohol se muestran los valores que el chico tiene y su forma de relacionarse con las mujeres sin el respeto que les corresponde, pero no solo es el alcohol el que le hace comportarse así, sino la educación que ha recibido y valores que se le han inculcado en cuanto al trato hacia otras personas, especialmente las mujeres.

La edad media del inicio del consumo de alcohol es de poco más de 15 años

La edad media de inicio del consumo de alcohol fue de 15,3 años, los que lo iniciaron antes de los 15 fueron el 31,5 por ciento, no existiendo diferencias significativas por sexo. Los lugares más frecuentes de consumo fueron bares (63,1 por ciento) y fiestas privadas (45,8 por ciento) y en los hombres fue “significativamente” superior el consumo en bares, en la calle (botellón) y en fiestas privadas.

Según los autores del estudio, los resultados plantean la necesidad de realizar intervenciones de promoción de la salud interdisciplinares e intersectoriales en este periodo “vital” para abordar los diferentes factores de protección y de riesgo con el fin de evitar consumos problemáticos de alcohol; mediante intervenciones sobre el contexto que dificulten su accesibilidad, detección del consumo de riesgo de alcohol de forma precoz e intervención mediante consejo individual.

Junto a ello, también estiman importante el impulso de programas que trabajen las “falsas expectativas” en relación al consumo de alcohol y las relaciones sexuales y potencien las habilidades para afrontar la presión de los iguales.

En el estudio han participado, además de Susana Redondo Martín y de Ramona Mateos Campos, los investigadores Carmen Amezcua Prieto, María Morales Suarez Varela, Carlos Ayán, Vicente Martín, Rocío Ortíz Moncada, Ana Almaraz Gómez, Carmen Rodríguez Reinado, Miguel Delgado Rodríguez, Gema Blázquez Abellán, Jéssica Alonso Molero, Agustin Llopis, Jose María Cancela, Luis Felix Valero Juan, Virginia Martínez Ruiz y Tania Fernández Villa.

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