​París recuerda con una placa la presencia de Miguel de Unamuno en la capital del Sena

Está situada en el número 2 de la rue Lapérouse, donde se encuentra el domicilio parisino del que fuera rector de la Universidad de Salamanca. Al acto, concebido también como homenaje al VIII Centenario del Estudio salmantino, acudió Enrique Cabero

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El vicerrector de Política Académica y Participación Social de la Universidad de Salamanca, Enrique Cabero, participó junto al nieto de Miguel de Unamuno –que lleva el nombre de su abuelo-; el embajador de España en Francia, Fernando Cardedera y el matrimonio formado por Jean Claude y Colette Rabaté en el descubrimiento de una placa en recuerdo de la estancia de Miguel de Unamuno en París.

El reconocimiento, organizado por la Embajada de España en la capital francesa, ha tenido lugar en el número 2 de la rue Lapérouse, el domicilio parisino del que fuera rector de la Universidad de Salamanca. Allí se dieron cita también el actor y académico José Luis Gómez, alter ego de Unamuno en varios proyectos artísticos; el director de la película ‘La isla del viento’, Manuel Menchón; y el que fuera vicerrector del VIII Centenario, Mariano Esteban.

Tras el acto, que suponía también un homenaje al Estudio salmantino por sus ocho siglos de historia, se celebró un cóctel en la Residencia del Embajador de España.

Unamuno en París

Miguel de Unamuno tiene un primer contacto con París en 1889, cuando visita la Exposición Universal e incluso estrena la torre Eiffel. Vuelve a la capital francesa el 28 de julio de 1924 y se instala en el número 2 de rue La Pérouse, cerca del Arco de Triunfo. En la capital francesa acude a diversas recepciones y tertulias, tiene citas con editores y traductores porque está decidido a aprovechar esta estancia parisina para difundir por Europa sus escritos y consolidar la fama de pacificador forjada a través de más de 600 artículos escritos durante la primera Guerra Mundial.

Unamuno llega a París a aprender y asiste al tercer Congreso Internacional del Pen-Club Internacional (sociedad mundial de escritores) cuyo presidente español es Pérez de Ayala. Allí encuentra a Paul Valéry, Georges Duhamel, Luigi Pirandello, James Joyce, el mejicano Alfonso Reyes, etc.

Muy pronto, siente la necesidad de juntarse con sus compatriotas y acude ritualmente a la tertulia del café de la Rotonda del barrio de Montparnasse. Unamuno escribe a menudo a su familia y a sus corresponsales españoles o europeos para arreglar la traducción de sus obras. A la vez, se cartea también con colegas o amigos hispanoamericanos y norteamericanos que le invitan a dar clase en sus universidades. Dedica una parte de su tiempo a escribir novelas o poemas así como artículos que manda principalmente a la revista argentina Caras y Caretas. Pero se niega a publicar artículos políticos en España ya que no quiere "pasar por el aro" de la censura militar.

Aunque reconoce que París es "el Arca de Noé de la civilización y de la historia", confiesa a ratos que no está a gusto en los bulevares y aunque descubre “remansos de paz” como la plaza de los Estados Unidos, al lado de su hotel, la Plaza de los Vosgos, la del Palacio Real, la Isla de san Luis, los jardines del Luxemburgo… le infunden al mismo tiempo una añoranza.

Miguel de Unamuno sale de París el 22 de agosto de 1925 para instalarse en Hendaya. Durante los trece meses de su destierro parisino, a pesar de la morriña y de una intensa vida social, si bien Unamuno ha resuelto no publicar nada en España, su labor literaria y periodística no es insignificante: acaba de redactar La agonía del cristianismo y Cómo se hace una novela, ha colaborado en Le Quotidien, Les Nouvelles Littéraires, en el semanario España con honra; tiene compuestos los 35 sonetos de París y algunos poemas del Romancero del destierro, ha publicado diez ensayos en la revista Caras y caretas de Buenos-Aires y ocho en Nuevo mundo de Madrid.

Con todo, al llegar a Salamanca después de 6 años de destierro, promete emocionado a su fiel amigo y traductor, Jean Cassou, que volverá a París. Y este nuevo encuentro con la capital francesa en 1935, con motivo de la inauguración del Colegio de España, reaviva el recuerdo del exilio con sus tres lugares favoritos: la isla de San Luis, la plaza de los Vosgos y el Palais Royal.

Miguel de Unamuno tiene una última ocasión de volver a ver París en su regreso de Inglaterra, después de recibir la distinción de Doctor honoris causa en la universidad de Oxford.

Otros reconocimientos

Como complemento al descubrimiento de la placa, el Instituto Cervantes organizó el pasado 12 de junio una lectura dramatizada de textos de Unamuno además de la puesta en escena del monólogo ‘Venceréis pero no convenceréis’, que, de la mano del actor José Luis Gómez, indaga en el lado más íntimo del escritor y pensador de la Generación del 98. De igual modo, se proyectó la película ‘La isla del Viento’.

La enorme huella de Unamuno en la capital francesa no solo permanece intacta sino que fue perpetuada a partir del año 2013 a través de un recorrido guiado ideado por el matrimonio Rabaté, principales expertos en la vida y obra del rector más recordado del Estudio salmantino y que el Instituto Cervantes ha sumado a las denominadas ‘Rutas Cervantes’, que siguen los pasos de españoles ilustres en la ciudad de la luz.

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