Cooperar contra la despoblación
Dos mujeres impulsan en Vitigudino una cooperativa social que busca combatir la despoblación desde dentro, con proyectos comunitarios, arraigo y escucha al territorio
En Vitigudino, donde el silencio de las calles se hace más evidente a medida que avanza la tarde, hay dos mujeres que han decidido plantar cara a una palabra que pesa como una losa: despoblación. No lo hacen desde un despacho ni con grandes titulares, sino desde la cercanía, el conocimiento del terreno y una idea tan sencilla como ambiciosa: quedarse.
Sofía Cifuentes y Marta Cerulla están detrás de Facendera Arribes, una cooperativa de iniciativa social nacida a finales de octubre de 2025 que, en apenas seis meses, ha empezado a tejer una red de proyectos, contactos e intuiciones en la comarca de Vitigudino. Su propuesta no es solo técnica. Es, sobre todo, una forma de estar. De mirar al territorio no como un problema, sino como un lugar de posibilidades.
La historia de ambas no comienza aquí, pero sí converge en este punto. Marta llega desde Barcelona, tras una trayectoria de más de dos décadas en el ámbito de la educación social. Sofía, trabajadora social y socióloga, regresa a una tierra que siente como propia después de años fuera. Se conocen trabajando en programas de atención a personas migrantes y solicitantes de asilo en Salamanca. Allí, entre expedientes y urgencias, empiezan a hacerse preguntas.
“Hacía tiempo que entraba un poco en crisis con mi profesión”, viene a resumir Marta. La lógica de los grandes programas, de los números y los objetivos cuantificables, dejaba fuera, según su experiencia, una parte esencial del trabajo social: el tiempo, el vínculo, la comunidad. Ese malestar compartido fue el germen. También lo fue la intuición de que en el medio rural, lejos de la saturación de las ciudades, había margen para hacer las cosas de otra manera.
El salto no fue gradual. Fue, como tantas decisiones vitales, rápido y casi intuitivo. En febrero hablaban de la idea. En mayo, Marta ya estaba instalada en Vitigudino junto a su pareja. Sofía, que conocía la zona por sus raíces familiares, había sido la encargada de enseñar el territorio: los pueblos, los paisajes, las posibilidades ocultas tras las cifras de pérdida de población.
Porque si algo comparten es esa mirada distinta. Donde otros ven decadencia, ellas ven potencial. Donde se habla de abandono, ellas detectan margen de acción. Ese cambio de enfoque es, en sí mismo, el primer paso de su proyecto. No se trata de negar los problemas, la falta de servicios, el envejecimiento, la escasez de oportunidades, sino de abordarlos desde dentro, contando con quienes viven allí. “La verdad que nos enamoramos del territorio y aún al ser una zona despoblada creíamos que tenía mucho potencial”, explican. Su propuesta estaba clara: intervenir desde el conocimiento directo, desde la escucha y desde la implicación cotidiana.
Intervención social frente a la despoblación
Facendera Arribes nace, así, con una vocación clara: trabajar en la intersección entre intervención social y despoblación. Dos conceptos que, en su experiencia, están profundamente conectados. Porque la pérdida de habitantes no es solo una cuestión demográfica. Es también una cuestión de vínculos, de servicios, de expectativas.
Su modelo se apoya en tres pilares: intervención, investigación aplicada y formación. Tres palabras que, lejos de sonar abstractas, se concretan en proyectos muy específicos. Uno de ellos tiene que ver con las soledades, en plural, porque, como subraya Marta, no solo las personas mayores sufren aislamiento, también los jóvenes, especialmente en entornos rurales, viven a menudo desconectados, sin espacios de encuentro ni referentes cercanos.
La idea es sencilla y, al mismo tiempo, profundamente transformadora: poner en contacto a adolescentes y personas mayores en proyectos intergeneracionales. Que unos escuchen y otros cuenten. Que se compartan historias, saberes, formas de vida. Que quienes han vivido más tiempo en el territorio puedan transmitir su experiencia y, al mismo tiempo, recuperar un papel activo en la comunidad. “No se trata solo de hacer actividades, sino de generar procesos”, insisten. Procesos que requieren tiempo, cuidado y continuidad. Algo que, en su opinión, falta en muchas intervenciones actuales. Ese énfasis en el tiempo es casi una declaración de intenciones. Frente a la urgencia de los resultados inmediatos, ellas apuestan por una construcción lenta, sostenida. Saben que no es el camino más fácil, pero sí el más coherente con lo que defienden.
El papel de la migración
Otra de sus líneas de trabajo se centra en la acogida de nuevos pobladores, especialmente personas migrantes. Un ámbito que conocen bien por su experiencia profesional previa. Y en el que han detectado carencias importantes. Según explican, en muchos casos la llegada de personas al medio rural se produce sin una preparación adecuada, ni para quienes llegan ni para quienes reciben. Falta información, acompañamiento y, sobre todo, una intervención comunitaria que facilite la convivencia. “Se ha infravalorado a las poblaciones de acogida”, señalan. Es decir, a los propios vecinos de los pueblos, que no siempre cuentan con herramientas o información suficiente para entender y gestionar esos procesos.
La consecuencia, en algunos casos, es la aparición de tensiones o la formación de grupos separados dentro de un mismo municipio. Situaciones que, a su juicio, podrían evitarse con un trabajo previo y continuado. Por eso, su planteamiento pasa por intervenir en ambos lados: acompañar a quienes llegan, pero también trabajar con la comunidad que acoge. Desde gestos tan simples, y tan poco habituales, como informar previamente de la llegada de nuevas familias, hasta procesos más complejos de mediación y dinamización.
En paralelo a ese trabajo más conceptual, la cooperativa ha empezado a dar sus primeros pasos concretos. Uno de ellos ha sido la elaboración de un manual de repoblación para una comarca de Burgos, donde detallan el proceso que sigue una persona desde que llega a un pueblo hasta que logra asentarse: trámites administrativos, recursos disponibles, claves para la integración. También han desarrollado actividades con infancia y adolescencia vinculadas al conocimiento del territorio. Excursiones, encuentros con emprendedores locales, experiencias que buscan ampliar horizontes y mostrar que es posible construir un proyecto de vida en el medio rural.
Son iniciativas pequeñas, reconocen, pero necesarias. Porque, como apuntan, en muchos casos el principal problema es precisamente la falta de propuestas. “Frente a la nada, cualquier intervención genera respuesta”, resume Sofía. Esa respuesta, dicen, suele ser más positiva de lo esperado. Basta, en ocasiones, con un gesto, con una actividad, con una oportunidad para que surja el interés y la implicación.
Un proyecto piloto para crecer
Sin embargo, el camino no está exento de dificultades. Una de ellas es la relación con las instituciones. Aunque han iniciado contactos positivos con ayuntamientos, grupos de acción local y otras entidades, el proceso es lento y requiere de una estrategia cuidadosa. No quieren vincularse a siglas políticas concretas ni precipitar decisiones que puedan condicionar el futuro del proyecto. Prefieren avanzar con cautela, buscando aliados que compartan su enfoque y estén dispuestos a apostar por experiencias piloto.
Porque ese es uno de sus objetivos a corto plazo: poner en marcha un proyecto piloto de intervención en despoblación en algún municipio de la comarca. Una experiencia controlada, intensiva, que sirva como modelo replicable. Saben que el éxito o el fracaso de ese primer paso puede marcar el desarrollo posterior de la cooperativa. Por eso insisten en la necesidad de hacerlo bien, sin prisas.
A medio plazo, su aspiración es clara: trabajar sobre el terreno. Que su presencia en la comarca no se limite a proyectos puntuales o apariciones en medios, sino que se traduzca en una intervención continuada, visible, reconocible. Quieren que la comunidad las identifique como un recurso útil. Como alguien a quien acudir. Como parte del tejido local.
Ese arraigo es, en el fondo, el núcleo de su propuesta. Porque combatir la despoblación no es solo atraer a nuevas personas. Es, sobre todo, conseguir que quienes están, y quienes llegan, quieran quedarse. En ese sentido, la inmigración aparece como una pieza clave. No como un problema, sino como una oportunidad. Una realidad que, bien gestionada, puede contribuir a revitalizar los pueblos, a mantener servicios, a generar nuevas dinámicas.
“Los pueblos que funcionan en repoblación son los que acogen”, comentan. Y esa acogida no es automática. Requiere trabajo, acompañamiento y, sobre todo, voluntad. En la comarca de Vitigudino, donde la presencia de población extranjera es aún limitada en comparación con otras zonas, creen que hay margen para hacer las cosas de manera diferente. Aprendiendo de experiencias previas, evitando errores y apostando por modelos más integradores.
Quedarse como forma de resistencia
Pero más allá de estrategias y proyectos, lo que define a Facendera Arribes es una decisión personal. La de quedarse en un lugar del que muchos se van. La de apostar por un territorio que, durante años, ha sido descrito en términos de pérdida. Esa elección tiene algo de contracorriente y mucho de convicción. Porque, como ellas mismas reconocen, no es un camino fácil. Requiere renuncias, incertidumbre y una buena dosis de paciencia. A cambio, ofrece algo que en otros contextos resulta más difícil de encontrar: la posibilidad de construir desde cero. De probar, de equivocarse, de ajustar. De ver el impacto directo de lo que se hace.
En Vitigudino, mientras cae la tarde y las calles vuelven a quedarse en silencio, ese trabajo ya ha empezado. No es visible en grandes cifras ni en estadísticas espectaculares. Pero está ahí, en cada conversación, en cada proyecto, en cada intento de conectar a personas que, hasta ahora, vivían de espaldas. Quizá sea pronto para hablar de resultados. Pero sí parece claro que, al menos, hay algo que ha cambiado: la forma de mirar y a veces, en lugares donde todo parece detenido, ese es el primer movimiento.
También te puede interesar
Lo último