“Generar confianza y acompañar sin juzgar”: el papel de las matronas en embarazos de víctimas de violencia sexual y mujeres en situación de prostitución

Desde ASCALEMA describen cómo afrontan las matronas este tipo de embarazos, los problemas que se encuentran, cómo crean entornos de seguridad para la mujer y también arrojan luz de cómo vive la víctima todo el proceso

Grupo de la Junta Directiva de ASCALEMA
Grupo de la Junta Directiva de ASCALEMA | ASCALEMA

“Ofrecer un apoyo emocional continuado, generar un entorno de confianza y facilitar que la mujer se sienta escuchada y segura durante todo el proceso” es uno de roles a los que se enfrentan las matronas en embarazos de víctimas de violencia sexual y de mujeres en situación de prostitución.

Su papel, que es primordial y que a la vez es tan poco conocido, se va a poner de manifiesto en Salamanca en el marco de las XX Jornadas Científicas por parte de la Asociación de Matronas de Castilla y León (ASCALEMA), que acogerá un encuentro este miércoles bajo el título ‘Matronas: el poder de cuidar’.

En días previos a esta cita, la presidenta de la asociación, Marta Rico Velasco, y la vicepresidenta, Sara García Villanueva, cuentan cómo afrontan ellas este tipo de embarazos que se producen en un contexto de gran vulnerabilidad y donde se requiere de una gran implicación por su parte, puesto que el escenario que se plantea es más complejo y requiere de mayores conocimientos y habilidades por parte de las matronas para poder ejercer su labor satisfactoriamente.

En este mismo contexto, explican los problemas que se encuentran, ya que hay que tener en cuenta que en estos casos pueden estar ante embarazos deseados o no deseados; cómo crean esos entornos de seguridad para la mujer; o el apoyo psicológico que se precisa. A mayores arrojan también luz sobre la otra parte: cómo vive la víctima todo el proceso.

Desde ASCALEMA estas jornadas que van a reunir a matronas de todo Castilla y León son importantes porque generan un punto de encuentro entre profesionales, un lugar donde compartir experiencias, inquietudes y nuevos proyectos. Esta reunión también servirá para poner de manifiesto sus principales inquietudes, como que haya más matronas para garantizar una atención "de calidad” a todas las mujeres.

Marta Rico, que lleva dos años al frente de la nueva Junta Directiva y que ejerce como matrona en el Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid, se muestra contundente en este aspecto: “Hoy las competencias de la matrona no están igual de desarrolladas en todas las provincias. Es necesario avanzar hacia un modelo más homogéneo donde todas las mujeres puedan ser atendidas por matronas en todas las etapas, no solo en el parto, sino también durante el embarazo y el posparto; así como la atención de la salud sexual. En esta línea, consideramos imprescindible aumentar las plazas de formación vía EIR, pero también reclamar la creación de un Grado en Matronas como vía complementaria para garantizar el relevo generacional y cubrir las necesidades del sistema”.

Una matrona atendiendo a una mujer embarazada
Una matrona atendiendo a una mujer embarazada | Europa Press

Este es uno de los puntos que va a ser tratado en este encuentro de matronas que tendrá lugar en un día aquí en Salamanca, pero entre otros tantos temas que se van a tratar figura el compromiso de las matronas frente a la violencia contra las mujeres. Uno de los temas que suscita también mayor interés, no solo periodístico sino también para la sociedad, y que es, sobre todo, necesario para aquellas mujeres que se encuentren en una situación similar, para que conozcan el proceso al que podrían enfrentarse, sintiendo la tranquilidad de que no están solas y de que cuentan con ayuda.

En el caso de embarazos de mujeres que son víctimas de violencia sexual, Sara explica que “la matrona desempeña un papel fundamental como profesional de referencia en el seguimiento del embarazo, pero especialmente en el acompañamiento cercano de la mujer en una situación de gran vulnerabilidad”. Más allá del control clínico, asegura que su rol se centra en ofrecer un apoyo emocional continuado y en generar un entorno de confianza para que la mujer se sienta escuchada y segura.

Algo similar sucede en los casos de mujeres en situación de prostitución, donde Marta revela que “es especialmente importante mantener una mirada activa ante posibles situaciones de cualquier forma de violencia” y donde también es importante posicionarse: “Desde una perspectiva personal y profesional, considero que la prostitución es una forma de violencia sexual hacia las mujeres. No siempre es necesario que exista violencia física o explícita; partimos de una situación de desigualdad en donde hablar de libre elección, es como mínimo, cuestionable”.

Grupo de la Junta Directiva de ASCALEMA: arriba a la izquierda Cristina Olivares González, secretaria; arriba a la derecha Mirian Llorente Gilete, tesorera ; abajado a la izquierda Sara García Villanueva, vicepresidenta; y abajo a la derecha Marta Rico Velasco, presidenta
Grupo de la Junta Directiva de ASCALEMA: arriba a la izquierda Cristina Olivares González, secretaria; arriba a la derecha Mirian Llorente Gilete, tesorera ; abajado a la izquierda Sara García Villanueva, vicepresidenta; y abajo a la derecha Marta Rico Velasco, presidenta | ASCALEMA

Sara, también matrona y profesora contratado doctor vinculado en la Universidad de Valladolid, relata también cómo viven las matronas estos tipos de embarazos, haciendo hincapié en la importancia de coordinarse con otros profesionales como trabajadores sociales para valorar la situación global de la mujer y garantizar una atención integral.

Declara que “son situaciones complejas” desde el punto de vista tanto emocional como profesional, ya que requieren de una gran implicación por su parte. Asegura que contar con conocimientos en violencia de género, salud mental perinatal y habilidades de comunicación “es fundamental” y que eso permite a las matronas abordar estos casos “con mayor seguridad, sensibilidad y eficacia”. Además, esta formación facilita la detección precoz que es imprescindible para proporcionar una atención de calidad.

Los embarazos que son fruto de una agresión sexual o que se producen en un escenario de prostitución, requieren de protocolos de actuación específicos que enmarcan la atención a mujeres víctimas de violencia de genero y violencia sexual dentro del sistema sanitario.

Son protocolos que sirven a las matronas de guía para llevar a cabo una atención coordinada, segura y respetuosa con la mujer. “Es fundamental la detección y valoración inicial que la matrona hace por su cercanía y continuidad en el embarazo para identificar posibles situaciones de vulnerabilidad. Una vez identificada o sospechada la situación, se realiza una valoración integral, que incluye no solo el estado físico del embarazo, sino también el impacto emocional y las circunstancias sociales. En este punto cobra especial relevancia la coordinación con otros profesionales, como la trabajadora social, psicología clínica o ginecología, con el objetivo de ofrecer una respuesta multidisciplinar”.

El protocolo, según desgrana Sara, también contempla la derivación a recursos específicos de apoyo, tanto sanitarios como sociales. Además, insiste en que “la atención debe basarse en un enfoque de cuidado centrado en la mujer, evitando la revictimización, minimizando intervenciones innecesarias y priorizando la creación de un entorno seguro”.

La preocupación por cómo afrontar la crianza en solitario es frecuente por las dificultades sociales, económicas y la falta de apoyo

Respecto a los principales problemas a los que se enfrentan las matronas en este tipo de embarazos, Sara destaca que “este embarazo genera un vínculo involuntario con la persona que ha ejercido la violencia”, al que se suma el miedo, la inseguridad y, en muchos casos, la sensación de desprotección. En este aspecto, subrayan que la preocupación por cómo afrontar la crianza en solitario es frecuente por las dificultades sociales, económicas y la falta de apoyo, que puede influir en la vivencia del embarazo, en el vínculo materno-fetal y en la salud mental de la mujer.

A parte de generar un entorno de confianza, hacer que la mujer se sienta segura es otro de los roles que tiene que asumir la figura de la matrona, ya que “no todos los embarazos en este contexto son deseados y eso condiciona completamente el abordaje”.

En el caso de que la mujer decida continuar con el embarazo, lo primero que hay que hacer es” valorar su situación de seguridad actual y descartar que exista una situación de violencia activa”, explica Marta. El trabajo de las matronas aquí es “escuchar sin juzgar, validar todas las emociones que puedan aparecer y acompañar desde la cercanía”.

A mayores, el trabajo de las matronas también pasa por identificar las señales que indican que se encuentran ante un embarazo que es fruto de una violación.

La mayoría de las agresiones sexuales se producen en entornos cercanos, y con frecuencia dentro de la propia pareja

En este punto, Marta puntualiza que todos los embarazos de una mujer víctima de violencia sexual son fruto de una violación, entendiendo que pueden darse también dentro de una pareja: “En el imaginario colectivo, muchas veces se asocia la violación a un episodio aislado cometido por un desconocido en un entorno oscuro o lejano. Sin embargo, la realidad es muy distinta porque la mayoría de las agresiones sexuales se producen en entornos cercanos, y con frecuencia dentro de la propia pareja”.

Igualmente añade que “cualquier relación sexual sin consentimiento es una forma de violencia. Esto incluye no solo la violencia física, sino también situaciones de presión, insistencia, chantaje emocional o dinámicas de control, como el castigo con silencio o actitudes agresivas hacia la mujer o hacia sus hijos e hijas”.

En cuanto a las “señales”, son importantes para poder adaptar una atención adecuada. Marta confiesa que aquí es fundamental la confianza entre paciente y matrona desde el inicio del embarazo y detalla que “en la primera consulta, y de forma progresiva en las sucesivas, es importante explorar aspectos como si el embarazo ha sido buscado o deseado, así como realizar un adecuado cribado de posibles situaciones de violencia, incluyendo preguntas sobre la relación de pareja. Lo que hacemos es estar atentas a posibles indicadores como cambios en el lenguaje verbal o no verbal, ambivalencia hacia el embarazo, ansiedad, miedo, rechazo a determinadas exploraciones o dificultades para seguir el control gestacional”.

En cualquier caso, expresa que es clave respetar los tiempos de la mujer y no forzar el relato, que la víctima sepa que puede acudir a ellas cuando se sienta preparada.

1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida

Trasladando toda esta información a datos números para saber ante cuántos casos de embarazos de víctimas de violencia sexual estamos, Sara expresa que, según estudios internacionales, se estima que entre un 5% y un 10% de las agresiones sexuales pueden dar lugar a un embarazo si no se utilizan métodos anticonceptivos o no se accede a anticoncepción de emergencia; informes de organismos como la Organización Mundial de la Salud señalan que 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida.

Esto pone de manifiesto la magnitud del problema porque, además, aunque precisa que en España no existen registros específicos de embarazos derivados de violencia sexual, los datos del Ministerio de Sanidad y del Ministerio del Interior “reflejan un aumento en la detección y notificación de casos de violencia sexual en los últimos años, lo que implica una mayor visibilización de estas situaciones”.

Una mujer con su bebé recién nacido
Una mujer con su bebé recién nacido | Europa Press

Para finalizar, a través de ASCALEMA, tanto Marta como Sara, arrojan luz sobre la forma en la que las víctimas afrontan el embarazo y cómo viven el momento del parto, para ayudar también a aquellas mujeres que se encuentran en una situación similar.

Por un lado, Sara reconoce que la forma en que cada mujer afronta un embarazo en este contexto es muy variable, pero que “no se trata de un proceso vivido desde la ilusión o la planificación, sino desde una situación de vulnerabilidad que puede generar sentimientos de rechazo, miedo, culpa o incluso desconexión con el propio embarazo. Algunas mujeres pueden experimentar una ambivalencia constante, oscilando entre aceptar la situación y rechazarla, mientras que otras pueden vivir el embarazo como un recordatorio continuo de la agresión sufrida. También es frecuente la aparición de ansiedad, síntomas depresivos o dificultades para establecer un vínculo con el feto”.

También explica que “a nivel social y personal, muchas mujeres deben enfrentarse además a decisiones difíciles, como continuar o no con el embarazo, hacerlo en soledad o comunicarlo a su entorno, lo que añade una carga adicional al proceso. En este contexto, el papel de las matronas es fundamental para ofrecer un acompañamiento cercano, respetuoso y sin juicio, adaptado a los tiempos y necesidades de cada mujer. Generar un entorno de seguridad, facilitar información clara y coordinarse con otros profesionales permite ayudar a la mujer a transitar este proceso de la forma más saludable posible”.

La forma de afrontar el parto es calificada como un momento “sensible”, según Marta, que argumenta que “a nivel fisiológico y emocional, durante el parto se activan mecanismos muy primarios, y es relativamente frecuente que puedan emerger recuerdos o sensaciones asociadas a experiencias traumáticas previas. Esto puede generar miedo o bloqueo, y sabemos que el miedo interfiere directamente en el proceso fisiológico del parto. Por ejemplo, procedimientos habituales como una exploración vaginal pueden resultar especialmente invasivos y provocar un intenso malestar si no se manejan adecuadamente. Y, por eso, el acompañamiento debe ser especialmente cuidadoso y es fundamental ofrecer información clara en todo momento, respetar los tiempos de la mujer, pedir de forma clara su consentimiento y adaptar las intervenciones a sus necesidades”.

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