El hijo de uno de los pasajeros del tren descarrilado en Adamuz viaja desde Salamanca para dar con su paradero

En el otro convoy viajaba una salmantina, que ha descrito el impacto como "un latigazo": "Solo piensas en escapar"

Ricardo Chamorro en una imagen compartida por su hijo
Ricardo Chamorro en una imagen compartida por su hijo

Ricardo Chamorro Cáliz, de 57 años, es uno de los pasajeros que viajaba en el tren Alvia Madrid-Huelva que fue impactó con los vagones descarrillados de otro convoy, causando más de una treintena de muertos. Sus familiares intentan dar con su paradero. Entre ellos, su hijo, Ricardo, que, como estudiante de la Facultad de Informática de la UPSA, se encontraba en Salamanca en el momento del accidente y ha decidido viajar hasta Córdoba para tratar de localizarlo.

La madre del joven y mujer del desaparecido se personó en la capital cordobesa unas horas antes. "Ha preguntado en todos los hospitales y nada, hemos llamado a todos los teléfonos y nada. Tengo la ubicación de mi padre pero lleva sin moverse desde el accidente", admite Ricardo en sus redes sociales, donde ha compartido varias imágenes de su padre, de 57 años, en las redes sociales para ayudar en su búsqueda.

Ricardo Chamorro Cáliz viajaba en el vagón número 3 del Alvia. Los más afectados han sido los dos primeros, que han quedado incrustados en un talud de cuatro metros de altura. Su hijo mantiene la esperanza: "A ver si hay suerte y simplemente está herido".

"Fue un latigazo y no vimos más"

En el otro convoy, el de Iryo, viajaba Esperanza, una salmantina de 32 años que había pasado el fin de semana en la Costa del Sol con unos amigos y que se disponía a volver a Madrid, donde trabaja actualmente. "No sé cómo explicarlo, pero fue un latigazo y no vimos más. Luego solo piensas en escapar", ha señalado en unas declaraciones ofrecidas a El HuffPost.

Pese al aparatoso accidente, la salmantina y el resto de pasajeros que viajaban en su vagón apenas sufrieron daños. Fueron zarandeados, quedaron sin luz "y con las maletas tiradas". "Tengo un corte en el hombro, pero superficial, de una esquina que quedó levantada y me rocé al salir", ha reconocido, así como que no ha precisado asistencia sanitaria.

Esperanza salió corriendo por su vida, tal y como relata. A ese instinto de supervivencia pronto le sucedió el sentimiento de querer salvar a los que no tuvieron tanta suerte: "Cuando estás fuera, miras y quieres volver a ayudar. Y no se podía, ¡no se podía!".

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