"No me preocupa la adicción, me preocupa la persona" la forma de entender la ayuda en Proyecto Hombre

Proyecto Hombre tras el reconocimiento en los Premios Castilla y León. Manuel Muiños, presidente nacional de la Asociación Proyecto Hombre y figura imprescindible en Salamanca, recuerda la importancia de "seguir siendo útiles para quien lo necesita"

Manuel Muiños, presidente nacional de la Asociación Proyecto Hombre
Manuel Muiños, presidente nacional de la Asociación Proyecto Hombre

Hay trabajos que no hacen ruido, pero sostienen vidas. No buscan protagonismo, pero están ahí cada día, cuando alguien no sabe por dónde empezar de nuevo. Proyecto Hombre es uno de esos lugares donde el trabajo se hace en silencio, con paciencia, con tiempo, y sobre todo con personas. Personas que acompañan a otras en uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Y entre ellas, Manuel Muiños, una de las figuras que mejor representa esa forma de entender la ayuda.

El pasado 21 de abril, en los Premios Castilla y León, el presidente de la Junta de Castilla y León Alfonso Fernández Mañueco entregó a Proyecto Hombre el galardón a los Valores Humanos y Sociales. Un reconocimiento a una larga trayectoria, de décadas, en la prevención, tratamiento y rehabilitación de personas con adicciones. Un premio que, como reconoce Muiños, llegó sin esperarlo y con una mezcla de emoción y sorpresa difícil de disimular.

“Para todos los centros de Castilla y León ha sido una alegría enorme”, explica. “Son muchos años de trabajo continuo, de estar ahí todos los días, y de repente te das cuenta de que eso se ve, de que la sociedad lo reconoce. Y eso, la verdad, emociona”, manifiesta con la sensación de que el esfuerzo ha merecido la pena.

Pero si algo deja claro desde el primer momento es que este tipo de reconocimientos no cambian el rumbo. Al contrario. “No podemos vivir de lo que la gente piense de nosotros”, afirma con firmeza. "Tenemos que vivir de lo que hacemos cada día". Y en esa idea insiste varias veces a lo largo de la conversación en no bajar la guardia, no relajarse, no perder la esencia "esto va de seguir siendo útiles para la gente que lo necesita".

Cuando mira hacia atrás, Muiños recuerda con claridad los inicios. Los años noventa no fueron sencillos. Había necesidad, sí, pero también mucho rechazo social hacia el mundo de las adicciones "la mirada era muy dura", recuerda. "Había miedo, prejuicios, resistencia… no era fácil apostar por esto”. Sin embargo, hubo algo que sostuvo el proyecto desde el principio y fue la convicción de que detrás de cada historia había una persona, no un problema.

Nuevas adicciones y la misma preocupación por la persona

Con el paso del tiempo, esa apuesta ha ido creciendo y transformándose. Hoy, el escenario es distinto, pero no más sencillo. A las adicciones tradicionales se suman otras más silenciosas, como el juego o el uso excesivo de pantallas, muchas veces ligadas a problemas de salud mental. “Estamos viendo algo que antes no veíamos así, una desestructuración en la persona que se está haciendo cada vez más evidente. Ya no es solo un problema social o familiar, sino algo que, afecta directamente al individuo” manifiesta el presidente nacional de Proyecto Hombre.

Según señala Muiños las adicciones pueden ser muchas y muy distintas, pero el daño es el mismo cuando no se aborda a tiempo. "Lo importante es entender qué está pasando para que alguien no pueda afrontar la vida con normalidad" manifiesta.

Del mismo modo, el trabajo en red entre los distintos centros de Castilla y León es otra de las claves del proyecto. Una coordinación que permite compartir recursos, experiencias y respuestas "no hay grandes diferencias entre provincias", declara el presidente nacional. "La realidad es la misma, estamos hablando de personas".

El papel de las familias

Esa complejidad, añade, no se queda en quien sufre directamente la adicción. Las familias también llegan "muy tocadas". "Hay familias desbordadas, perdidas, saturadas", reconoce. "Muchas veces ya no pueden más y necesitan una mano que les guíe" declara el presidente nacional de Proyecto Hombre.

Por eso, el trabajo con las familias es una parte esencial de Proyecto Hombre. No es un complemento, sino una pieza clave del proceso. "La familia tiene que saber cómo acompañar, cuándo acercarse, cuándo dar espacio, cómo sostener sin romperse”, esclare. Para ello, en Proyecto Hombre se ofrece formación, terapia y espacios de apoyo donde también ellas pueden reconstruirse.

Acompañar sin descanso

Si algo ha marcado la trayectoria de Proyecto Hombre, insiste, es la constancia. “Estar ahí siempre”, resume. Una presencia discreta, sin grandes focos, pero sostenida en el tiempo. Una labor que abarca desde la prevención hasta la reinserción, siempre desde una mirada que no juzga.

El reconocimiento recibido también tiene otro efecto importante como es visibilizar "sirve para que la gente sepa que esto existe, que hay un lugar al que acudir", señala Muiños.

En Salamanca, el trabajo diario se traduce en la atención a unas 70 personas, además de sus familias. Una actividad constante que se mantiene con recursos limitados, pero con una idea muy clara como es no perder la esencia. "No podemos deshumanizar esto, hay que profesionalizarlo, sí, pero sin perder la parte humana", advierte el presidente nacional de Proyecto Hombre.

En esa línea, el voluntariado tiene un papel fundamental. El presidente nacional de la Asociación Proyecto Hombre lo describe de forma sencilla: “son oxígeno”. Personas que acompañan sin esperar nada y que ayudan a que el proceso sea más llevadero.

Responder a lo nuevo sin olvidar lo de siempre

De cara al futuro, los retos Muiños los tiene claros. “Llegar antes, mejorar la prevención —también en el ámbito familiar y especialmente entre la población adulta— y reforzar ese nexo de unión entre quienes vienen detrás y quienes van por delante”. También, incide en adaptarse a nuevas formas de adicción que muchas veces avanzan en silencio, sin olvidar las de siempre, que siguen ahí, presentes. “No podemos perder el foco”, advierte. En este sentido, Muiños muestra su preocupación por el crecimiento de las adicciones sin sustancia, como el juego o el uso problemático de pantallas. A su juicio, aún no se ha puesto sobre la mesa el verdadero alcance de esta problemática.

Aunque reconoce que en muchos casos estas situaciones pueden detectarse, considera que todavía falta dar un paso más: "Nos cuesta reconocerlo, pedir ayuda, enfrentarnos al miedo a ser juzgados o etiquetados". Una realidad que, insiste, está más cerca de lo que parece y que exige normalizar la búsqueda de apoyo. En el plano terapéutico, estas nuevas adicciones plantean desafíos añadidos. "Son perfiles más invisibles, más complejos. Hay que ayudar a la persona a salir de ese mundo cerrado en el que se encuentra", señala el presidente. Un ámbito en el que, reconoce, aún se está aprendiendo.

En lugares como Salamanca, esta realidad empieza a asomar, aunque se sigue apostando más en la prevención que en la intervención directa. Y, pese a la creciente atención sobre estas nuevas formas de adicción, Muiños insiste en no descuidar las tradicionales "el alcohol, la cocaína o el hachís siguen ahí. No han dejado de ser igual de problemáticos. No podemos centrarnos solo en lo nuevo y olvidar lo demás. Aquí hay que ir a por todas".

Un proyecto que se mantiene firme en Salamanca

En este contexto, la situación de Proyecto Hombre Salamanca refleja ese equilibrio constante entre lo que cambia y lo que se mantiene. La valoración general, según manifiesta Muiños, es positiva "seguimos manteniéndonos en el día a día", señala. Una estabilidad que, lejos de entenderse como comodidad, forma parte de la propia identidad de la organización. "No somos una ONG que nade en la abundancia, pero tampoco creo que tenga que ser así", afirma.

El presidente nacional de Proyecto Hombre reconoce que el momento es bueno. Proyecto Hombre Salamanca está en una fase de mejora continua, adaptándose a nuevos perfiles y a una demanda cada vez más exigentes "tenemos que ser eficaces y eficientes, pero también mejorar en infraestructuras para acoger de una manera más cálida", incide. Porque, como apunta, la sociedad también ha cambiado y quienes acuden en busca de ayuda lo hacen con otras necesidades.

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