La Iglesia del Sepulcro de Santa Teresa acoge el sermón de La Dolorosa

Imagen de La Dolorosa, en Alba de Tormes
La Iglesia del Sepulcro de Santa Teresa acoge el sermón de La Dolorosa

La cita será a las cinco de la tarde de este Sábado Santo y en el que se prevé una gran cantidad de público

Este Sábado Santo la localidad de Alba de Tormes tendrá una nueva e importante cita con la Semana Santa. Se trata del famoso sermón de La Dolorosa. La cita será en la Iglesia del Sepulcro de Santa Teresa a las 17 horas y con motivo del Año Jubilar Teresiano. Es un acto clásico en la villa desde hace varios siglos y ante la famosa imagen de la dolorosa del gran escultor Pedro de Mena.

Así será el sermón del Sábado Santo en la iglesia del sepulcro de Santa Teresa

Queridos Albenses de cuna o de adopción como es mi caso al igual que el de la Santa: Quiero comenzar este tradicional sermón de la Dolorosa con palabras del literato albense José Sánchez Rojas dedicadas a nuestra Virgen de la Soledad en 1912: “Una mujer hermosa, con la hermosura del dolor en el rostro, con lágrimas que caen lentas de las mejillas rosadas, con los ojos castaños oscuros que piden compasión, con las manos en cruz, con el manto recogido. No sé qué hechizo tiene ni cómo pudo amontonar tanta ternura el artista en aquella estatuilla humilde de madera… No se cansan los ojos de contemplarla; a cada momento se descubren nuevas perfecciones, y es cosa de estarse embobado todo el santo día de Dios, mirando de hito en hito”

Álamo Salazar nos presta sus palabras de 1952 y nos dice: “… el dolor y silencio de nuestra Soledad … la que solamente sale el día del Viernes Santo para escuchar las ‘tres gracias’ que los hijos de Alba y su comarca van a pedirle en esa hora de muerte redentora: tres de la tarde”.

La Madre dolorosa y el varón de dolores: El dolor es realidad histórica y designio de Dios. El Señor sufre golpes, insultos y salivazos, pero el Padre le ayuda y le enseña el sentido del dolor. S. Pablo canta a Cristo que "se despojó de su grandeza y tomó la condición de esclavo". En la Pasión afronta el sufrimiento y sabe que todo está dispuesto por el Padre.

1.- Cristo, varón de dolores. El sufrimiento de Cristo puede medirse cuantitativamente y es enorme, pero el valor del dolor radica en su cualidad: Jesús es el hombre perfecto, que vive el sufrimiento con perfección; es el Hijo de Dios, por tanto es Dios mismo quien sufre en Él; es el Redentor del mundo y asume el dolor dándole poder salvador. En su pasión y muerte, el dolor es realidad histórica y también mística, solidaridad con nosotros, y justificación del hombre pecador, misterio de salvación. La pasión nos lleva a contemplar a Cristo en el misterio del dolor: dolor discretamente manifestado en el Cenáculo ante la traición de Judas o frente a la discusión de los discípulos sobre primeros puestos. Dolor extremo en Getsemaní, hasta derramar sangre a causa de la soledad y el peso del pecado. Dolor inefable del amor renegado por Pedro; dolor dignísimo del amor burlado por la soldadesca; dolor noble del inocente condenado por el poder dominante; dolor sagrado por la deshonra que le ha sido infligida al ser pospuesto como criminal; dolor físico de los clavos traspasando sus manos y pies, y el último dolor de la agonía. Cristo "varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento" que acoge en su cuerpo y en su alma todo dolor y toda pena.

2. Cristo no está solo en su dolor. En medio de sus dolores, "el Señor le ayuda". En Getsemaní el Padre le envía un ángel para confortarlo. Camino del Calvario le acompañan las mujeres, "que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él". Crucificado a la derecha está el buen ladrón, que proclama la inocencia de Jesucristo: "Éste no ha hecho nada malo". A lo largo de la pasión ha sentido el abandono del Padre y su íntima e inefable compañía y por eso puede exclamar al expirar: "Padre, a tus manos confío mi espíritu".

La glorificación del dolor de Cristo está en la confesión del centurión: "verdaderamente este hombre era justo", en el arrepentimiento de la multitud que "volvía a la ciudad golpeándose el pecho" y mediante el anuncio de las mujeres que han acudido al sepulcro: "No está aquí. Ha resucitado". Ni Dios ni el hombre dejaron a Cristo solo en el dolor. “Olvidará sus dolores…”.

3.- El dolor tesoro escondido: El hombre actual tiene miedo del dolor. Quisiera eliminarlo, arrancarlo de la vida humana y animal. Como si el dolor fuera solo mal abominable; como si la gran batalla de la historia actual fuera contra el dolor en lugar de a favor del hombre. Hay que reflexionar sobre esto: logramos destruir el dolor, pero de tal manera que destruimos también algo del hombre. Los padres, para que sus hijos no sufran les dejan hacer todos sus caprichos, pero... ¿no están de esta manera perjudicándolos? A los ancianos, a los enfermos terminales les amortiguan los dolores con medicinas que les hacen perder en gran parte la conciencia. ¿No se les hace perder así libertad y nobleza de espíritu ante el dolor? No abogo por el sufrimiento en sí, es necesario aliviarlo, abogo por la asunción humana del sufrimiento. No se conoce, no se ha descubierto el tesoro escondido en el dolor. Es un tesoro escondido de humanización. Para el cristiano es un tesoro escondido de asimilación del estilo de Cristo, de valor redentor. S. Juan Pablo II ha tenido la osadía de hablar del Evangelio del sufrimiento; del sufrimiento de Cristo, pero, junto con Él, del sufrimiento del cristiano. Estamos llamados a vivir este Evangelio en las pequeñas penas de la vida y a predicarlo con sinceridad y con amor.

4.- Consuelo en el dolor. El consuelo espiritual suaviza los sufrimientos. Las obras de misericordia espirituales (instruir, consolar, confortar, sufrir con paciencia) y corporales (dar de comer, dar techo, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al preso, enterrar a los muertos), son formas tradicionales de ayudar al hombre en su dolor que continúan siendo indispensables. Importa tener conciencia de que como cristianos hemos de acompañar a los hombres en su dolor, solidarios con sus penas, aliviar sus sufrimientos. Es una buena forma de alivio enseñar a los que sufren a dar sentido y valor a sus sufrimientos.

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