El crimen del comandante: Un montaje con tintes sexuales, un accidente de tráfico y una fuga que acabó en Béjar

El crimen del comandante: Un montaje con tintes sexuales, un accidente de tráfico y una fuga que acabó en Béjar
El jubilado Francisco Pascual, residente en Béjar, es escoltado esposado en 2015 por efectivos de la Guardia Civil, después de ser detenido como presunto autor del asesinato de su hermano, un comandante retirado del Ejército de Tierra. FOTO: INTERVIÚ
El crimen del comandante: Un montaje con tintes sexuales, un accidente de tráfico y una fuga que acabó en Béjar

El comandante Ángel Pascual fue encontrado muerto en su chalé madrileño de Las Rozas en mayo de 2014. Un año después, los investigadores pudieron dar con la identidad de su asesino, que vivía en Béjar, tras una rocambolesca investigación

La hija del comandante del Ejército de Tierra Ángel Pascual encontró muerto a su padre, de 77 años, en la casa de este último, un chalé de la localidad madrileña de Las Rozas en mayo de 2014. 

Por extraño que parezca, y pese a tratarse de un crimen muy reciente, este caso apenas tuvo difusión en su día en Salamanca, debido principalmente a que la investigación no fue dirigida por los efectivos de seguridad de la provincia. Sin embargo, el suceso se dio por cerrado tras un registro efectuado en Béjar, donde residía el presunto autor del asesinato.

El 2 de mayo de 2014, el comandante Ángel Pascual fue encontrado muerto con un cuchillo clavado en el cuello y varios golpes en la cabeza, junto al cadáver de su perro. La investigación comprobó que la puerta del domicilio no había sido forzada y los agentes de la Guardia Civil descartaron rápidamente el móvil del robo, debido a que encontraron en una de las habitaciones dos carteras que contenían varios cientos de euros en metálico.

El militar era un tipo muy desconfiado y metódico. Cuando salía de su casa, dejaba un cartel escrito que decía: "La Policía está llegando a este chalé. Ha sonado la alarma en la Comisaría y en Prosegur". Durante la investigación, los agentes pudieron saber también que el fallecido no guardaba muy buena relación con sus hermanos, que solía presumir de que le gustaban las mujeres jóvenes y se jactaba de mantener relaciones sexuales con su asistenta, una mujer mucho más joven que él. 

En la planta de arriba, las camas estaban deshechas y había dos preservativos —presumiblemente usados— en el suelo. Sin embargo, los agentes pronto se dieron cuenta de que la escena era un montaje para simular un asesinato con móvil sexual. El comandante Ángel Pascual llevaba una vida muy tranquila desde que se había jubilado y enviudado, por lo que las pesquisas se centraron en su entorno más íntimo. 

Eso sí, el fallecido dejaba constancia por escrito de todo lo que hacía, y una de sus últimas notas manuscritas puso a la Guardia Civil sobre la pista de su hermano, de nombre Francisco y mecánico jubilado de 75 años con residencia en Béjar. "Viene Paco de Béjar a las siete", escribió la víctima en un calendario encima de la casilla del día 2 de mayo de 2014.

Una coartada con comida para perros

Francisco Pascual, de 74 años y hermano del militar asesinado, negó haber estado en el chalé la mañana del crimen, indicando que no se había movido de Béjar y había acudido a comprar comida para su perro. Sin embargo, otros familiares contaron a los agentes que Francisco siempre había envidiado la situación económica de su hermano, por lo que la Guardia Civil fue desmontando una coartada inventada, logrando así que cayera en numerosas contradicciones y mentiras. 

En su declaración, Francisco aseguró a los agentes que había mantenido siempre una buena relación con su hermano fallecido, aunque reconoció que pocos meses antes le había pedido dinero y su hermano se había negado a dárselo. 

Pero la pista que permitió estrechar el cerco sobre Francisco la acabó dando otro hermano. Siete meses después del asesinato del comandante, el tercer Pascual viajó a Béjar para pasar unos días con su
hermano Francisco. Este hombre le dijo que se sentía inseguro desde el asesinato de su hermano, y le entregó unas llaves de su casa de Alcobendas, indicándole que, si le pasaba algo, guardaba varios miles de euros en dos escondites de su domicilio. 

A los dos hermanos Pascual se les hizo de noche bebiendo y hablando, y el tercer hermano decidió volverse a Madrid, pese a la hora.

Un accidente de tráfico y una fuga

En el viaje de vuelta a Madrid, el hombre comenzó a sentirse mal y a notar que se estaba quedando dormido, hasta que sufrió un accidente de tráfico. Permaneció varios días ingresado y, al volver a casa, el dinero ya no estaba. La víctima acudió a la Guardia Civil afirmando que su hermano había intentado matarle drogándole para que tuviera un accidente.

A los agentes les costó entenderlo todo, ya que Francisco Pascual tenía cáncer de próstata bastante avanzado y no parecía ser capaz de realizar un crimen tan elaborado. La Guardia Civil volvió a buscarle a Béjar para interrogarle de nuevo.

Para entonces, Francisco ya se había fugado. Sin embargo, los agentes pudieron seguir sus pasos hasta un camping de la localidad almeriense de Níjar, situada junto al Parque Natural del Cabo de Gata. Francisco se había teñido el pelo para tratar de despistar a los investigadores y se había instalado en un bungaló. 

Durante el registro de su casa de Béjar, los agentes encontraron varios objetos de valor pertenecientes a su hermano el comandante, así como el martillo con el que el acusado pudo presuntamente golpearle hasta la muerte. Un perro experto del Instituto Armado marcó el martillo y la ropa usada por el anciano para cometer el crimen.

¿Y el móvil? Bueno, Francisco Pascual tenía una afición desmedida por las quinielas. Era capaz de llegarse a gastar en una semana hasta 2.000 euros apostando al reducido. Su alto tren de vida le acabó convirtiendo en un criminal.

La historia fue relatada en el exitoso segmento Territorio Negro, en el programa Julia en la Onda de Onda Cero, por el escritor Luis Rendueles y el periodista Manuel Marlasca.

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