Triticum durum o Triticum turgidum, o lo que es lo mismo trigo candeal es una variedad de trigo duro de alta calidad que incluso dio pie a uno de los panes más tradicionales de Salamanca, el candeal. Ese pan de miga densa y corteza dura que aguantaba varios días en perfecto estado y que, al absolverse de forma más lenta, da mayor saciedad y tiene un índice glucémico más bajo que otros panes.

Un cultivo que dio fama al granero de España durante siglos pero que se ha dejado de sembrar y ha sido sustituido en muchos casos por variedades que dan mayor producción, pero también una harina de peor calidad.
Un tipo de trigo que tiene distintas variedades de semillas que se han podido ver este sábado en Salamaq de la mano de Javier Sánchez, investigador y responsable del Banco de Germoplasma de la Universidad de Salamanca.
Allí ha mostrado diferentes “trigos candeales, tanto los harineros como los trigos de pasta que estamos intentando recuperar procedentes de las distintas regiones de España” para “intentar llamar la atención de los agricultores buscando poder recuperar todos estos trigos que estarán perdidos en los desvanes en muchos casos”, asegura.
Una riqueza de variedades que “es un legado genético e histórico increíble” para el investigador que destaca variedades de Salamanca como el trigo Rubión de Villares de la Reina cuyas semillas, por cierto, se guardan en el Banco Mundial de Semillas de Svalbard, en la Bóveda del Fin del Mundo.

Trigos que ofrece una harina de alta calidad, con propiedades nutricionales cuyo consumo se ha visto reducido en las últimas décadas. “Es verdad que se come menos pan, pero la gente si valora de nuevo la calidad del pan y con esa perspectiva quizá es interesante y rentable volver a sembrar este tipo de variedades que en su momento se abandonaron por otra más rentables”. Es “copiar” lo que han hecho con las hortalizas. “Se han vuelto a sembrar variedades tradicionales de tomates y hortalizas y la gente que busca calidad paga el precio, esperemos que en el caso de los trigos ocurra igual. Por eso hago un llamamiento a ver si somos capaces de recuperar no solo el Rubión de Villares, sino las variedades de cualquier zona de Salamanca.



