La segunda corrida de abono de la Feria Virgen de la Vega ha sido un festejo con varios alicientes aglomerados en un mismo cartel.
El 12 de septiembre pasará a la historia de las páginas de La Glorieta por dos debuts en una misma tarde: por un lado, el torero David de Miranda se presentó ante la afición de Salamanca. Y, por el otro, los actuales propietarios de Domingo Hernández lidiaban por primera vez un encierro completo en su tierra.
La terna de hoy es uno de los carteles más atractivos que puede haber actualmente en una feria y que rompe la monotonía de esos carteles de copia y pega.
Los tres toreros, de diferente edad y años en la profesión, tienen en común la lucha por mantenerse a flote en esta profesión y la valentía por superarse y ganarse el lugar que hoy disfrutan.
El abreplaza, el más veterano de la terna, Diego Urdiales, ha sido el primero en romper el hielo. 'Abrelatas', el primer toro de la tarde fue devuelto a corrales a los dos minutos se pisar la arena. Salió con una mano tocada y acto seguido comenzó a descoordinarse en el capote de El Víctor que fue el subalterno que lo recibió de capa.

Se corrió turno y en su lugar salió el cuarto de la tarde, colorado, de nombre 'Pasajero', más fino de cara y cuerpo y corretón de salida. Se emplazó en los medios y costó sacarlo de ahí, hasta que de nuevo El Víctor lo recondujo hasta Urdiales, que inició la brega bajo el 7, sin posibilidad de lucirse más allá de cuatro verónicas bien dadas de camino hacia los medios.

Manuel Quinta dejó buen puyazo antes del tercio de banderillas en el que colocó buen par, con oficio, El Pirri. Urdiales estuvo a punto de arrebatarle un trofeo al de Domingo gracias a su tesón, aunque el público no se animó en la petición, que sí reconoció con una ovación. El diestro manejó bien las distancias, los terrenos, pero sobre todos los tiempos. Todo lo hizo a favor de 'Pasajero' que no fue un toro fácil: en el embroque era incómodo, punteaba, pese a que por momentos colocó muy bien la cara, aunque le faltó la clase necesaria para terminar de embestir con calidad y transparencia.
El riojano, que lleva más de 34 años en la profesión, es un torero clásico, puro, que expresa mucha verdad delante del toro, como hoy se ha podido apreciar en Salamanca a pesar, incluso, de toparse con el lote peor y no ver trofeo.
Urdiales es un torero que, por desgracia, no tiene cabida en algunas de las ferias más importantes, aunque ahora mismo verle torear es una delicia; se encuentra en esa fase en la que él mismo reconoce que no le queda nada por hacer y que vive en paz. Por eso ir a ver a Urdiales ahora es ir a disfrutar del toreo.
El primer sobrero, el de más cara del conjunto, traía tras de sí un fondo oscuro. Le pudo mucho Urdiales en la tanda de contacto, genuflexo, muy poderoso. Algo que no le gustó al de Domingo que a cambio le ofreció embestidas que, sobre todo, por el pitón derecho parecía que lanzaba hachas. Sabio Urdiales no se entretuvo y le dio una pronta muerte. Silencio.

Emilio de Justo, que se ha ganado a pulso estar hoy con las mejores ganaderías y entre los mejores, llegó a Salamanca enrachado. Ayer en Valladolid cortó tres orejas y hoy en La Glorieta una, que pudieron ser dos de no ser por la espada.
De Justo venía ilusionado a Salamanca después de alzarse triunfador hace un año con el indulto de 'Buenasuerte', una faena de hace 363 días que le otorgó el máximo trofeo de la feria: alzarse con “la mejor faena”, donde la “buena suerte” fue verle a él con Garcigrande.
'Cristalino', su primer toro, fue bueno por los dos pitones, más claro que el cuarto, primero de Urdiales, al correrse turno, pero también tuvo defectos que el extremeño le tapó. La faena no fue la de hace un año, desde luego. El matador se centró prácticamente en el pitón derecho, donde escribió los mejores pasajes con embestidas extraordinarias. La zurda apenas se tocó, por una decisión que desde los tendidos no llegó a comprenderse del todo, pero faltó acople por ese lado. Una estocada caída pero fulminante le concedió el primer trofeo de la tarde, en el que la presidencia fue abroncada porque el público quería las dos, pero la decisión, en esta ocasión, estuvo acertada. Una oreja.

Emilio sigue en racha y con buena suerte, eso es así. Con 'Fisgón' se pudo desquitar con el capote, dibujando verónicas muy personales, a las que le siguió un galleo por chicuelinas para dejar el toro en la suerte de varas que protagonizó con mucho acierto Juan Bernal. Destacó con los palos Abraham Neiro antes de que De Justo le agradeciera al público salmantino tanto cariño con el brindis.

Sus dos toros, aunque tuvieron más gracia que el resto de los hermanos, no fueron para nada fácil y tampoco buenos, buenos. De nuevo, supo sacar lo mejor a este 'Fisgón', quinto de la tarde, al que pinchó hasta en dos ocasiones, perdiendo lo que se anunciaba como otro trofeo. El animal no era claro, embestía a media altura, cabeceando por el izquierdo, pero luego humillaba y colocaba bien la cara por el derecho, aunque en los finales se puso brusco por ambos pitones. La espada lo privó de otro triunfo.
El más aclamado de la terna, David de Miranda, hacía el paseíllo con rostro sereno y repleto de felicidad. Caminaba desmonterado hacia la presidencia y rodeado de una afición que le ha demostrado mucho cariño en el encuentro que ha tenido esta mañana con niños, jóvenes y adultos, a los que ha atendido de forma personalizada a escasas horas de enfundarse el traje de luces para presentarse ante La Glorieta.

Aunque lo parezca porque ahora es la novedad, de hecho, hace un año Salamanca le concedió el trofeo al 'Torero Revelación' de la temporada, David de Miranda no es ni mucho menos un novato. Diez años han tenido que pasar para empezar a tener el reconocimiento del toreo, la afición y de todos aquellos que un día hicieron de menos sus importantes triunfos en Madrid y en Sevilla. Lo intentaron silenciar con el paso de la pandemia, pero el toreo no es mudo y por eso, el diestro de Huelva ahora reclama, de la mano del maestro Enrique Ponce, el sueño que lo mantiene vivo: ser una de las grandes figuras que ha dado la tauromaquia.
Su primer toro, 'Gracioso', no le hizo ninguna gracia al onubense, que aun así lo intentó todo. Fue manso perdido desde que salió de chiqueros, tanto que sin control en el ruedo se fue al caballo de puerta por dos veces y al final fue picado por Paco Félix allí y después por Carbonell que le dio un segundo puyazo largo en su turno. En banderillas, después de las Tafalleras, también fue horrible, recortaba y emprendía la huída a las tablas, en querencia a toriles. Movido por la superstición, la montera que cayó boca arriba fue dada la vuelta antes de coger la pañosa con la que tuvo que lidiar, pero bien, David ante el mansurrón de Domingo.
La obra fue una pelea constante entre toro y torero. Miranda intentó retenerlo por todos los medios, pero al final se tuvo que ir al terreno de chiqueros para sacar lo poquito que tenía y lo poquito que el toro quería, porque embestía cabeceando y con la mira puesta en la huída. La condición de manso fue hasta la muerte en la misma puerta de arrastre tras una gran estocada. Palmas.

El sexto toro de la tarde, segundo de Miranda fue el más bello del encierro, de presencia. De comportamiento fue corretón de salida y enseguida marcaba, igual que el tercero, su querencia a toriles, acusando tal vez el desenjaule, aunque en esta ocasión hubo remedio. Miranda logró retener al animal, al que ordenó, exprimió y anunció cante grande. El torero de Trigeros consiguió hacer de este último de Domingo, el mejor del encierro reseñado para Salamanca.
David de Miranda apostó y ganó, pero sobre toreó en La Glorieta. Estuvo mandón en tiempos, en distancias y pisó terrenos comprometidos en los que siempre llevó él el control. Cerró su presentación en Salamanca por Manolete y vio trofeo: dos orejas.
En total, tres orejas ante el encierro desigual de comportamiento de Domingo Hernández, que acusó las querencias.
FICHA DEL FESTEJO
- Diego Urdiales: ovación y silencio.
- Emilio de Justo: oreja y ovación.
- David de Miranda: palmas y dos orejas.





