Pronunciar el nombre de Morante de la Puebla, siendo realmente de Morante de la Puebla, ha tenido siempre una categoría extraordinaria, pero es que ahora estar en el ‘team’ del genio está de moda.
En las últimas temporadas se ha convertido en un titán, definido por la RAE como “persona de excepcional fuerza”.
Después de lo que pasó hace casi un año en Las Ventas, aquel 12 de octubre que ya forma parte de la historia de la tauromaquia, todos sus seguidores, incluso los que antes no lo eran mucho, se agolpan en las entradas de las plazas y lo van incluso a buscar a los hoteles donde se aloja, porque Morante se ha postulado a ser un Dios del toreo y el público ha bendecido la candidatura.
Por eso, como pasa casi todas las tardes que torea, la llegada de Morante a La Glorieta se ha vivido como un acto litúrgico en el que se han colado dos jóvenes toreros de Salamanca, que también admiran a Morante y que hoy han puesto un pie en el coso charro por invitación de José Antonio, como parte de un cartel que también ha sido pura confección suya. Un regalo, y qué regalo, para que el aficionado salmantino disfrute de la rivalidad de estos dos recién llegados, que son unos guerreros.

Y si tuviéramos que definir la tarde de hoy en cuatro palabras, la frase sería: “Robarle tiempo al tiempo”. Título de una de las canciones más reconocidas de Café Quijano. Ese intento de detener el flujo constante de la vida, de capturar un instante para convertirlo en una revelación y el deseo profundo de detener el reloj para disfrutar más tiempo de aquellos que a amamos, se resume en estas cuatro palabras y, por ende, en lo vivido el día de la despedida de la Feria Virgen de la Vega 2026.
Mientras miles de personas tenían la mente puesta en el recital de la “loba”, Shakira, en su gira madrileña ‘Las mujeres ya no lloran’, otras once mil se reunían en La Glorieta, que se ha vuelto a quedar sin billetes, para venerar al genio del siglo XXI: José Antonio Morante de la Puebla.
Lo que hoy ha pasado en Salamanca es de esas cosas que es mejor vivir y que no vale que te lo cuenten. Fue un duelo de guerreros ante un maestro que juega en otra liga.
Ismael Martín fue el primero en poner en pie al público de La Glorieta en los primeros tercios del segundo toro. Tal y como advirtió ante este medio, estuvo variado con el capote: porta gayola, verónicas, una media de rodillas tras las chicuelinas y caleserinas.

Calentó motores con los palos, tres pares en total, destacando especialmente el segundo, un buen par que arrancó sentado en el estribo y un tercero marcha atrás en el que paró al animal de García Jiménez y levantó al respetable. La poca fuerza, con echada incluida, y la nula calidad del bravo, un inválido, hizo que no quedara más remedio que darle una pronta muerte.

Lo suyo son las banderillas, donde más se crece, donde más siente y donde más hace sentir. Regaló cuatro pares, tres de quitarse el sombrero y, por supuesto, de enhorabuena. Clavó por derecho, asomándose al balcón y al estilo de Vicente Ruiz 'El Soro', girando sobre sí mismo. Volvió a porta gayola y brindó al que fue matador de toros, banderillero y también profesor de la Escuela Taurina, Flores Blázquez, una obra de premio que perdió por el fallo con los aceros.
Antes de iniciar la faena de muleta le cantó el mismo aficionado que a Morante a golpe de inspiración. Las bernardinas de cierre fueron de “pelotas”. Recogió una fuerte ovación en reconocimiento a una tarde donde dio lo mejor.

Estiró de más Julio Norte la faena de su presentación en Salamanca, que fue “marca de la casa”: puro valor, recordando a los inicio del Rey, ‘Roca,’ o Perera. Se topó con un buen toro de García Jiménez, 'Almendrigo’, que por el pitón derecho ligado fue de escándalo; una segunda tanda que levantó a algunos aficionados.
Por la zurda tuvo sus teclas y bajó la intensidad de una obra que Norte se encargó de levantar adentrándose en los terrenos de cercanías, su sitio de confort. No remató bien una obra en la que se palpó el fuego en el inicio de rodillas de un verdadero guerrero y perdió trofeo que quedó en ovación.

Con el capote estuvo toda la tarde variado: ramillete de verónicas, con tafalleras, una larga de rodillas y saltilleras en el primero y de nuevo en el sexto por saltilleras y Chicuelo muy sereno y con la cabeza fría, sin perder el control.
El otro mejor toro, el que brindí al genio, y el de más calidad del encierro, ‘Boticario’ de la Casa Matilla, también le tocó a Norte, que se fue con buena nota en el debut ante sus paisanos. Se vio mucho oficio pese a tener solo un mes de alternativa, pero faltó el cuajo, que llega con los años y que muy seguro en este torero llegará más pronto que tarde. En este sexto, de nuevo, la obra fue inmensa de larga y hasta aburrida. Por momentos faltó la estructuración y el toreo; lo mejor, sin duda, fue el muletazo de trazo largo y sobre todo el duelo sano entre la juventud paisana. Oreja.

A Morante nos quedamos todos con ganas de verlo en su explosión más severa, pero lo que hizo fue suficiente para decir que tuvimos suerte. Firmó dos faenas cortas porque tampoco tuvo lo mejor delante, ante un primero de la Casa Matilla simplón, que no humilló y que tuvo mejor inicios que finales. Fue ovacionado.
Lo mejor vino en el cuarto con ‘Esaborío’ que fue justo eso, faltó de sabor, falto de más, pero suficiente para que el genio dibujara los naturales más caros de la tarde y de la feria: naturales de oro, con los que estuvo a gusto y toreó relajado, muy desmayado. Vio un meritorio premio y el estreno de los trofeos: una oreja que paseó en un vuelta con temple, como es él, y donde fue coreado al grito de “José Antonio Morante de La Puebla” por el palco infantil.

Un aficionado cantó a Morante e Ismael y un pequeño toreó antes de que La Glorieta volviera a cerrar el portón para digerir en soledad todos los acontecimiento de una feria más.
FICHA DEL FESTEJO
- Morante de la Puebla: Ovación y oreja.
- Ismael Martín: Ovación y ovación.
- Julio Norte: Ovación y oreja.




